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La magia del tejo en la montaña palentina

Notas sobre una subida a la Tejeda de Tosande

Tosande-tejo-milenarioEn un fin de semana destinado a mantenimiento de la salud física y mental para enfrentar el invierno en las debidas condiciones, he tenido la oportunidad de subir hasta la Tejeda de Tosande y ver algunos ejemplares espectaculares de tejo que podrían haber nacido hace mil años, a través de una senda especialmente practicada en la ladera para poder disfrutar de este espacio sin dañar su riqueza forestal.

Carmen y yo teníamos interés por conocer la montaña palentina en Otoño, y esta ruta hasta la Tejeda de Tosande es ideal porque se recorre una distancia aproximada de diez kilómetros entra la ida y la vuelta, con un desnivel de 500 metros, que se puede hacer en unas cuatro horas sin castigar excesivamente el corazón o las rodillas, siempre que se vaya con ropa y calzado adecuado.

Aparcamiento e información en el inicio de la ruta a la Tejeda de Tosande
Aparcamiento e información en el inicio de la ruta a la Tejeda de Tosande

Tosande-relievePara iniciar la ruta hay que llegar hasta un aparcamiento junto a la carretera que va de Cervera a Guardo, en el km 2 de la C- 626, en el que podemos verificar los datos que tenemos para el recorrido en los paneles informativos colocados allí por los servicios de turismo de la Diputación de Palencia. Especialmente importante es saber en qué días está prohibido recorrer esa senda porque esté prevista una jornada en la reserva regional de caza que afecta a esa zona, circunstancia de la que no habíamos sido advertidos previamente. En nuestro caso hubo suerte porque después de llegar al aparcamiento vimos que la reserva para abatir jabalíes era para el domingo siguiente.

Desde la zona de información junto al aparcamiento, desde la que se ve ampliamente el valle de Tosande entre las cumbres calizas del Macizo de la Peña, se accede a una pista de tierra que, tras un kilómetro aproximadamente, nos sitúa junto a una valla metálica, debajo de la vía del ferrocarril.

Tosande-vacas

Tosande-bebedero

El camino sigue atravesando pastizales para el ganado, las vacas te miran con indiferencia al pasar y se dejan fotografiar solas o en grupo, rumiando la hierba o en un bebedero de piedra y cañó de agua que dejamos a nuestra izquierda. En este espacio aparecen restos de la escombrera de una mina abandonada, que nos recordó la visita hecha el día anterior al Museo de la Minería de Barruelo de Santullán, y las sensaciones que nos produjo entrar en la mina visitable en la que se han reconstruido las condiciones de trabajo de los mineros del carbón.

Tosande-novios

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Una senda estrecha nos permite caminar entre los roquedos de Peña Oracada (1819 m) y del Roblillo y las Cruces (1559 m), hasta llegar a un camino más ancho que asciende junto al arroyo Tosande, por el que seguiremos, entre encinas y robles y brezos, atravesando varias vallas que impiden el paso del ganado, hasta alcanzar unas praderas donde se encuentra la majada de Tosande, a 1200 metros de altitud, en la que un grupo de excursionistas que caminaba delante espantó a una manada de corzos al que apenas pudimos ver galopando hasta perderse en la lejanía

Tosande-panel

Tosande-tejeda-info

A la izquierda de estas praderas, en la ladera de Peña Oracada, se localiza un hayedo y el inicio de un camino escalonado de forma rústica para facilitar el ascenso del último kilómetro hasta llegar a la tejeda. Se comprende que esas “escaleras” se han construido para facilitar que personas normales, no solo aguerridos montañeros, puedan disfrutar de las múltiples vistas que ofrece la foresta, en un trayecto en que a pesar de oir cantos y trinos de aves, solo pudimos ver una bandada de palomas y un mirlo. Teníamos la esperanza de ver cerca de la cumbre alguna rapaz, al parecer hay ejemplares de buitre, azor, águila culebrera y cárabo, pero no tuvimos esa suerte.

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Tosande-escaleras-fila

Y aunque “hay foto” durante todo el trayecto, se valora a partir de la entrada en el hayedo el ir equipados con cámaras digitales y tarjetas de memoria de gran capacidad, porque las oportunidades de apretar el disparador se multiplican a medida que se asciende, y lamentas no tener equipos más sofisticados y más conocimiento de técnicas que te permitan jugar con las luces que se filtran entre troncos, ramas y hojas creando y multiplicando una riqueza cromática difícil de describir con palabras.

Ya hemos comentado que ese último tramo de subida es duro, un desnivel de unos 350 metros en un kilómetro, que ha motivado a quienes diseñaron la escalera por la ruta a prever sitios de descanso en rincones que aprovechas para dejar paso a excursionistas que quieren alcanzar más rápido la cima.

Los servicios de turismo de la Diputación de Palencia reconocen dudas al diseñar la ruta por el valor biológico de este bosque, y recomiendan que quienes accedan a la tejeda lo hagan “suficientemente concienciados del valor único de Tosande y de la necesidad de desechar actitudes que pongan en peligro su supervivencia”, como puede ser arrancar plantas o ramas, o recoger semillas o retoños de los tejos.

Tosande-tejos-carmenEn la información recopilada por Carmen para hacer esta ruta se explica que el tejo es un árbol escaso, que en la Montaña Palentina se encuentra disperso, por lo que es difícil encontrar varios ejemplares juntos, y destacan que más difícil todavía es encontrar ejemplares con la talla y el porte de los tejos de Tosande, alguno de los cuales alcanzan diámetros de 1,5 m. Con estos datos describen la tejeda de Tosande, en la se han inventariado 743 ejemplares, como una reliquia de la era terciaria, “una verdadera joya botánica merecedora de los esfuerzos y atenciones necesarios para su conservación”.

Explican también que la regeneración de la especie en Tosande se ve dificultada por la abundancia de grandes herbívoros salvajes, abundan el ciervo y el corzo, que se comen los brotes tiernos y las ramillas de las plantas jóvenes. Por ello, aunque algunos años nacen nuevas plantas en abundancia, muy pocas de ellas llegan a convertirse en árboles maduros. Los pastizales del valle de Tosande están divididos entre cuatro pueblos: Dehesa de Montejo, Ruesga, Ventanilla y San Martín de los Herreros. Antiguamente se reunían aquí los rebaños de todos estos pueblos a los que se añadían en verano las merinas procedentes de Extremadura.

Tosande-cumbre

Tosande-arroyo

Y final de la subida en un mirador con buenas vistas a la Montaña Palentina. El retorno se puede hacer retrocediendo por otro ramal de la senda que nos permite ver los tejos desde arriba, hasta bajar de nuevo a la pradera, o descender directamente por una ladera pedregosa y pelada hasta adentrarnos en otro hayedo, atravesar una zona con acebos y llegar de nuevo al cauce del Tosande y la pista que nos conduce al aparcamiento, con una rampa final que se hace muy cuesta arriba tras más de tres horas de caminar, y que para nosotros fue especialmente desagradable porque comenzó una lluvia fina que impulsada por un fuerte viento nos obligó a calarnos bien los sombreros.

La base logística la teníamos establecida en el Parador de Cervera de Pisuerga, donde teníamos prevista para la cena una degustación de cocina regional sobre setas de temporada, oferta que también aparecía en múltiples restaurantes, tanto de Palencia como del resto de territorios de Castilla y León. También quedaba pendiente recoger los dulces de arroz de las monjas clarisas de Aguilar de Campoo.

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Sobre Rafael Jiménez Claudín

Periodista Editor de periodistas-es.com

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3 comentarios

  1. Al excelente relato y las ilustrativas fotos de este artículo, pongo este video por si algo puede abonar a lo tan bien dicho.
    http://www.youtube.com/watch?v=8etle0Zmjz4

  2. Antonio F. Morcuende

    Como bien dice usted, Rafael en el articulo, la Tejeda de Tosande es una reliquia de tiempos pasados, lo ideal seria que siguiera siéndolo, al menos, algunos milenios más. Pero el caso es que lo tiene difícil, a la gran presión que los herbívoros ejercen hay que sumar la promoción sin límites de este singular espacio.
    Las visitas humanas se cuentan por miles, cada vez más personas saben del sitio y quieren visitarlo, están en su derecho, como también lo están de poder contemplar Altamira y sus bisontes, pero si todos los que queremos lo hiciéramos, Altamira duraría poco, menos que un suspiro.
    Ciertos lugares no deben, no pueden visitarse sin control alguno de los visitantes, restringir las visitas es la única manera de que esa y otras tejedas puedan preservarse para no solo futuras generaciones de humanos sino más importante, para que esa especie única que son los tejos puedan seguir su camino en la historia de la tierra. Ellos estaban muchísimo antes de que el hombre apareciera sobre la faz del planeta, esperamos al menos, teniendo en cuenta nuestra cada vez mas evidente tendencia suicida como especie, que también nos sobrevivan.
    El ser humano en su arrogancia piensa que todo le pertenece pero los tejos no son nuestros, son de la madre tierra, esa que nos alimenta y da todo y a la que solemos devolver residuos y agresiones.
    Hace algún tiempo para mitigar el impacto de los pies de los visitantes, a alguien se le ocurrió la brillante idea de colocar pasarelas y escaleras de madera tratada, ¡Ya está, solucionado el problema! ¡Que sigan las visitas!. Esa instalación hubo que hacerla con sujeciones clavadas en el suelo y el suelo de ese bosque esta plagado de raíces de tejo, es un árbol extremadamente sensible a los cambios en el suelo donde asienta su sistema radicular, aunque bien es verdad que las pasarelas sirven de poco pues la gente suele salirse de las maderas y andar por entre los tejos, eso lo hemos comprobado en muchísimas ocasiones y puede también comprobarse en algunas fotos de este articulo. ¡No será para tanto! ¡Que daño puede hacer el que una persona se acerque a un tejo! Una no hace daño, pero ya hemos dicho que al cabo del año son muchos miles de pisadas que compactan el suelo cercano a los árboles provocando a menudo el decaimiento del tejo y la muerte posterior del ejemplar, muerte que no suele relacionarse con las agresiones por que el tejo es un ser lento y reacciona despacio, pero morirse se muere. Esto no es una opinión sin fundamento, hemos podido constatarlo muchas veces, demasiadas.
    La solución a este problema pasa por el control de los herbívoros de una manera sensata y adecuada, la restricción de las visitas humanas y la responsabilidad en la información que se da de este singular enclave en cualquier medio de comunicación.
    Los humanos poseemos en nuestro cerebro unas células nerviosas llamadas neuronas espejo, las cuales nos permiten copiar el comportamiento de nuestros congéneres permitiendo un aprendizaje más rápido y el consiguiente aprovechamiento de los recursos, pues bien, sabiendo esto lo sensato seria procurar hacer las cosas evitando que en los medios de comunicación aparezcan personas, cerca, apoyadas o subidas a los árboles, parece una insignificancia pero seria una forma de educar sobre la conveniencia de evitar en lo posible ciertas prácticas cuando se visitan este tipo de espacios. Nosotros ya procuramos que en la página que mantenemos no aparezcan imágenes “con bicho” de modo gratuito o por sistema.

    Un saludo,

    Antonio F. Morcuende
    Asociación de Amigos del Tejo y las Tejedas

  3. Como palentino aún residiendo fuera, como amante de la naturaleza y también del relato de viaje y de la literatura, saludos, amigo Rafael y sobre todo, gracias por este reportaje tan explícito y mágico que nos has dejado con fina pluma de buen escritor. La Montaña Palentina tiene esos encantos y efectos benefactores algo escondidos que hay que salvaguardar como sea. Amemos la naturaleza sabiéndola cuidar y mimar.
    Un abrazo desde Barcelona.
    Teo Revilla Bravo.

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