Miguel Hinojar de Inza

Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma, dice la canción. Asisto al espectáculo de la vida al ver a un amigo que apostó por apoyar la discapacidad visual nos deja en un día como hoy. El valor de la vida se va también cuando no podemos hacer nada por evitar lo que sucede mientras ésta pasa. Y la vida nos precede y se adelanta a nosotros siempre aunque no queramos.

Miguel Hinojar era una de las personas más alegres que he conocido en mi vida. Tenaz y obstinado, eficaz y dedicado, entregó parte de su vida para trabajar por los chicos de la ONCE. De ahí obtuvo la sensibilidad que le hacía grande cuando con empatía se ponía en el lugar del prójimo. Ese terrible esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a hacer; situarse en donde las personas pierden la fortuna de ver nos hace vulnerables y frágiles. Miguel era todo menos frágil. Una persona comprometida con las personas y siempre al servicio del otro. No tenías que pedirlo porque él lo entregaba todo; daba lo que tenía y sobre todo te apoyaba para que siguieras y no dejaras que el problema se apoderara de ti. Quizá en ese empeño miraba todo pero no sabía mirarse a sí mismo.

Doce-nunca-te-rindasSi hay una definición que llena todo lo que habría que decir de él era que Miguel era Miguel. Un dato que ha aportado un profesor suyo, Mr Foster, en la época en la que Miguel destacaba por ser él; un niño que despuntaba por su forma de ver la vida y de tratar a los demás. Nadie como él hacía que la clase fuera igual, a ningún profesor le era indiferente porque Mr Hinojar era un ser humano distinto. Honrado, decente, cariñoso, leal, bueno, humano, religioso, con madera de líder, comprometido, audaz; Miguel era todas esas cosas y alguna más. Quizá no tuvo suerte y la que le brindó la vida no fue suficiente para que jugara sus mejores cartas. No siempre somos dueños de nuestro destino y acaso la vida parece larga pero en muchas ocasiones no sabemos jugar con ella. En sus últimos meses se dedicó a los demás y a ponerse en paz con el Señor. Aquel a quien miraba con verdadera devoción. Dedicó parte de su vida a hacer próspero el pueblo que consideraba su casa, Torrelodones, y fue injustamente tratado como todos los políticos cuando fue destituido su equipo. Propuso la Escuela de Idiomas y la Escuela de Arte Dramático, que fueron referentes en la sierra e hizo una labor inmesa por las personas y por todos los que ahora le recuerdan.

Se comprometió conmigo para crear junto a Carlos Enrile y Pedro Gil Corbacho, otros dos amigos, la asociación para la defensa de la discapacidad visual. Se llama D.O.C.E., porque los discapacitados visuales, son otros ciegos de España. Miguel apostó porque esa era la vía que podría ayudar a personas que como mi hijo dejaron de ver o tenían que manejarse viendo menos. Aún le recuerdo firmando las fotocopias de la junta fundacional en un pequeño despacho de la calle Real. No hace un año de aquello y él sabía que D.O.C.E. podría ayudar a otras personas. No lo olvido como no te olvidaremos todos los que tuvimos la suerte de haberte conocido. Guardamos los mejores recuerdos y sobre todas las cosas, tu sonrisa y el afán que te caracterizaba cuando te volcabas en alguien o en algo.

La vida es dura y contradictoria y en esa contradicción Miguel vivió intensamente pero poco tiempo. Quizá no supo asir la vida desde donde sucede y no tuvo suerte. No siempre podemos manejar las circunstancias y nunca sabemos cuál es la razón que hace que personas buenas tengan mejor o peor destino. La suerte pertenece al azar y no  nos pertenece y la vida, y lo que sucede  en ella se apoderan de nosotros. Donde quiera que estés en ese cielo inmenso al que tú siempre rezaste, encontrarás un espacio para mandarnos fuerza, para protegernos cuando algo vaya mal y cuando la vida se tuerza.

Tus compañeros del Británico entre ellos;  Marta, Angélica B, Juan P, Ana H, Cuca V, Tola C, Carlos E, Carlos R, Héctor Q, Jorge P, Pedro Luis H, Ricardo A, Lola R, Javier S, Carlos S, Celia S, Cristina V, Luis M, Rocío RP, Sergio A y un largo etcétera, somos algo más de sesenta, profesores, en especial Mr Foster con quien compartiste muchos años de tu vida, tus innumerables amigos; todas las personas que pudimos conocerte que ahora estamos pensando en ti, estamos ahora contigo. Hago una especial mención al fotoperiodista que reside en Camboya, Javier Sánchez Monge, Cuto, para ti, que de forma entrañable te despide con unas bellas palabras y aunque triste, está seguro de lo bien que estás ahora.

Él quería hacer todo lo posible porque en Camboya no sucediera lo que está sucediendo y te prometió ayudarte y lo hará.

¡Sí vale, pero no lloréis por mi, dejaros de mariconadas y Aupa Atleti!

Esa es la vida, la terrible sensación que nos deja cuando inermes asistimos a algo que no podemos evitar. Descansa en paz y un millón de gracias amigo.

A Miguel Hinojar de Inza, con toda mi admiración, que Dios te tenga en Su Gloria.

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PhD, Doctora C.C. Información / Periodista / Editora Adjunta de Periodistas en Español / Divulgadora Científica / Profesora Universitaria / Fotógrafo / Comprometida con la Discapacidad, los Derechos Humanos, la Infancia y la Tercera Edad / Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor / Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios / Miembro de The International Media Conferences on Human Rights (United Nations, Switzerland) / Presidenta de D.O.C.E .- (Discapacitados otros Ciegos de España) - www.asociaciondoce.com / Coautora del libro EL CEREBRO RELIGIOSO junto a la Profesora López-Ibor. Editorial El País Neurociencia https://colecciones.elpais.com/literatura/62-neurociencia-psicologia.html / Autora del Libro Fotografía Social.- Editorial Anaya / Consultora de Comunicación Médica. www.consultoriadecomunicacion.com Contacto Periodistas en Español: [email protected]

2 Comentarios

  1. Descansa en paz, Miguel. Hace algunos años que no nos veíamos. Llevaba al menos dos pensando en llamarte, en localizarte, en volverte a ver. Siempre te ayudé desinteresadamente como tú lo hiciste conmigo, pero no podía darte lo que necesitabas. Te recordaré siempre, amigo mío

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