Tomás Eloy Martínez: el escritor de la argentinidad

Recuerdos a diez años de su muerte

Parece que fue ayer cuando murió Tomás Eloy Martínez, su trayectoria fue tan intensa como su pasión por el periodismo y la literatura.

Tomás Eloy Martínez
Tomás Eloy Martínez

Nació en Tucumán el 16 de julio de 1934 y murió el 31 de enero de 2010. Cursó estudios de Humanidades en la Universidad de Tucumán y obtuvo una maestría en Literatura en la Universidad de París. Fue escritor, periodista, guionista, hombre de la cultura y un argentino preocupado por el destino de su patria.

En el periodismo cubrió los más altos cargos, fue editor de noticias en el informativo Telenoche, de la revista Primera Plana, de Página 12; colaboró en diversos periódicos como columnista, entre ellos El País y La Nación. Tuvo una fuerte participación en la denuncia de abusos de poder, durante la década de los setenta, a raíz de ello, debió exiliarse en Venezuela entre 1975 y 1983, donde fundó el Diario de Caracas. Luego, en México, puso en marcha Siglo 21, en Guadalajara.

Incansable en su labor periodística, fue reconocido con el Premio Ortega Gasset y fue Miembro de Número de la Academia Nacional del Periodismo, en Argentina; asimismo, Premio Konex a las Letras en 2004. En 2005, por el conjunto de su obra, fue finalista del Man International Booker Prize y en 2008 obtuvo el Cóndor de Plata (Oscar argentino) por su actividad como guionista y comentarista cinematográfico.

En la última etapa de su vida vivió en Estados Unidos, donde desarrolló una amplia actividad docente como profesor de la Universidad de Rutgers, impartió conferencias en diversos medios académicos y promovió sus libros, que alcanzaron nivel internacional.

Su primer novela, Sagrado (1969), fue el comienzo de una importante carrera literaria, que se continúa con: La mano del amo (1991), El vuelo de la reina, que obtuvo el Premio Alfaguara en el 2002, El cantor de tango (2004) y Purgatorio (2008).

Sin duda, sus novelas mas famosas son: La novela de Perón (1985) y Santa Evita (1995) donde, con maestría y como testigo de los hechos, describe un mural de la situación sociopolítica argentina y profundiza en estas dos personalidades que marcaron el rumbo histórico de Argentina. Son novelas de indagación de la identidad nacional, donde se siente la sangre y el dolor del país.

A su tarea literaria se suma la de ensayista y hombre de la cultura, escribe sobre cine: La obra de Ayala y Torre Nilsson, Estructuras del cine argentino, y relatos testimoniales como La pasión según Trelew (1973), Lugar común la muerte (1979), entre otros libros de crónicas.

Ya era un periodista de renombre en la Argentina cuando me lo encontraba en alguna celebración o evento. Años más tarde, en Nueva York, pudimos hablar en varias ocasiones por teléfono, él enseñaba en New Jersey, y tratamos de coordinar encuentros para una entrevista que nunca se produjo. En nuestras conversaciones surgía Argentina, Borges, la cantidad de invitaciones que tenía de Universidades. Yo trabajaba en el Diario La Prensa, el primer diario hispano de Estados Unidos, quería hacerle una entrevista y él también quería, porque era un diario con un fuerte impacto social y consideraba muy importante su presencia para los hispanos en New York; ese asunto nos derivaba al tema de la inmigración y a cómo nos sentíamos como argentinos en Estados Unidos. Tomás trabajaba tanto que no tenía tiempo para la nostalgia, pero los dos la sentíamos.

Lo llamé especialmente en ocasión de su premio Cóndor de Plata en el 2008, por su labor de guionista en cine y su tarea de crítico. Yo había recibido el premio en el 2004, y me emocionó cuando me dijo que mi premio era el que tenía que festejar, por toda mi niñez dedicada al cine y al teatro, pionera de la televisión y un icono de la juventud argentina. Me emocioné mucho con sus comentarios y me di cuenta de lo mucho que le gustaba el cine y cuánto sabía al respecto. Había escrito guiones y era un comentarista cabal del mundo fílmico. Aparecieron nombres de actores, directores y nos invadió el recuerdo. Yo alcancé a decirle cuánto me había conmovido Santa Evita, best seller internacional con diez millones de copias, traducida a treinta lenguas, considerada por Mario Vargas Llosa como una ”novela maestra”. Sin duda, una novela donde el límite entre realidad y ficción se entreteje con la vida misma y donde vibra la emoción del recuerdo y de los hechos vividos, junto con la investigación periodística y la imaginación del escritor. Relato apasionante de la travesía de esta mujer memorable, Evita, y de los cuestionamientos de la “Argentinidad”, que los dos sentíamos en nuestro corazón.

Mi última llamada fue para invitarlo a que diera una conferencia en Miami, en el Centro Cultural Español, pero estaba desbordado de invitaciones, su salud se estaba deteriorando y había una mudanza a Argentina. “No sabes Adrianita, lo que lamento no poder ir a Miami. Me hubiera gustado mucho”. Yo no sabía que tenía cáncer y que su lucha por la vida era tan fuerte, tampoco sabía que su muerte estaba tan cercana.

En Argentina deseaba crear una fundación para estudio de la literatura y el periodismo, quería que los jóvenes tuvieran oportunidades y un lugar para su orientación. Así, surge la Fundación TEM, de la mano de sus hijos y con el apoyo de los escritores Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Paul Auster; con su status legal, funciona en Carlos Calvo 4319, primer piso, en el barrio de Boedo, de la capital.

Cuando vuelva a Buenos y Aires, querido Tomás, iré a visitar tu fundación, haré la entrevista que no hicimos y veré los libros que me contabas que tenías en tu biblioteca, sentiré tu espíritu incisivo, franco y sensible, y me dedicaras Santa Evita, como me lo prometiste.

Te queremos y te recordamos.

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