“Pequeñas mentiras para estar juntos”, de Guillaume Canet

“Pequeñas mentiras para estar juntos” («Nous finirons ensemble»), secuela de «Pequeñas mentiras sin importancia”, es “la banda Canet” de nuevo y escasamente nueva.

Pequeñas mentiras para estar juntos poster
Pequeñas mentiras para estar juntos poster.

El director y actor Guillaume Canet cuenta otra vez con su pandilla de amiguetes, un puñado de buenos actores encabezados por su compañera sentimental, Marion Cotillard (“De óxido y hierro”, “La vie en rose”) y de la que forman parte François Cluzet (“Intocable”), Benoît Magimet (“La pianista”), Gilles Lellouche (“Conexión Marsella”), Jean Dujardin (“The artista”, “Un hombre de altura”), Pascale Arbillot (“50 primaveras”), Valerie Bonneton (”Las horas del verano”) y Laurent Lafitte (“Un pueblo y su rey”), para hacer algo a caballo entre el drama y la comedia agridulce sobre la amistad: un género que el cine francés adora aunque no siempre sale como se esperaba.

La calidad demostrada de los intérpretes no significa, en este caso, calidad en el producto final, que más parece una serie de capítulos mal hilvanados de alguna sitcom (comedia de situación) que una película.

Max, arruinado y algo deprimido, regresa a su casa de verano de Cap Ferrat, junto al mar, para venderla, tras haber fracasado en un negocio. Es el peor momento para que lleguen sus viejos amigos, que han pasado en ella grandes momentos y aparecen por sorpresa para celebrar su 60 cumpleaños. Max se empeñará en convertir el encuentro en una comedia sobre la felicidad, que suena muy falsa.

Después de tres años sin verse, van a comprobar lo que queda de la antigua amistad. Los hijos han crecido, han llegado personajes nuevos a las familias, no todos los amigos siguen teniendo las mismas prioridades… todos estos acontecimientos de la vida “normal” se cuentan en una serie de sketchs inconexos y sin encanto, adobados con diálogos sin gracia.

Canet ha recreado una especie de vivero de “bobos” (burgueses bohemios) narcisistas, que pasan veinticuatro horas trasegando vino blanco y ostras con aire despreocupado, aunque sin poder ocultar preocupaciones de dinero y estatus escondidas en oleadas de sentimentalismo

Moraleja: es solo el tiempo que pasa con resultados diversos.

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Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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