Madrid, ciudad tomada en la algarabía de los corderos

La vieja, reaccionaria, imperialista monarquía inglesa, maestra de ceremonias del embrutecimiento colectivo, gritaba en los días gloriosos de su historia, infames de su otra historia, ante la sucesión regia: ¡El Rey ha muerto! ¡Viva el rey!.

En la España de 2014, cuando las víctimas del fascismo nunca derrotado en nuestro país continúan yaciendo, innominadas y ultrajadas en las cunetas, ríos o cementerios clandestinos, este jueves, 19 de junio de 2014, podían gritar: ¡Franco no ha muerto! ¡Viva el franquismo!

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Volverán las banderas rojigualdas en sus balcones a colgar; otra vez los himnos y marchas militares, los gritos de rigor, atronarán nuestros oídos. Periódicos, radios y televisiones, a través de sus banales locutores o escribidores al servicio del orden, no se cansan de jalear, alborozados por participar en miserables y esperpénticas ceremonias: ¡Vivimos un día para la Historia! ¡Qué ejemplar y paradigmática página para la otra historia la del periódico El País del día 18: media página para el retrato del nuevo Rey y con gruesos titulares: «Vive la historia antes de que sea historia», con sus tres «conductores» de la historia, Pepa Bueno, Carlos Francino, Ángels Barceló, diciéndonos: «Escucha con nosotros la vida», sí, la vida, su vida y la de esa emisora tan acomodada como su grupo al poder del dinero, al orden corrupto y a los «conductores» de la llamada crisis que tanto llena su boca y contribuyen a su existencia.

Historia, decimos, triste historia que no nos deja ni calificativos para lamentarnos de haberla vivido, de continuar incrustados como víctimas en ella. Historia del infortunio que parece no tener fin. Hablamos del presente, de la libertad, algo que fenece día a día sin que sus víctimas se den cuenta de ello, ni les importe, aletargados a su vida virtual, a su sometimiento resignado y pagado por el mercado de la estulticia; unos acomodados porque les beneficia -nunca la diferencia entre clases sociales fue tan abismal-, otros lacayos porque viven medianamente, los más silenciosos y apagados por falta de organizaciones de resistencia que les empujen a la acción, y algunos -por desgracia todavía los menos- luchadores y acosados por todo tipo de represiones.

Un país secuestrado por los más mediocres y nocivos personajes, en el poder y en la oposición, que se atropella a codazos por participar en el aquelarre de la fiesta regia, que les servirá para decir bobaliconamente a sus hijos o nietos: nosotros también estuvimos allí, fuimos protagonistas de la historia.

Madrid, jueves 19 de junio. Ciudad tomada, sometida por tierra, mar y aire por las fuerzas de la represión. Edificios, calles, espacios aéreos, alcantarillas: en todas partes la sombra de los fusiles para mostrar el alcance de la libertad «real» de que se disfruta en la capital de España. ¿Qué programa habría desarrollado Orson Welles, la amanecida de este jueves, rememorando la guerra de los mundos en este despertar acosado y vigilado por, no los extraterrestres, sino los uniformados de la cabeza a los pies llegados de todos los rincones de las tierras que vigilan y en las que atemorizan a sus habitantes?

Y mientras los corderos de toda índole, arrastrados unos para que usen sus aplausos primates como en cualquier romería o espectáculo festivo y una vez más sean tan vocingleros como en el Rocío o los festejos del fútbol, sometidos otros para que no importunen con sus gritos el acto, escucharán como de la boca de los impostores les llaman ciudadanos. ¡Ah del lenguaje, quién responderá un día…! No los que se llaman académicos, que con sus serviles galas también participarán en los festejos de la ignominia.

La vida continúa siendo un cuento narrado por estúpidos idiotas con demasiado ruido y escasas y necias palabras.

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Escritor, nacido en Segovia durante la guerra civil. Fue corresponsal de Radio España Independiente entre 1962 y 1971 y dirigió en París la publicación Información Española. A la muerte de Franco regresó a España y colaboró en diversos periódicos y publicaciones de izquierda, entre los cuales destaca la fundación en 1984 del diario Liberación. Ha sido durante muchos años secretario general de la Asociación Colegial de Escritores de España, y director de la revista República de las Letras.

2 Comentarios

  1. Poca dialéctica, pocos argumentos y mucha blasfemia. Usted no es nadie para llamarme «cordero». Me gusta la monarquía parlamentaria.. ¿Y qué?… No fui a la calle el día de la proclamación del Rey, me quedé viéndolo cómodamente desde el sofá de mi casa… Pero si hubiera ido… ¿Qué pasa?… Es usted una triste alma incomprendida que no sabe formar parte de una minoría de forma DIGNA y RESPETUOSA. Acepte que la mayoría de los españoles nos sentimos cómodos con nuestras tradiciones, nuestra historia y nuestra cultura. Preferimos un Rey que un presidente de una República sectaria, casposa, calcada de la segunda, que es lo que los partidarios del republicanismo perseguís. ¡No pasaréis!

    • señor Joan le dejo un argumento: Hay quien defiende que la legitimidad de la corona quedó grabada en mármol con el referéndum constitucional del 78. Este argumento es extremadamente débil y tramposo pues hablamos -y ellos son conscientes- de un lote variado que se adquiría completo, en el que se introdujo inexcusablemente, junto a libertades aherrojadas durante 40 años, una corona donada por un dictador fascista envuelta en una bandera rojigualda. Las fuerzas políticas mayoritarias seguramente pagarán el habernos impuesto una monarquía hereditaria por lazos de sangre escudándose en una Constitución tutelada. Nos merecíamos los ciudadanos del siglo XXI que se nos consultase, sin restregarnos la deriva de la II República, que fue masacrada por un golpe de Estado que no se olvide y que estaba al frente un personaje más demócrata que uno de los herederos de la corona (que Dios nos libre) como el Froilán el escopetero.

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