La ortografía en las redes sociales

Recientemente sostuve una polémica, que en algunos pasajes se tornó agria, con un ciudadano que aparte de militar asimilado, abogado y no sé qué otra cosa, tiene pretensiones de gran conocedor de gramática, lingüística y de periodismo, al punto de que se cree con suficientes conocimientos como para cuestionar y recomendar un mejor uso del lenguaje que se emplea en las redes sociales y en los grupos de WhatsApp, por demás plagados de errores ortográficos, en los que incurren, lamentablemente, personas cuya ocupación habitual es la redacción de textos.

El personaje se tomó la libertad de corregir el uso frecuente de palabras y frases mal escritas, como por ejemplo “cibil”, “sentro”, “bacunar”, “rejistro”, por civil, centro, vacunar y registro, que son las formas correctas. Esa intención es o sería plausible siempre que se tenga conocimiento de lo que se pretenda corregir y enseñar, pues de lo contrario se corre el riesgo de que la gracia se convierta en morisqueta, como les ha ocurrid a muchos.

Antes de entrar en materia, pido disculpas por la ausencia del sábado 23 (noviembre 2019). No pude redactar el texto y menos aun enviarlo, debido a las constantes interrupciones en el fluido eléctrico y a la inestabilidad de la Internet. Y aunque este no es un espacio para ventilar asuntos políticos, de cuando en cuando es necesario decir algo: Venezuela está sumergida en quizás la peor crisis de su historia.

Hay quienes piensan que los errores ortográficos en la escritura solo se verifican en palabras mal escritas, y por eso, sin revisar lo que escriben, y sin saber de lo que hablan, se arrogan el derecho de dictar cátedra y se autoproclaman libres de deficiencias en esta materia. Les aclaro que no soy catedrático del idioma español ni pretendo serlo. Solo soy un aficionado del buen decir, que un día descubrió que tenía facilidad para los asuntos gramaticales y lingüísticos, y en ese sentido se ha preocupado por aprender y compartir los conocimientos. ¡Nunca se termina de aprender!

Además, para escribir medianamente aceptable, sin alardes de erudición, no es necesario ser individuo de número de la Real Academia Española. Solo basta un poquito de responsabilidad y de sentido común.

Omitir una tilde, una coma, un signo de interrogación y de admiración; usar mayúsculas y minúsculas de manera deliberada; confundir “haya” con “allá”; escribir “q” en vez de “que”, “kasa” en lugar de casa, no son solo errores, sino una falta de respeto a los usuarios de los medios de comunicación y una bofetada a nuestro idioma, del cual me considero un cultor.

Pudiera aceptarse que por la inmediatez con la que deba redactarse y ser enviado un mensaje, se escriban palabras abreviadas que no dan lugar a confusión y se tenga plena conciencia de ello; pero de ahí a hacerlo una costumbre, es contraproducente, toda vez que atenta contra la unidad lingüística del idioma español.

Se dice que Andrés Bello, que de gramática fue un gran maestro, escribía “jente” en vez de gente; pero lo hacía solo a manera de chanza y en comunicaciones familiares y con personas muy cercanas, conocedoras de la intención del ilustre compatriota; pero no por eso a cualquiera, apelando a una especie de aval del gran filólogo, filósofo y poeta, se le ocurra escribir “jente” por gente y decir que así lo hacía don Andrés, aunque son muchos profesionales, incluidos docentes, abogados y comunicadores sociales, que lo hacen por descuido, y en el peor de los casos, por ignorancia.

No es cierto que la Real Academia Española haya aceptado que ahora puede escribirse “q” en lugar de “que” en sus funciones de pronombre, adjetivo interrogativo o conjunción, pues la docta institución no es tribunal para decidir cuál forma debe usarse y cuál no.

Simplemente, ella ha admitido que es una forma muy usada; pero de allí a que sea la reemplazante de “que”, hay un abismo, un abismo en el que están hundidos muchos espontáneos del lenguaje, incluido el personaje que aludí en los dos primeros párrafos de este escrito, que creen que a todo lo que diga la RAE hay que decirle amén, aunque mi opinión no significa que se deban soslayar sus recomendaciones, que en la mayoría de los casos son útiles y muy provechosas.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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