Óscar Arnulfo Romero: mártir subversivo, apóstol de la liberación

24 de marzo de 1980 y desconcierto. ¡Qué pena! Y pena en sus dos acepciones: pena de vergüenza y de dolor. Pena porque pese a las denuncias de todo el mundo en general y de la mayoría de los países de nuestro continente en particular, que se rebelan frente al oprobio de un Imperio de muerte, ésta y sus sucedáneos (tortura, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias) siguen cobrando víctimas como lo hizo con Monseñor Oscar Arnulfo Romero, en El Salvador.

Oscar Arnulfo Romero mural
Oscar Arnulfo Romero mural

Vergüenza de un imperio de terror que planifica la violencia de forma racional y consciente. Que pretende empañar y pervertir todo lo que por la vida hacemos desde Río Bravo a la Patagonia. Que usa la malversación de la ciencia y la técnica, el empleo del conocimiento para desintegrar. Imposición de su cultura capitalista y egocéntrica, alienantemente individualista, por el poder de la fuerza, el chantaje económico, la idolatría del dinero y manipulación mediática de la verdad, vil palangre que disfraza la represión de defensa.

Una cree en el amor del otro y se entrega a su fuerza sin temor porque tenemos derecho a decidir nuestro destino con la legitimidad que nos da el compromiso, a trabajar en la construcción de una sociedad que dejará de estar en el territorio de lo imposible: se hará utopía y llegará como bendición del pueblo para el pueblo.

Una se asume pariente consanguíneo y no es ajena la pena hermana porque según afirma el teólogo brasileño Leonardo Boff, “Óscar Romero es un mártir singular. Murió por la justicia, por su amor a los pobres. Es un tipo de santo que no es frecuente en la historia de la Iglesia. Inaugura un tipo de martirio por la justicia que nace en un compromiso de fe. En el fondo, imita lo que Cristo hizo. Por eso entiendo que el poder religioso tenga dificultad de leer ese signo nuevo; no sabe cómo interpretarlo”.

Oscar: Una se percata del dolor de todo un pueblo a media vida y sin bandera. Asume el frente como única perspectiva panorámica de liberación y comienza a meterse en líos. Se entorcha en la lucha, aprende el lenguaje, se restriega en el barro y sangre que va dejando como estela el esfuerzo máximo por la dignidad. Porque tenemos derecho a sentirnos humanidad disminuida en cada uno de sus cuerpos maltratados, en cada espíritu sangrante; heridas que curten la piel. Lágrimas de un pueblo lamentablemente experto en reconducir cada una de las experiencias traumáticas y hacer de ellas un escalón ascendido en el camino del desarrollo humano. Grito desgarrador que se convierte en denuncia indeleble.

Arnulfo: ¡Queremos fuera la úlcera imperialista! ¡Queremos dentro la solidaridad internacionalista! Porque tenemos derecho a creer que estamos a tiempo, que aún es posible revertir la masacre, que no tenemos el signo irrevocable de un destino fatal. ¡Cuánto puede hacer el ser humano por la trasformación de la realidad cuando asume su compromiso ético con la historia! Y por dicho compromiso la desesperanza, la indiferencia, las ganas de nada, la banalidad no se valen.

Una ama la fe del otro y le entrega su vida pese al temor. Una la vida. Uno el combate. Romero.

Tenemos el deber de asumirnos pueblo en resistencia y afirmación. Llorar con el recuerdo, actuar por la memoria. ¡No más asesinatos por encargo desde Estados Unidos! La consigna ¡Cese la represión! fue la última exigencia de Romero; que sea nuestra utopía. A Monseñor le costó la vida, que a nosotros y nosotras nos anime hasta la muerte. Que el verdadero milagro de este santo latinoamericano, no reconocido por el Vaticano, sea la organización popular por erradicar de nuestro entorno lo que nos indigna y, en colectivo, busquemos el bien común.

Óscar Arnulfo Romero: mártir subversivo, apóstol de la liberación. A 34 años de su muerte, como bien dijera Pedro Casaldáliga “estamos otra vez en pie de testimonio”.

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Ileana Ruiz (Venezuela). Activista de derechos humanos, investigadora social y periodista. Asesora en resolución de conflictos, educación popular, participación ciudadana y derechos humanos y profesora de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad. Articulista en el semanario venezolano “Todosadentro” del Ministerio de la Cultura desde 2006. Premio Nacional de Periodismo de Opinión, 2013. Entre sus publicaciones: De la indignación a la implicación (2006); Pueblo de agua: Cuentos para la educación en derechos humanos sobre la identidad del pueblo warao (2009); Servicio de policía bajo la mirada ciudadana (2010); La clave del acuerdo. Practiguía para la resolución pacífica de conflictos (2011); Pasos dados poco a poco. Memoria y cuentos del proceso de constitución de los Comités Ciudadanos de Control Policial (2012).

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