Fotografía: premio al compromiso y la estética de Isabel Muñoz

El Ministerio de Cultura de España acaba de galardonar con el Premio Nacional de Fotografía (y ya era hora) a Isabel Muñoz. El jurado destaca en el fallo, además de su trayectoria profesional, la combinación entre el compromiso social y la belleza de sus fotografías, que ahondan en temas como el cuerpo, el rito o la diversidad cultural.

Isabel Muñoz

En Barcelona, la ciudad en la que nació en 1951, Isabel Muñoz se aficionó a la fotografía cuando a los 13 años compró su primera Instamatic. Cuando a los 20 se trasladó a Madrid aún no pensaba dedicarse a la fotografía profesional. Se decidió en 1979 después de estudiar en la escuela Photocentro de Madrid, y más tarde, en 1982, ampliar su formación en Nueva York.

Como complemento a la búsqueda de la belleza, Isabel Muñoz muestra también en su obra los estragos del dolor a través de su faceta de fotoperiodista, con imágenes con las que denuncia la situación de las víctimas de las minas antipersona en Camboya, la devastación de la ciudad iraní de Bam por un terremoto, las niñas prostitutas de Vietnam y Laos, los esclavos de los telares de Battambang o las condiciones de vida de los presos de las maras en las cárceles de El Salvador. Su primera exposición, Toques, se organizó en el Instituto Francés de Madrid en 1986. Desde entonces sus fotografías se han colgado en las principales ciudades de España y también en París, Nueva York, Ginebra, Tesalónica, Estambul, Mónaco, Verona, Beirut…

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(C) Isabel Muñoz. Serie ‘Danza cubana’, 1995

Cuerpos en movimiento

Tal vez porque sea el género que más ha cultivado, la obra de Isabel Muñoz se identifica sobre todo con el baile. Sus instantáneas han recogido cuerpos que se mueven al son de la música: tango, flamenco, danzas orientales de Turquía, Tailandia y Egipto, la capoeira de los primitivos esclavos brasileños, la danza de Camboya (con más de 4500 movimientos que expresan ideas y emociones diferentes)… «Es como si el baile fuera un continuo, las raíces de un movimiento constante que nos domina», ha dicho Isabel Muñoz.

La mayor parte de estas fotografías captan solo los cuerpos, casi nunca los rostros. Isabel lo hace así para guardar el misterio, para dejar espacio a la imaginación. El espectador tiene que suponer las expresiones de los danzantes viendo la postura de sus cuerpos. En este juego hay algo de psicológico. En una entrevista contó que de niña dormía en una habitación en casa de sus padres en la que al otro lado de la pared había una sala de cine. Ella escuchaba los diálogos de las películas y tenía que imaginar las caras de los actores que pronunciaban las frases.

Puede que esta sensación haya querido trasladarla a sus fotografías, en las que hay que intuir un rostro a partir de un talle femenino, de una espalda, de una rodilla en la entrepierna durante un baile, de una mano en el muslo o en el glúteo, una caricia, un lance… Lo mismo que en su serie de los luchadores turcos, cuyos cuerpos impregnados de aceite reflejan el esfuerzo de un rostro que hay que adivinar. En su Tauromaquia, detalles insólitos de un traje de luces, fragmentos de toros y de toreros. A veces solo un detalle de ese cuerpo, como las manos. Manos que hablan, que caracolean, manos desnudas y manos engalanadas, manos que transmiten ternura, manos que acarician, manos que golpean.

S.t., Serie Amor y Éxtasis, 2008 ©Isabel Muñoz

Cuando en sus fotografías decide mostrar los rostros estos transmiten algo más que sus rasgos físicos. A través de primeros planos intenta captar el espíritu de las personas que retrata: anhelos, logros, frustraciones, desengaños. Y en los planos generales el protagonista es todo el cuerpo. A eso le ayuda la utilización del blanco y negro (el color es una excepción, como en la serie dedicada a los derviches), un blanco y negro con grandes matices, donde los grises apenas tienen presencia, con fuertes contrastes conseguidos con la utilización de una mezcla de luz natural y luz artificial.

Una de las exposiciones que causó mayor impacto en la edición de PHotoEspaña 2010 fue la titulada El amor y el éxtasis, una serie de 47 fotografías en color, de gran formato, que recrea el mundo de los derviches, los danzantes que al son de una música espiritual pierden el sentido del tiempo y de la realidad empujados por la fuerza de la música, sometidos al movimiento incesante de girar sobre sí mismos hasta alcanzar un trance de delirio místico, con una de sus manos dirigida hacia el cielo, para recibir la gracia de Alá, y la otra hacia la tierra para difundir esa gracia entre los mortales. Isabel Muñoz ha fotografiado el espectáculo de la danza (nadie como ella sabe hacerlo) pero también los actos de preparación y los ceremoniales del martirio, que se llevan a cabo lejos de la mirada del público: las autoflagelaciones para alcanzar el estado de trance (arañando sus cuerpos, masticando cuchillas, clavándose puñales y estiletes en ojos, cabezas, pechos). Derviches de Siria, de Irán, de Irak, de Turquía, del Kurdistán…

Topografía del cuerpo

S.t., Serie Omo River, 2005 ©Isabel Muñoz

Los cuerpos han sido su obsesión. En reposo o en movimiento, Isabel Muñoz explora el cuerpo humano como si fuera una obra de arte; los cuerpos de sus fotografías transmiten sentimientos, hablan («el cuerpo es nuestro mayor libro», dice, «y la desnudez su trazo más puro»). Esa filosofía ya estaba presente en la exposición Corpo a corpo, que presentó con Manuel Sendón en el Centro de Estudios Fotográficos de Vigo en el 92. Los cuerpos de la serie erótica El imperio de los sentidos son voluptuosos, sensuales, son cuerpos que se acarician, que se enlazan. Los de los miembros de las tribus surma y nyangaton de Etiopía (premiada en el World Press Photo 2005), son cuerpos de hombres, de mujeres, de niños, decorados y engalanados, que mantienen el misterio de una cultura milenaria y recuerdan a las fotografías de los nubas de Leni Riefenstahl; los cuerpos atléticos de los bailarines desnudos congelan en expresiones insólitas los instantes fugaces de un ballet.

A veces los cuerpos también denuncian, como los niños mutilados de las guerras del Tercer Mundo, las niñas prostitutas de Camboya, las víctimas del terremoto de la ciudad iraní de Bam. Otras veces los cuerpos expresan un misticismo de trascendencia religiosa, como si trataran de trasladarse al más allá. Y aquí de nuevo la psicología. En 1975, después de haberse repuesto de un grave accidente de tráfico, Isabel Muñoz dijo: «Estuve un rato en el otro lado, lo viví, lo sentí, lo recuerdo». Algunos de sus bailes, algunos escenarios, algunos protagonistas, como los monjes del monasterio de Shaolin, parece que quisieran transmitir esas mismas sensaciones. Recientemente, una caída que sufrió mientras corría para tomar fotografías en una procesión de Tailandia le apartó un tiempo de la actividad fotográfica.

La belleza marginal

Una de las series en las que mezcla el dolor, la denuncia y la belleza es la que dedicó a los maras, las violentas bandas juveniles, algunos de cuyos miembros cumplen condena en prisiones de El Salvador en condiciones miserables. Las miradas de estos jóvenes encarcelados, que acusan, desafían y suplican al mismo tiempo, trasladan al espectador el drama de sus vidas. Sus cuerpos tatuados cuentan sus historias como si estuvieran escritas en las páginas de un libro autobiográfico: dolor, frustración, fracaso. Y sin embargo, esta belleza atormentada resulta, al mismo tiempo que perturbadora, bellamente fascinante.

Entre los procesos de revelado utilizados por Isabel Muñoz para conseguir efectos visuales originales destaca la platinotipia, la impresión en platino, uno de los más antiguos, basado en la propiedad fotosensible de las sales férricas. Con ella reproduce con una intensa belleza y realismo las texturas de la piel humana. Una de las grandes retrospectivas de la obra de Isabel Muñoz se mostró en septiembre de 2006 en el entonces Centro Cultural de la Villa de Madrid. Isabel Muñoz añade este Premio Nacional de Fotografía a la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes con la que fue galardonada en 2009.

Enlaces:

Isabel Muñoz “a todo color” en el Centro Niemeyer de Avilés

Fotógrafa española Isabel Muñoz expone en México

Francisco R. Pastoriza
Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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