Gracias a mi amigo el historiador José Antonio Pérez Pérez sigo aprendiendo mucho, por ejemplo, que antes de que los historiadores posmodernistas acaben por convencernos de que hay que deconstruir la realidad (el pasado, la historia), en el caso de algunos pasados, del de Euskadi, sin ir más lejos, es IMPRESCINDIBLE CONSTRUIR su Historia. Y en ello están él y otros valiosos profesionales como Gaizka Fernández Soldevilla o Raúl López Romo. También he aprendido que hay ocasiones en las que el pasado ni siquiera es pasado, y sé muy bien que conviene que, cuanto antes y PARA SIEMPRE, ese pasado sea sólo eso, PASADO. Aunque no exista.

Euskadi

Fusi-Euskadi-1960-2011

Es muy de agradecer que Biblioteca Nueva publique los libros que publica sobre la llamada Historia del presente. Libros necesarios, como Euskadi, 1960-2011 (dictadura, transición y democracia), una obra coordinada por José Antonio Pérez Pérez y Juan Pablo Fusi que viene a socorrer a la sociedad civil española ante la situación creada por su victoria ante el terrorismo etarra y la nueva insurgencia (la expresión es mía) de los inventores del pasado que con su imaginación delincuente pretenden hacernos creer que la violencia nacionalista vasca fue lo que nunca fue.

Junto a Pérez y Fusi, escriben y aportan su alto grado de conocimiento del reciente pasado presente euskaldún (y español) Luis Castells, Javier Ugarte, Felipe Juaristi, Fernando Molina, Ángel Pascual, Ángel García-Sanz, Félix Luengo, Antonio Rivera, Santiago de Pablo y Jesús Casquete.

Hoy parece que el País Vasco disfruta por fin de libertad, ojo, de libertad, no de paz, porque la paz es lo contrario de la guerra, y en ese territorio no hubo una guerra, no hubo un conflicto. Las palabras sí importan. Lo que hubo fue el secuestro de una sociedad a cargo de unos terroristas amparados por algunos que, como ellos, se dedicaron a aplicar su dislocada visión del pasado sobre el presente y el futuro de sus conciudadanos, a muchos de los cuales redujeron a un estado de persecución por medio de la extorsión y la violencia.

Sobre el pasado reciente, sobre el presente y sobre el futuro inmediato sobrevuela la figura acongojante de ETA, la asociación de malhechores cuya historia es la historia de un fracaso trágico, en palabras de Pérez Pérez. Se necesita un relato histórico, por supuesto. Siempre se necesita un relato histórico. Pero un relato histórico no es una invención histórica, una reconstrucción amable o traumática del pasado basada en el deseo imaginario que sirva para plasmar en la realidad ese mismo deseo ajeno a la misma. Y no es admisible el interesado relato histórico, falso, mentiroso, en el cual al haber sido todos víctimas no existen los culpables. Los causantes, mejor dicho. Porque la culpabilidad es un asunto de la justicia, del Derecho, y la causalidad es uno de los materiales fundamentales de la Historia.

Sabemos por José Ortega y Gasset (casi nadie al aparato) que la política no aspira a comprender la realidad, pero la Historia sí. Aunque desde la desideologización, matizo y añado yo como añade y matiza Pérez Pérez. Porque la Historia se enfrenta a la vez tanto a la “literatura partisana” como a la memoria pretendidamente integradora, autocomplaciente.

Euskadi, 1960-2011 “está dedicado a la memoria de José María Recalde y María Teresa Castells, referentes éticos e intelectuales en la defensa de los valores democráticos en el País Vasco”. Léanlo. Por su bien.

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