Pateras: lo mejor de cada casa

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(C) Javier Bauluz. Playa de Zahara de los Atunes (Cádiz), 2 de septiembre de 2000

El verano llega cada año con sus tópicos y sus costumbres. A pesar de las profecías francesas, llegó el verano, y por supuesto llegó el posado de Ana García Obregón -cada año un poquito más patético-, los chiringuitos en las playas, la cervecita y por desgracia, las pateras.

Cuando uno piensa en este fenómeno que se repite de una forma masiva cada año al llegar el buen tiempo y el Estrecho parece que no da tanto miedo, ahí están ellos, en busca de un futuro, de una esperanza.

Vienen en balsas de juguete, amontonados, sin condiciones y con la perspectiva de ser, en el mejor de los casos, rescatados por nuestra Guardia Civil y encerrados en espacios ad hoc para ellos, y devueltos a sus países. Bueno, algunos, los más jóvenes, consiguen escapar y llegar a algún lugar de la Península donde puedan morirse de hambre o en el mejor de los casos sobrevivir.

El género no importa. Vienen tanto hombres como mujeres, niños e incluso mujeres embarazadas. Lo dicho, lo mejor de cada casa, los más valientes que consiguen los fondos para tan horrible viaje a costa de los ahorros de toda la familia. Normalmente son subsaharianos. Eso significa que se han cruzado África a pie antes de llegar a Marruecos y embarcarse.

Naturalmente, y por lo que sabemos por la prensa, las mujeres son las que llevan la peor parte. En muchas ocasiones son violadas por el camino y algunas veces hasta embarazadas.

Con todo, y con eso les compensa el riesgo, están mejor aquí, con todo lo malo que ello conlleva, que en sus lugares de origen. Me han contado que los trabajadores paquistaníes que construyen los lujosísimos rascacielos de los Emiratos trabajan quince horas diarias, a 45 grados, libran un día al mes, ganan el equivalente a 200 euros y no quieren volverse a su patria. Es todo un síntoma de la miseria de la que provienen; a los nuestros les pasa lo mismo.

Todos los días rescatamos unos cuantos, a veces en dos días hasta 200 seres humanos. Lo vemos en la prensa, pero no oímos a la Conferencia Episcopal decir nada en contra de esto, si bien es verdad que tampoco oímos a otros colectivos religiosos que campean libremente por nuestro país. ¿Dónde habrán dejado unos y otros las instrucciones evangélicas de “amar al prójimo como a uno mismo”?

 

María Rosa Medel
Maestra y licenciada en Geografía a Historia. Trabajó en la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE (1974-1988). Gerente de empresa editorial (Revista FOTO, 1988-2009). Vicepresidenta de la Unión de Mujeres Evangélicas (UDME). Responsable Ecuménica del Grupo Federal Cristianos Socialistas (PSOE). Miembro del Consejo de Redacción de la revista 'Nosotras'. Columnista habitual del periódico comarcal semanal 'Canfali Marina Alta' y Periodistas en Español ('Al hilo de...').

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