Los “Cuentos de Azúcar” de Eva Yerbabuena en la XX Bienal de Sevilla

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A la manera más oriental, la idea para este nuevo proyecto, estreno absoluto en esta edición de la Bienal sevillana, llegó en forma de regalo a Eva Yerbabuena. “No fue algo buscado, este CD con músicas tradicionales de las islas Amami de Japón me buscó a mí. Y me atrapó.”

“No puedo contar con palabras lo que cuento a través de la danza. Pero sí es cierto que lo que viví posteriormente en mi residencia en Amami fue una experiencia sanadora.  Necesitaba investigar lo que decía la cantante japonesa Anna Sato en esos  cantos populares, en esa historia de amor que acaba en suicidio en esa isla de clavo y caña de azúcar”. “Y no hay ni fusión ni mezcla, hay encaje de dos culturas”.

Eva Yerbabuena © Óscar Romero
Eva Yerbabuena © Óscar Romero

Puede que este nuevo proyecto de Eva Yerbabuena y su marido Paco Jarana sea lo más original que se ha hecho en la historia del flamenco. Los vínculos de la bailaora – coreógrafa nacida en Frankfort del Main con el país del Sol Naciente vienen de lejos. Pero el surgido entre ella y Anna Sato ha sido algo muy especial, cuyo resultado tuvimos el privilegio de ver en el Teatro de la Maestranza el 29 de septiembre de 2018.

El primer protagonismo  que se aprecia en estos “Cuentos de Azúcar” lo encontramos en el diseño de iluminación de Fernando Martín, desde la primera aparición de Anna Sato en un triángulo isósceles de luz,  que pone en un valor único su figura y su voz maravillosa que atrapa desde el primer minuto. Y luego con la aparición de ese círculo mágico en escena, que algunos han relacionado con un símbolo femenino y puede ser que también así sea. Pero ese circulo es el espacio onírico de desarrollo de toda la historia, porque ese es el espacio de los cuentos. Y quizá también represente el espacio misterioso de las islas Amami, misteriosas incluso para los japoneses..

Los músicos quedan fuera del círculo y más que verlos se los escucha. Letras populares de cantes flamencos y letras populares de cantos de Amami, sin barreras, como voces nuevas para movimientos antiguos y nuevos bailes para voces ancestrales, cuentos tradicionales y tradiciones que se encuentran sin apenas tocarse, aunque a veces se perciba de forma sutil  una cierta “japonización” en aspectos flamencos de la que resultan enriquecidos.

Las voces de Alfredo Tejada y Miguel Ortega; la guitarra de Paco Jarana, la batería y cajón de Antonio Coronel;  el cajón y congas de Rafael Heredia y el taiko de Kaoru Watanabe son el complemento necesario en el discurrir de las historias que el canto y la danza van contando.

La obra es también un espacio de celebración dedicado a elementos sagrados en muchas culturas, la Tierra, los árboles y la luna tienen un papel importante en la escenografía de fondo, en la que la luna llega a estar a ratos tan cercana que casi toca a los artistas.

Eva Yerbabuena © Óscar Romero, Sevilla 2018
Eva Yerbabuena © Óscar Romero, Sevilla 2018

Son once números desarrollados en hora y media de espectáculo. El impresionante inicio Kenmun me dijo…con el imponente falsete de Anna Sato, que va adentrándose por todos los canales sutiles en el espectador. La Nana de Amami, auténtica filigrana de la Yerbabuena, vestida con un traje en tonos grises que van degradándose según van bajando hasta el borde del vestido. El vestuario de diosa ancestral de Anna Sato, de una belleza de diseño casi celestial; La caña dedicada a la Madre, la tierra y la caña de azúcar, en las voces flamencas de Tejada y Ortega que llegan desde la oscuridad externa al círculo mágico hasta el espectador casi, casi obsesionantes, palpitantes;  Okuribuchi (despedida al hombre)  otra intervención del canto bellísimo, casi inverosímil de Anna Sato, coautora junto a Eva Yerbabuena, que tanto monta monta tanto la una como la otra. Cuentos tradicionales narrados con voz o danza, acercando lejanías sin mezclarlas, respetándose mutuamente. También se percibe de forma sutil un homenaje a Japón, país que tanto ha dado al arte flamenco.

De la celebración hablan los palos festeros, ahora por cartageneras que borda Alfredo Tejada. ¡Cómo está Alfredo Tejada esta noche! Parece poseído de una inspiración especial, un contagio de la magia del espectáculo. Celebración que sigue con un paso a dos lleno de fascinación, con Fernando Jiménez en una danza japonesa, vestido y maquillado para impersonar a un danzante japonés, con una Eva flamenca que hace percibir el lado más oriental de su danza española. Entre los dos crean una magia no descriptible fácilmente. La palabra se queda corta.

Un hito el homenaje de celebración a la luna y el pez, a cargo del equipo de percusión, con un fortíssimo  que obliga a respirar hondo, mientras la Yerbabuena evoluciona en un punta y tacón altamente percusivo que hace subir el nivel emocional hasta las nubes.

Tras la alta tensión llega la relajación con la canción Tidanu, otra creación vocal absoluta de Anna Sato. Y después….Tangos, malagueña – granaínas y un final dedicado a un Tío Hatsu por Alegrías. Eva vestida con bata de cola muestra una cierta contención que les imprime la exquisitez y sutileza de la tradición japonesa sin perder su esencia gaditana….no es fácil de explicar, de nuevo la palabra se queda corta.

Eva Yerbabuena. Oscar Romero, Sevilla 2018
Eva Yerbabuena. Oscar Romero, Sevilla 2018

Al final, sin fusiones ni mezclas, las tradiciones acaban encontrándose al viejo olor de la caña de azúcar y el clavo de Andalucía y de las islas Amami, que eso sí lo tienen en común. El círculo se rompió hace rato, pero el baile ha seguido respetando el espacio circular, el espacio onírico de los cuentos, sobre todo si son de azúcar.

En resumen: Belleza, profundidad, celebración, originalidad y arte a lo grande en esta creación sin precedentes. Aplausos por sevillanas en el Maestranza. Todo queda dicho.

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