La modista: el fuego es purificación, es catártico

En “La modista”, Kate Winslet, metida en la piel de las grandes divas de Hollywood como Rita Hayworth, Lauren Bacall o Verónica Lake, protagoniza una comedia melodramática de venganza con mucho humor, último largometraje de la australiana Jocelyne Moorhouse (“Proof”, “Donde reside el amor”), quien ha escrito el guión con su marido, el también realizador australiano Paul John Hogan (“Muriel”, “La boda de mi mejor amiga”, “Peter Pan”).

La modista poster
La modista poster

Película bastante desigual, con altos y bajos en la intensidad de la narración, desconcertante incluso en algunos momentos, aunque entretenida y agradable. Veinte años después, Tilly (Kate Winslet, “Titanic”, “Steve Jobs”), vestida como una modelo de Vogue, se apea del tren –con una máquina Singer en el equipaje, “una desconocida con una máquina de coser”- en Dungatar, el pueblo polvoriento donde pasó una infancia desgraciada.

Tilly ha estudiado alta costura en París pero en Dungatar solo el jefe de policía local (Hugo Weaving, “El señor de los anillos”, “Matrix”), travestí en sus ratos libres, presta atención a la moda.

El pueblo está plagado de personajes excéntricos, entre los que ocupa un puesto destacado la madre de la modista (Judy Davis, “Maridos y mujeres”, “Pasaje a la India”), conocida en el lugar como Mad Molly, a la que encuentra viviendo miserablemente, y con un evidente síndrome de Diógenes, en una casucha en lo alto de la colina.

“La modista” es la adaptación cinematográfica del bestseller homónimo de la autora australiana Rosalie Ham, una sátira social de humor negro sobre las intrigas de los lugares pequeños donde los rumores, los cotilleos y la mala fe acaban muchas veces por determinar el futuro de las personas. “He vuelto, bastardos”, grita Tilly cuando desciende como un ángel vengador la escalerilla del tren y echa un primer vistazo a las tierras rojizas que rodean el miserable apeadero de Dungatar, en lo que muy bien podría ser la primera escena de un western clásico.

A medida que avanza la historia, y que Tilly se dedica primero a asear a su madre y la casa y después a buscar clientas para su máquina de coser, nos vamos enterando mediante flashbacks de los que hechos que forzaron su exilio del lugar, cuando no tenía más que diez años, acusada de la muerte de un escolar, prepotente y abusón.

En Dungatar hay una especie de agujero negro moral, en el centro del cual está la figura de la pequeña Tilly, a la que hasta su madre cree culpable, camino de un hogar de acogida. Sin embargo, muy pronto, la mayoría de las mujeres del pueblo se sentirán cautivadas por el glamour de la recién llegada que les vestirá con espléndidos modelos, totalmente incongruentes con el ambiente. Al mismo tiempo, Tilly inicia un flirteo con el joven Teddy (Liam Hemsworth, “Los juegos del hambre”), un macizo agricultor antigua estrella del fútbol al que conoció cuando la diferencia de edad era más importante, que se enamora de ella.

En “La modista”, Kate Winslet es una actriz madura con un rostro magnífico y un cuerpo perfecto para los modelos “Dior” de aquellos años 1950, que exigían de las mujeres curvas en las caderas y apretadas cinturillas marcando el talle.

 

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Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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