Estreno en Francia de Jeune & jolie de Francois Ozón

Revelación de la joven actriz Marine Vacth

jeune-et-jolieCon practicamente una película por año, desde sus comienzos en 1997 con su excelente “Gotas de agua sobre piedras ardientes”, Francois Ozón se ha afirmado como uno de los autores franceses mas prolíficos e interesantes de su generación. Entre sus películas más conocidas: “Ocho mujeres”, “Bajo la arena”, o “Dans la maison”. “Joven y bonita” es ahora su décimosexta película de ficción.

Tras el éxito de “En la casa” Concha de oro en el Festival de San Sebastián 2012, protagonizada por el joven Ernst Umhauer, François Ozón vuelve a explorar el universo de la adolescencia, pero en esta ocasión su personaje principal es una jovencita y la ficción se apoya en una solida documentación sobre el tema de la prostitución en círculos estudiantiles y con una secuencia casi documental en el liceo Henry IV de Paris, en donde los estudiantes recitan versos de Rimbaud y discuten de las orientaciones sexuales de unos y otros.

Ozón no busca sin embargo hacer un retrato sociológico de los adolescentes, sino abordar el tema de la adolescencia desde un ángulo emocional, con un fluido relato que nos lleva de la comedia a la tensión dramática. La gran revelación de su película es la joven actriz Marina Vacth, quien viene del mundo de la moda, donde ha trabajado como modelo. François Ozon ha encontrado en su perfecta fotogenia la intérprete ideal para ese papel de adolescente joven y bonita, de “buena familia”, que un día en la playa descubre su cuerpo y sus pulsiones, a partir de su frustación en una primera relación sexual.

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Para Marine Vacth, se trata de su primer papel protagónico en el cine, y muchos son en Francia los que la comparan ya con Isabelle Adjani, quien también empezó muy joven su brillante carrera. Marine Vacth con su aspecto ingenuo y sensual se mete en la piel de esa jovencita que descubre la sexualidad y se deja tentar por la prostitución, convirtiendose en una “belle de jour” adolescente, de perturbadora sensualidad y atractiva belleza.

El tiempo dirá si Marine Vacth tiene o no madera de actriz, o si este papel es tan sólo un momento fugaz de su vida, cuyo mérito cabe atribuir sobretodo al ojo cinéfilo y a la avispada mirada de su director François Ozon. En todo caso en el reparto la joven actriz se lleva un sobresaliente por su espontánea naturalidad y está muy bien arropada por actores veteranos como Geraldine Pailhas y Frederic Pierrot. Sin olvidar tampoco la participación en las últimas escenas de la veterana Charlotte Rampling.

Ozón borda una vez mas un excelente guión en su brillante filmografía. En esta ocasión en torno a cuatro canciones de Françoise Hardy y durante cuatro estaciones, primavera, verano, otoño e invierno, un año escolar en la vida de una jovencita de 17 años. Es la tercera vez en su filmografía que utiliza canciones de Francois Hardy, como expresión del amor adolescente y romántico. En cada estación asistimos al relato desde el punto de vista de uno de sus personajes. El verano con el hermano pequeño, el otoño con uno de los clientes, el invierno con la madre y la primavera con el padrastro, pero todo ello en torno al personaje dual de Isabelle-Lea.

La película empieza con una escena en la que el hermano pequeño observa con prismáticos a su hermana, mientras ella se broncea en la playa con los pechos desnudos. La fascinación de Ozón cineasta por el «voyeur» se resume aquí en una secuencia que sirve para introducir al espectador en esta historia con múltiples sorpresas. El misterio rodea las verdaderas motivaciones de Isabelle para transformarse en Lea, el nombre de prostituta que utiliza en Internet.

Esa joven en contacto con Internet y sus múltiples y peligrosas ofertas, en plena crisis de adolescencia, con un padre ausente y una primera relación sexual poco satisfactoria, se ve tentada y atraida por la prostitución eventual. Ozón construye así un convincente personaje de adolescente mujer fatal, misteriosa y sensual, con una doble vida que esconde cuidadosamente a su familia, hasta que un día estalla el drama.

El paso de la adolescencia a la edad adulta, y la inciciación a la sexualidad de esa joven de clase media, estudiante en el liceo Henry IV de París, es abordado por François Ozon desde un ángulo muy original y transgresor. La transgresión le ha valido las furias de los movimientos feministas que le reprochan banalizar el tema de la prostitución. Una declaración mal interpretada del director “la prostitución es un fantasma común a muchas mujeres…” ha sido suficiente para provocar la polémica.

Para Ozón sin embargo, la prostitución de una joven estudiante, es tan solo el pretexto para evocar el verdadero tema del film: el paso de la adolescencia a la edad adulta, la busqueda de la identidad sexual, y la ruptura de la adolescente con su medio familiar que no ve venir en ningún momento lo que va a suceder. En este sentido a pesar del caracter transgresor de su tratamiento, su película es “moralmente correcta” pues avisa a los padres de los riesgos de ese periodo de la vida en que, salidos ya de la infancia, los hijos escapan a su control.

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