El verbo se hizo carne, y el lado humano del actor

Parodiando al Nuevo Testamento, podría decirse que un determinado día, ante unos determinados actores y actrices ayunos de saberes y en busca de enseñanzas, un genio de la oratoria pronunció una clase magistral de cuatro horas ininterrumpidas de duración sin despeinarse, a capella, acompañado únicamente de su verbo, saber hacer, contar, decir las cosas deleitando. Podría decir que el rhema griego, el verbo en forma de palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros

El sujeto responsable de tal oratoria responde al nombre de Manuel Jurado y es, entre otras cosas varias, actor, profesor universitario de oratoria, neurocomunicólogo y economista. La clase magistral tuvo lugar en el centro Actúa, de AISGE (Actores, Intérpretes, Sociedad de Gestión) de Madrid, donde disertó sobre la importancia de hablar en público, ya que “es nuestra tarjeta de visita, la manera más eficaz de conectar emocional y mentalmente con las personas”.

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Aisge: foto colectiva de los asistentes al curso de oratoria

Este actor y profesor imparte desde hace años conferencias y cursos de oratoria en diferentes instituciones, tanto públicas como privadas. Su especialidad es la telegenia y la llamada Media training, por lo que ofrece cursos para políticos y portavoces de distintos partidos políticos porque, en su opinión, “algunos lo hacen bastante mal”. Solamente tenemos que ver a algunos ejemplares en televisión, incapaces de pronunciar tres palabras sin mirar a los apuntes, o pertrechados tras un bolígrafo en ristre.

Durante sus cuatro horas de clase magistral habló el docto en la palabra de muchas cosas, a cual más interesante: “Hace cien mil años habitábamos el planeta seis especies. Nosotros somos una especie de hombres sabios porque sabemos que sabemos. Dentro de dos, tres siglos desapareceremos porque vendrán los homos roboticus y nos superarán”.

El gran avance del ser humano ha sido el lenguaje. Hace 40 000 años éramos cuadrúpedos, somos homínidos que pasamos a bípedos con las patas delanteras, que hoy son las manos, con las que hacemos cosas. ¿Por qué hablamos los seres humanos?, se preguntó en un momento determinado. “Porque necesitamos comunicarnos, las palabras son las que crean los pensamientos, y los pensamientos crean las acciones. Según el filósofo y emperador romano Marco Aurelio, “Nuestra vida es la otra de nuestro pensamiento”.

Pero aunque estamos en la era de la comunicación, y aunque parezca increíble, el ser humano está hoy en día más incomunicado que nunca. Porque comunicar es pasión, coraje, creación; comunicar es poner en común, por lo que hay que comunicar bien, hablar bien. Pero hoy difícilmente se comunica, se habla, y menos bien. Difícilmente se encuentra a una persona que domine la oratoria, es decir, el arte de hablar con elocuencia, que es el arte de hablar y escribir para deleitar. Ya decía Aristóteles que “Saber expresar una idea es tan importante como la misma idea”.

Hay que hacer un uso impecable de las palabras, porque cuando se pronuncia una palabra ya no es tuya, es de quien la recibe. Y cuando hablamos verbalizamos nuestros sentimientos. Con respecto al hecho de hablar y sus consecuencias, pronunció una frase que algunos oímos por primera vez en nuestra vida: “Las mujeres viven más porque hablan más, verbalizan más”. Hasta en eso van por delante de los hombres…

“La improvisación no existe –dijo Jurado a los actores y actrices asistentes a su clase magistral de oratoria. Hay que estar preparado para contestar lo que a ti te interesa. El mejor secreto de la profesión es olvidarse de todo y trabajar, trabajar. Hacer ejercicios de vocalización, estudiar. El secreto de la oratoria consiste en contar historias con empatía, y empatos es sentir lo que otros sienten”.

A los actores asistentes el actor, y profesor dio una serie de consejos para desarrollar la profesión con profesionalidad y honestidad: “El ejercicio de gratitud es lo que más agradece la gente. Los actores tienen que estar pendientes del público, no de uno mismo. La presencia es la capacidad para llenar un auditorio con uno mismo. Tenemos que despistar al enemigo, que es la mente, porque el miedo no existe, lo creamos nosotros. Con la mirada lo damos todo: amor, odio, ira, simpatía. Hay que mirar a los ojos a la gente, porque es el contacto visual con el público. En la vista y en las manos tenemos nuestra energía. Tenemos que intentar aguantar la  mirada, y hay que hablar con el corazón. Las cualidades que debe tener un actor son humildad, credibilidad, naturalidad, congruencia y carácter. La congruencia vence, convence”.

Después de tres horas largas de oratoria, que dieron para 14 folios de apuntes, el docto profesor del verbo o la palabra propuso un ejercicio a los actores, una representación en vivo y en directo ante sus compañeros en la que explicasen qué era lo que mejor le había pasado en la vida, aquella persona, aquella historia que más les había impresionado. De esta forma pudimos conocer la parte humana del actor, su verdadera historia, más allá de las muchas que tiene que interpretar ciñéndose a un guión.

Como la del actor italiano afincado en España que según comentó empezó a aprender la profesión de actor siendo niño, cuando iba del brazo de su madre a los mercados y veía cómo la mamma regateaba en los puestos para intentar conseguir las cosas un poco más baratas. Esa fue su escuela, la huella de la vida que le ha valido además de para interpretar hoy en día, vivir de la profesión, para regatear también en España, intentando conseguir de esta forma algunas cosas más baratas. La sabia de una madre dejando huella…

O esa actriz que comentó ante el resto de colegas que la persona a la que más admira es a su madre, porque de bien nacidos es ser agradecidos, y como la ha traído al mundo, por lo que quiere agradecérselo. En su opinión,  la vida consiste en hacer feliz a los demás. Y por supuesto a su madre, “Una madre que, con 82 años, cada día es más guapa, por eso voy por la vida presumiendo de madre. ¡Viva la madre que me parió!”.

La palabra gratitud también salió a la palestra en las historias contadas sin cartón ni trampa, ya que se trataba de interpretar el papel, la historia de la propia vida. Cuenta la historia una actriz al borde de las lágrimas. Hoy está viva de puro milagro, y siente mucha alegría de poder vivir para contarlo. “Hace dos años me operaron en una intervención delicada que duró seis o siete horas. Al salir del quirófano y llevarme a la habitación me dio un paro cardíaco, pero por suerte la persona que había conmigo en la habitación avisó inmediatamente y me salvó la vida. Ahora me doy cuenta de todo, porque parece que he vuelto a nacer, a la vida, e incluso hay gente que tiene miedo, porque piensa que soy adivina”…   

Con lágrimas a punto de aflorar, un veterano actor dedicaría su gratitud no a directores de relumbrón ni a guionistas exquisitos, sino a una persona totalmente desconocida, ajena al género, pero que resultaría muy importante en sus comienzos. Tanto, que gracias a ella conseguía cenar en una profesión, la de actor, en la que no es oro todo lo que reluce. “Recuerdo mis comienzos de meritorio –se sinceró ante sus colegas de profesión-, y quiero manifestar que una de las personas más importantes en mi vida fue la mujer del maquinista del teatro donde trabajaba. Ella me traía un bocadillo para después de la segunda función, con el que conseguía cenar. No solo yo, sino que también lo han reconocido otros actores, como José Sacristán. Eran tan buenos ella y su marido que esperaban a que acabara la segunda función y me llevaban en su coche a mi casa, porque vivíamos en el barrio de Moratalaz. Ellos siempre estarán en mis recuerdos en esta profesión que considero la más maravilla del mundo…”.   

Son historias sin guiones previos, escritas con el corazón, interpretadas con el alma. Fueron, y siguen siendo, la parte humana de actores, actrices, esa rara gente de la farándula que sigue, hoy como ayer, con su carromato de ilusiones en el viaje a alguna parte.

Conrado Granado
@conradogranado. Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. He trabajado en la Secretaría de Comunicación e Imagen de UGT-Confederal. He colaborado en diversos medios de comunicación, como El País Semanal, Tiempo, Unión, Interviú, Sal y Pimienta, Madriz, Hoy, Diario 16 y otros. Tengo escritos hasta la fecha seis libros: «Memorias de un internado», «Todo sobre el tabaco: de Cristóbal Colón a Terenci Moix», «Lenguaje y comunicación», «Y los españoles emigraron», «Carne de casting: la vida de los otros actores», y «Memoria Histórica. Para que no se olvide». Soy actor. Pertenezco a la Unión de Actores y Actrices de Madrid, así como a AISGE (Actores, Intérpretes, Sociedad de Gestión).

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