Guatemala: rescatémonos como sociedad

Ileana Alamilla[1]

Un cielo azul como pocos en el mundo, con nubes caprichosas que forman figuras indescifrables, que cambian de color en celajes inigualables, volcanes que a veces rugen, escupen ceniza, lanzan lava y provocan riesgos, pero también espectáculos lindísimos; y los tenemos aquí a la vista y casi al tacto, mientras que otros deben viajar hasta Hawaii, el Himalaya, Los Alpes y otros lugares lejanos, buscando esa grandiosidad que a nosotros no nos cuesta nada. Un lago, Amatitlán, en agonía, que tuvo su esplendor y cuenta con una tradición de dulces exquisitos y juguetes rústicos, entre tambores, camiones, guitarras y ronrones; y otro, Atitlán, aún vivo, catalogado como el más bello del mundo. Playas con reservas naturales, artesanas(os) extraordinarios, cadenas montañosas que rodean a pintorescos pueblos, tan laboriosos como abandonados.

Guatemala-friso-Holmul-Petén

Bosques, ríos, montañas, siguanes, cataratas, especies marinas, aves, maderas preciosas y recursos naturales a montón, constituyen parte de nuestro patrimonio, hoy engalanado con el descubrimiento del friso espectacular descubierto en Holmul, Petén, decorado con imágenes de dioses y gobernantes y una larga inscripción, en un sitio donde ya tenemos una maravilla de la civilización maya que nos enorgullece.

Un país de extraordinaria belleza, con un clima envidiable, con una historia milenaria, tradiciones, costumbres, una población trabajadora, creativa, honrada en su mayoría, y hospitalaria; con personas que han destacado en diversas áreas del conocimiento, de las bellas artes, de la música en todas sus variantes, de la literatura, del periodismo, de las ciencias, del deporte, del canto, del teatro, de la alta cocina, muchos premiados internacionalmente.

Sin embargo, vivimos agobiados, agotados de bregar entre problema y problema, de drama en drama, de conflicto en conflicto. Cansados de desconfiar de todo y de todos, fastidiados de tanto engaño y corrupción, mortificados con la violencia extrema, temerosos de que nos suceda algo a nosotras(os) o a nuestras familias, con miedo a salir, con temor a ser felices sabiendo que las mayorías están sufriendo porque carecen de todo.

En junio, el sitio de noticias financieras Bloomberg publicó un ranquin de las naciones más estresadas, dadas las condiciones de vida prevalecientes, donde Guatemala ocupa el quinto lugar en el mundo y el segundo a nivel centroamericano, tensión que es provocada por la inseguridad, la corrupción, la desigualdad y otros problemas que afectan a la Nación, además de las precarias condiciones de vida.

Entre los indicadores para darnos ese puesto está la tasa anual de homicidios.

38.5 por cada cien mil habitantes, la desigualdad que se mide por medio del índice del Gini, la alta percepción de la corrupción, la tasa de desempleo, la contaminación del aire en espacios urbanos y la aún baja esperanza de vida, según los datos que dieron a conocer.

Si a eso agregamos la vergonzosa desnutrición infantil crónica que no superamos, los linchamientos, los embarazos de niñitas, las madres que asesinan a sus hijitas, padres que las violan y las embarazan, hijos que matan a sus padres, sobrinas, abuelas, gente que descuartiza a otra, funcionarios incompetentes, corruptos en todos los ámbitos, tenemos que aceptar que nuestra sociedad está cada vez más degradada.

Tenemos que rescatarnos, como sociedad. Sin embargo, no encontramos el camino. Lamentablemente, los débiles liderazgos sociales y políticos no logran convocar la movilización social para ese necesario rescate.

  1. Ileana Alamilla, periodista guatemalteca, fallecida en enero de 2018.

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