Peligra el libre albedrío

Cuando tengo esta foto de Jürgen Heinemann delante mientras me dispongo escribir este texto me baja el enésimo boletín de noticias del día. “Actividades proselitistas del fin de semana”, leo en un titular que me llama al punto la atención. No puedo evitar que me intranquilice, pues entre el proselitismo y un servidor “hay algo personal”.

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. Weltausstellung der Photographie, ed. Karl Pawek, Verlag Henri Nannen, Hamburgo, 1964
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. Weltausstellung der Photographie, ed. Karl Pawek, Verlag Henri Nannen, Hamburgo, 1964

 

Busco la fuente de prensa de la noticia y respiro tranquilo con un inmenso desahogo cuando veo que la noticia trata simplemente del programa de actos de una gira electoral de la campaña de las presidenciales en la República Dominicana. Se nota que allí la voz ‘proselitismo’ tiene una acepción particular, menos temible: no pretenden ganar adeptos -o lavar cerebros, ay, todo hay que decirlo-; solo buscan captar votos.

‘Proselitismo’, ‘prosélito’, ‘secta’: qué dice el DRAE

’’Celo de ganar prosélitos”, define el DRAE ‘proselitismo’ en la primera acepción de esta palabra. La segunda dulcifica un poco el sentido del término, pero no está muy extendido este significado: “cuidado, diligencia, esmero que alguien pone al hacer algo”. La tercera y última acepción retoma la línea dura: “interés extremado y activo que alguien siente por una causa o por una persona”.

La misma tónica, dar una de cal y otra de arena, es la que aplica el DRAE en las dos definiciones que ofrece de ‘prosélito’: “persona incorporada a una religión” (la primera) y “partidario que se gana para una facción, parcialidad o doctrina”(la segunda).

Sektenprediger , ‘predicador de una secta’ titula el fotógrafo esa foto que hizo para el semanario alemán Stern hace unos cincuenta años en una calle de Sâo Paulo.

‘Secta’ según en DRAE, es: “Conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica” (1), “Doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra (2), “Conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa” (3). Estas tres acepciones son claramente mejoradas en otras definiciones alternativas como:

-“Grupo de personas, generalmente dirigidos por un líder, que son seguidores de una doctrina religiosa que se separa de la considerada ortodoxa: la Inquisición perseguía a las sectas heréticas .”

-“Grupo de personas que viven en comunidad bajo la dirección de un líder religioso o una cúpula directiva que en realidad esconde fines lucrativos.”

-“Conjunto de personas que profesan una doctrina filosófica, política, etc., que disiente de otra generalmente aceptada.”

-“Conjunto de los que siguen una doctrina religiosa disidente de la establecida por la Iglesia” [católica, cabe deducir; clama al cielo que académicos y filólogos influyentes hasta el punto de aportar definiciones al Diccionario limiten su cosmovisión a una sola, la de Roma, como la Iglesia].

Peligra el libre albedrío

Con independencia de que hay matices, que los tratadistas del proselitismo distinguen entre sectas inocuas y sectas destructivas, lo cierto es que la acción proselitista de las sectas acaba rondando cuando no poniendo en peligro el libre albedrío de las personas objeto de la misma.

El libre albedrío sí lo describe a la perfección a la primera el DRAE: “Potestad de obrar por reflexión y elección”.

¿Podemos deducir, a la vista de la foto que las cuatro personas que rodean con las cabezas agachadas al predicador irán a reflexionar y decidir libremente?

Quién sabe. Cincuenta años después y totalmente fuera del contexto en el que se hizo la foto, sin más datos que los del escueto pie de foto, solo podemos guiarnos en la lectura de la foto por el conjunto y los detalles de la propia imagen. ‘Leer’ una foto es eso: “Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados” (primera acepción de la palabra ‘leer’ en el DRAE).

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. Weltausstellung der Photographie, ed. Karl Pawek, Verlag Henri Nannen, Hamburgo, 1964
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. Weltausstellung der Photographie, ed. Karl Pawek, Verlag Henri Nannen, Hamburgo, 1964

Ahí estamos.

¿Predicador o charlatán?

Reconozco que no es inocente el titular que he puesto a esta séptima entrega de “Leyendo fotos”, Acoso al libre albedrío . De haber sido este un artículo informativo no habría sido del todo ético, pero este es un artículo de opinión y lo ‘opinativo’ no es contar lo que pasa, sino expresar lo que uno piensa. Más cuestionable, o menos “religiosamente correcto” -aunque éticamente igual de válido y desde luego más periodístico- hubiera sido titularlo Charlatán captando adeptos . Pero para no herir susceptibilidades religiosas opté por la forma impersonal, conceptual, de Acoso al libre albedrío.

Weltausstellung der Photographie, ed. Karl Pawek, Verlag Henri Nannen, Hamburgo, 1964
Weltausstellung der Photographie, ed. Karl Pawek, Verlag Henri Nannen, Hamburgo, 1964

Esta foto de Jürgen Heinemann me ha marcado desde que la vi por primera vez a mediados de los años sesenta en mi época de estudiante de Fotografía en Alemania.

Forma parte de la Weltausstellung der Photographie, la magna exposición mundial de la fotografía que produjo Karl Pawek para el semanario alemán Stern bajo el lema Was ist der Mensch? (“¿Qué es el hombre [el ser humano]?”) que llevaba incluida la respuesta: Eine Antwort in 1.509 fotos , “Una respuesta en 1509 fotos”.

Pasemos a la lectura de la foto por partes para recomponer la imagen completa.

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)

Empecemos por el elemento principal de la foto: la cara del predicador. ¿Transmite ese gesto algún mensaje de esperanza?, ¿algún signo de ‘buena noticia’? ¿Alguien es capaz de imaginarse a esta persona acariciando a un niño, dando un abrazo a una ancianita?…

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)

Esa biblia enarbolada en su mano derecha sobre las cabezas de las personas en vías de ser captadas -‘desafiadas’ a tomar una decisión, en la jerga proselitista-, ¿trae a la mente del lector de la imagen algo del contenido del libro, como puede ser el Salmo 23 o las parábolas de Jesús, o la propia circunstancia posicional del objeto, ahí enarbolado? (‘Enarbolar’: “Levantar en alto estandarte, bandera o cosa semejante, o algo con lo que se amenaza a otra persona”, DRAE).

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)

La otra mano en alto con la palma hacia abajo emula ser mano como que trae “bendición” de lo Alto. Ignora obviamente las liturgias clásicas que no permiten alzar la mano en vano ni más arriba de los labios, lo cual, además de restar esa imagen a veces tan rayana en lo “circense”, demuestra  respeto a los que están atrás al no quitarles la visión de lo que está delante.

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)

Impone ese instante de silencio en el que el enardecido predicador ha detenido momentáneamente su prédica -¿se habrá olvidado acaso de cómo sigue el guión?- mientras las personas más próximas le escuchan con forzada devoción.

La fuerza de esta imagen -que sería cómica si no fuera patética- es que ilustra a la perfección el concepto ‘charlatán’ por asociación a los gestos y no a las voces.

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)

 

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)

Se hace difícil no sospechar que los candidatos a nuevos ‘conversos’ tan atentos con las cabezas inclinadas no sean acaso ‘colaboradores’ del predicador que están ahí actuando como gancho para que otros les sigan cuando al término de la predicación hagan gestos estentóreos de nuevos ‘conversos’.

El fotógrafo, y con él el observador de la foto, se acerca a la escena en un discreto segundo plano, lo suficientemente cercano para prestar atención a lo que sucede pero desde la distancia prudencial para conservar la perspectiva de la escena completa.

© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)
© Jürgen Heinemann, “Predicador de una secta en una calle de Sâo Paulo”, s/f. (detalle)

La foto es todo un ensayo. Jürgen Heinemann hace plena justicia con esta foto a los cinco sentidos del periodista que postuló Ryszard Kapuscinski: “estar, ver, oír, compartir y pensar”.

Al lector de la foto ya solo le queda… pensar.

Iglesias y sectas

El tema de fondo que subyace a la foto no es otro que dónde acaba la iglesia y empieza la secta.

Max Weber identifica la diferencia entre ‘sectas’ e ‘iglesias’ sobre la base de sus mecanismos de crecimiento. Así, iglesias son aquellas en las que se hereda una identidad cultural, mientras sectas son comunidades dinámicas en las que el individuo, debido a una decisión personal y sólo después de un minucioso examen por parte de la dirección de la secta, se afilia.

Esta no muy conocida tesis weberiana abre la puerta no solo al debate sobre la evangelización -¿predicar el Evangelio entra en conflicto ‘sectario’ con la ”identidad cultural” del entorno en el que se lleva a cabo?-, sino a situaciones de serio conflicto sociológico y enconada confrontación ideológica.

El adoctrinamiento a que someten las sectas a sus miembros cambia, a veces de manera dramática, su forma de relacionarse con el mundo exterior, el mundo de los demás mortales… al que vino Jesús a vivir en él y salvarnos a todos. Las ideologías religiosas de las iglesias están en consonancia con el entorno social de la comunidad en la que están presentes, al contrario de las de sectas, que se oponen ideológicamente a su entorno social -de ahí que en muchos casos sean vistas como “extranjerizantes”-.

La anulación de la propia personalidad, el pensamiento crítico, la capacidad de discernimiento, pone muy entredicho, a veces en flagrante infracción el respeto a los derechos humanos en los entornos de las sectas más radicales. La expresión ‘lavado de cerebro’ apunta directamente a las técnicas de manipulación de las sectas.

Para terminar, traemos aquí dos citas de referencia. Una, del psicólogo especializado en sectas Michael Langone sobre las técnicas antiéticas de manipulación de las sectas para persuadir y controlar las conciencias y otra del escritor y expresidente de la República Dominicana Juan Bosch sobre la diferencia entre acción evangelizadora y acción proselitista:

 Secta es un grupo o movimiento, que exhibe una devoción excesiva a una persona, idea o cosa y que emplea técnicas antiéticas de manipulación para persuadir y controlar (a sus adeptos); diseñadas para lograr las metas del líder del grupo; trayendo como consecuencias actuales o posibles, el daño a sus miembros, a los familiares de ellos o a la sociedad en general. […] Dado que la capacidad para explotar a otros seres humanos es universal, cualquier grupo puede llegar a convertirse en una secta. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones institucionalizadas y socialmente aceptadas, tienen mecanismos de autorregulación que restringen el desarrollo de grupúsculos sectarios.” Michael Langone, 1988.  

“…la acción evangelizadora respeta la conciencia del evangelizado, porque la fe ofrecida es libre y porque la respuesta que se espera al mensaje ofrecido debe estar igualmente exenta de coacción. La acción proselitista, por el contrario, ha perdido el respeto a la persona a la que se dirige e intenta por todos los medios, sin escrúpulos, alcanzarla y atraerla a la propia causa.”  Juan Bosch, s/f.

Esta serie se publica también en Protestante Digital/Magacín

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Fallece en diciembre de 2014, siendo editor adjunto de Periodistas en Español. Periodista, fotógrafo, profesor y consultor de medios. En la profesión desde 1966. Perteneció a las redacciones de 'Gaceta ilustrada', 'Cuadernos para el Diálogo", 'El Periódico" y 'Tiempo'. En 1982 funda FOTO, revista que edita y dirige hasta 2009 (287 números). Fue vocal por el sector de la Fotografía en la Comisión Redactora del Anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual de 1987. Profesor de Fotografía de la Universidad Nebrija (1997-2001). Desde 2000, vinculado a la Escuela Superior de Publicidad. Autor de 'Fotografía Creativa', guía didáctica de un curso en una plataforma 2.0 (282 págs., Maren, Madrid, 2010). Su exposición fotográfica antológica 'Manuel López 1966-2006' va camino de 40 itinerancias por España y América.

1 Comentario

  1. ¿Iglesias y/o sectas? me encantaría que el DRAE, de una puñetera vez, colocase ambas voces como sinónimos en el correspondiente diccionario.
    Con respecto al proselitismo, sólo hay una excepción, la de las iglesias hinduistas (que ni siquiera son iglesias) porque esa religión no concibe el proselitismo y, por lo tanto, muestra respecto a todos los demás, ateos incluidos, lo que no hace ninguna otra religión organizada.

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