Schommer, al fin

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(C) Alberto Schommer. Autorretrato
(C) Alberto Schommer. Autorretrato

“Mucho me temo que hay Schommer para rato”, tengo escrito en diciembre de 1989 en FOTO con ocasión de la exposición que Alejandro Castellote le organizó en el Círculo de Bellas Artes, “Alberto Schommer. Retratos 1969-1989”. Con esta exposición despedíamos la apasionante, emblemática década de los ochenta, en la que la fotografía en España consumó el salto de ser considerada como mero oficio al reconocimiento pleno como arte.

Así, la solvencia de obra de los fotógrafos más destacados, la fuerza del propio medio fotográfico y, en no menor medida, la labor de unos cuantos pioneros en la divulgación y agitación cultural sacaron a la fotografía del gueto del salonismo a las paredes de las grandes salas de exposiciones en una movida –nunca mejor dicho- que de hecho la venía a poner en el camino del último tramo del  último viaje hacia la plena homologación del hecho fotográfico: la entrada a los museos, y por la puerta grande.

Alberto Schommer. Portada de FOTO, diciembre de 1989
Alberto Schommer. Portada de FOTO, diciembre de 1989

De Alberto Schommer escribía Castellote en la primera línea de su texto de presentación -“Schommer por sorpresa”-: “Alberto Schommer es, sin duda, el fotógrafo más conocido en España fuera del ámbito profesional”. Contextualizaba esta declaración rotunda de la talla del personaje con un certero retrato de la situación del binomio medio-autores: “En cierto modo, [Schommer] es un caso aislado ya que, al menos en España, sobreviven las imágenes y no los autores”.

Políticos en campaña. (C) 1977 Alberto Schommer. FOTO nº 1, enero de 19832
Políticos en campaña. (C) 1977 Alberto Schommer. FOTO nº 1, enero de 19832

La excepcionalidad del caso de Schommer estaba cantada: “La fuerte personalidad que destilan sus retratos hacen reconocible su obra, independientemente del medio donde haya sido publicada.”

Dedicamos al maestro el porfolio principal, la portada y, para reafirmar la singularidad de la exposición, también la Carta del director. Carta que por su interés documental, ahora que al fin le llega a Alberto Schommer el Premio Nacional de Fotografía, reproducimos aquí:

Schommer por Umbral. FOTO, nº 0, marzo de 1982
Schommer por Umbral. FOTO, nº 0, marzo de 1982

 

De nuevo, Schommer

Como “un Velázquez que hubiera visto a Magritte”, “un realista con el corazón a vanguardias”, definía Francisco Umbral a Alberto Schommer en el número 0 de FOTO Profesional (“Schommer por Umbral”, “Umbral por Schommer”). Estábamos en marzo de 1982. Con anterioridad -julio de 1981-, Alberto nos cedió fotos de su libro guipuzcoano (El grito de un pueblo) para su publicación en la revista con la que me estrené como director, PHOTO español. En el número 1 de FOTO Profesional (enero de 1983) dedicamos a los retratos de los candidatos a las [primeras] elecciones [democráticas de 1977] una página de honor: “Simplemente Schommer”.

Está claro que la referencia schommeriana al comienzo de los años ochenta era de obligado seguimiento.

Luego vino el “boom”. Nuevamente reclamé la colaboración del fotógrafo español vivo más famoso para que nos acompañara al almuerzo del ministro de Cultura Javier Solana que organizamos con fotógrafos profesionales (FOTO Profesional, números 7 y 8-9, julio y agosto-septiembre del mismo año [1983]), así como a la audiencia que el rey don Juan Carlos concedió a la Confederación de Fotógrafos Profesionales de España (número 11, noviembre del mismo año).

Luego, el esperado “boom” del hecho fotográfico en nuestro país vino por sí solo, tal y como nos había advertido el ministro Solana: “La fotografía se va a extender en España como una balsa de aceite”. Una pléyade creciente de autores jóvenes saltaron a la palestra y encarnan hoy -es de justicia reconocerlo- la renovación de la fotografía española.

¿Qué ha pasado con el veterano Schommer durante esta década? ¿Cómo es posible que le siga siendo negado el Premio Nacional de Artes Plásticas?* ¿Qué razones ocultas habrán confluido para negarle esa muestra antológica en el Centro de Arte Reina Sofía? ¿Por qué diablos no ocupa un sillón en la Real Academia de Bellas Artes?**

Cuando las instituciones públicas se obstinan en negar la evidencia de la realidad, la iniciativa privada acaba arreglando las cosas. Alejandro Castellote, el más cualificado animador de la cosa fotográfica en la capital, hace justicia a la impresionante obra del maestro Schommer con la organización en el Círculo de Bellas Artes de una exposición ‘monstruo’ con la que despedimos esta década. Nunca es tarde…

Schommer ha permanecido un tanto en la sombra en los ochenta. Pero mucho me temo que hay Schommer para rato. Las fotos de Alberto –está escrito en el número 1 de esta revista- siguen sin necesitar firma. La más que asegurada afluencia de público en la exposición de Schommer a partir del próximo día 12 de diciembre será el inequívoco termómetro de la vigencia del más famoso de nuestros fotógrafos.

Manuel López (Carta del director. FOTO Profesional, diciembre de 1989).

* El Premio Nacional de Fotografía no se convocaría hasta 1994 con Carmen Alborch como ministra de Cultura. Schommer esperaba recibirlo el primero, pero el jurado, del que formé parte, optó por concedérselo a Gabriel Cualladó. Uno de los candidatos más cualificados, Joan Fontcuberta, entendió perfectamente nuestra decisión, a la que procede añadir el matiz de una de las propuestas de un servidor: que se homologase de pleno el de Fotografía a los demás Premios Nacionales, equiparando su dotación económica, muy inferior en las primera edición y plenamente equiparada cuando fue concedido a Fontcuberta cuatro años después en 1998. Schommer, al contrario, acabó sintiendo el olvido cuando no un ‘rechazo’ a su obra y su persona por los jurados sucesivos.

** No fue en 1996, como se está publicando erróneamente en los medios, sino en 1998, concretamente la tarde del domingo 26 de abril de 1998, cuando Alberto Schommer lee su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes. Fue un gran día para la fotografía, y lo fue por doble partida. Cara a la opinión pública, en Madrid el ingreso del segundo fotógrafo como académico de Bellas Artes después de Alfonso Sánchez Portela, Alfonso. Puertas adentro, la reunión del Foro de Editores Gráficos en la que, después de una serie de reuniones desde 1995, lanzamos el Manifiesto sobre la edición fotográfica en la Prensa en el Pazo de Mariñán de A Coruña, desde donde volé a Madrid para no dejar de estar presente con Schommer. Un fotógrafo que entra en la Academia y el temprano Manifiesto de referencia sobre la edición gráfica en los medios que es alumbrado en los albores de la era digital. Más no se puede pedir en un mismo día.

(“Elogio de la fotografía.” Discurso de Alberto Schommer en su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes. FOTO/Extra, junio de 1998)



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