Es innegable que día a día crece el interés de personas por mejorar su escritura y su expresión oral, lo cual es satisfactorio, pues es la confirmación de que el esfuerzo de quienes se esmeran por orientar en ese aspecto no ha sido en vano. Pero innegable también es que, pese a ese creciente y notorio interés, hay situaciones sobre las que es imprescindible hablar cuantas veces sea posible, para que las dudas puedan disiparse y, por ende, muchos vicios puedan ser desarraigados.
A diario en las redes sociales aparecen contenidos que por lo general son de gran utilidad; mas hay otros que, si no se los revisa con la debida atención, el resultado pudiera ser dañino. Unos están concebidos bajo un criterio excesivamente purista; mientras que otros simplemente son apreciaciones caprichosas y por lo general equivocadas, y que lejos de aclarar, oscurecen, propio de las personas que les gusta hablar de lo que no saben.
He tenido la satisfacción de leer excelentes aportes con explicaciones que me han servido para aclarar muchas dudas, pues aunque manejo con relativa facilidad el aspecto gramatical y lingüístico, no soy ni me creo un erudito en esta materia. Soy simplemente un aficionado del buen decir, que forma parte del grupo de los que están seguros de que nunca se termina de aprender.
La gama de situaciones viciadas es variada y no tan complicada, como a algunos les parece; lo curioso es que las más frecuentes son las fáciles de resolver: falta tilde, colocación en donde no debe ir; omisión y mal uso de signos de interrogación y exclamación; palabras con significado diferente del que registran los diccionarios, mayúsculas y minúsculas mal utilizadas y uso inadecuado u omisión de la coma, que es quizás el que más aparece y el que más dolores de cabeza causa (a los que leen).
En redes sociales y en textos de WhatsApp hay escritos que solo por adivinación podrán ser entendidos. Lo malo, cuestionable y lamentable de eso, es que sus autores son profesionales, entre los que «sobresalen» licenciados en Comunicación Social y educadores, que lamentablemente no han podido entender que por su rol ante la sociedad, tienen la obligación moral y aun legal de ser ejemplos del buen decir.
En cuanto a la tilde, que es un tema del que he hablado en muchas ocasiones en este espacio y en otros ámbitos, voy a referirme a un vicio que guarda relación con las palabras graves, que aparece muy seguido en textos elaborados por aquellos que se hacen llamar influencers, y en mensajes de WhatsApp. Aclaro que no tengo nada en contra de ellos; pero la mejor manera de influir en algo o en alguien de forma positiva, es hacer las cosas bien, entre esas escribir medianamente aceptable, por ejemplo.
Hay personas que a lo mejor tienen una pequeña noción de las palabras por la índole de la entonación, especialmente de las graves (llanas), y frecuentemente incurren en despropósitos. A toda palabra terminada en «n» le colocan tilde. Por eso escriben «aplaudirón», buscarón, cantarón», «Nelsón», «vierón», «vinierón» y otros términos parecidos. No es exageración de mi parte ni menos aun un ejemplo arbitrario; es un vicio que día a día aparece y tiende a arraigarse, ante lo cual es necesario decir algo, para que los interesados en el tema, y que escriben con frecuencia, puedan deshacerse de él.
Ante eso es preciso señalar que las palabras graves son aquellas que tienen la mayor fuerza de voz (acento) en la penúltima silaba. Se les coloca la tilde (signo gráfico) cuando no terminan en consonante «n», «s» o vocal: árbol, lápiz, Gómez, López, azúcar, fácil, difícil, cáliz; carro, carta, baile, base, dedo, diente, estado, estadio, etc. Estos ejemplos muestran las dos modalidades (con tilde o sin ella).
Les recalco que la confusión en el uso de este tipo de palabra está en los dos tipos que existen, tal como aparecen en el párrafo anterior. Además, a muchos se les hace difícil identificar la sílaba tónica, es decir, en la que recae la mayor fuerza voz.
Adicional a ello se les presenta la dificultad de poder distinguir entre acento y tilde que, aunque parezcan sinónimos, hay una sutil diferencia que es conveniente poder identificarla para evitar despropósitos o errores, como prefieran llamarlos.
El acento es el tono con que se destaca una sílaba, y tilde el signo que, de acuerdo con las reglas, se coloca o se omite. Desde ese punto de vista, toda palabra, con excepción de los monosílabos, tiene acento. ¡Ah, que no se le señale con el signo gráfico, eso es otra cosa, que está explicada en los párrafos anteriores!


