62 Festival San Sebastián: Chica mágica española, crimen de las multinacionales en Paquistán y marginalidad en Francia

“Magical girl” es la segunda  película  del director español Carlos Vermut, quien firmó anteriormente “Diamond flash” en donde jugaba ya con la mezcla de géneros cinematográficos. Aunque de excelente factura y con la presencia del veterano José Sacristán, quien es siempre un valor añadido, el sinuoso relato de “Magical girl” resulta mas un juego formal con algunos hallazgos que un relato de verdadero interés.

José Sacristán. Foto: Gorka Estrada
José Sacristán. Foto: Gorka Estrada

El guión está construido  en forma de rompecabezas, para que el espectador vaya poco a poco atando cabos, y se imagine una historia que es tan solo sugerida con algunos detalles y de la que tenemos pocos elementos de información.

Vermut mezcla el género negro, el suspense de una poco convincente historia de chantaje, el misterio de una mujer trastornada, probablemente sadomasoquista, y algunas pinceladas  de tono social, en el contexto de la crisis económica actual, con el personaje de un profesor en paro y de su hija enferma de leucemia que sueña con ser un personaje mágico de manga japonés. La niña es, en efecto, lo más luminoso y original de la película.

El contexto social se reduce a algunas reflexiones  sobre la venta de libros al peso, la Constitución española, que nadie lee y al personaje de un hombre desempleado. Hablando  de las corridas de toros, un personaje nos dice que “España no ha  resuelto el conflicto entre lo racional y lo emocional”, en todo caso, “Magical girl” es una película  bastante fría y cerebral.

“Tigers” del director bosnio Danis Tanovic es una coproducción  internacional (India, Francia, Reino Unido) que nos habla de como una multinacional de la alimentación mata bebés en Paquistán al comercializar su leche en polvo, a sabiendas de que la mayoría de las madres en ese país no tienen acceso al agua potable para diluir dicho producto.

La película  nos habla de un hecho real y de la firma Nestlé, que en la ficción se llama Lasta, aunque en las imágenes documentales utilizadas aparece la referencia a Nestlé, lo que probablemente traerá problemas jurídicos a sus productores. Pues cabe señalar que Tanovic  recurre a un guión de esos en los que un equipo de  cine va a filmar un documental sobre ese escándalo.

El tema repleto de buenas intenciones, es el de un cine de denuncia de la criminal acción de las multinacionales de la industria farmacéutica y alimentaria en el planeta. La película nos habla de la lucha ejemplar de un hombre, un paquistaní que puso en peligro su vida y su familia para denunciar un atroz escándalo todavía hoy ocultado y minimizado,

Si el tema merece amplia difusión, desde un punto de vista cinematográfico la película de Tanovic,  rodada en India y muy diferente de su obra anterior, tiene sin embargo la estructura y la patina formal de un telefilm. Personalmente hubiera apreciado más un documental bien argumentado, que una ficción estilo bollywood, con personajes arquetípicos y que busca la emoción en cada plano.

“Vie sauvage”, vida salvaje,  del director francés Cedric Khan, es una brillante propuesta sobre el tema de la marginalidad a través de una historia real: Philippe Fournier, apodado Paco, un padre algo hippie y marginal, que vive como la gente nómada con su mujer y sus  tres hijos. Uno que tenía ella, y dos que hicieron juntos .

La crisis de la pareja, cuando ella quiere instalarse en una vida sedentaria provoca una  ruptura  brutal, que es filmada con brío y cámara móvil por Cedric Khan. Pero como suele suceder en estos casos, los hijos son objeto de guerra y discordia. Ante la sentencia favorable a la madre, el padre decide escaparse con sus dos hijos de seis y siete años y durante largos años vive escondido, llevando una vida ruda y en contacto con la naturaleza.

Ese hombre irascible y marginal –con la excelente interpretación de Mathieu Kasovitz–  decide  enseñar  a leer y a escribir a sus hijos, sin enviarlos a la escuela, ya que lo obligatorio según la ley es la educación pero no la escuela. La huida de ese personaje con dos niños pequeños en la Francia contemporánea es un hecho real que resulta  insólito y en efecto muy cinematográfico.

Solamente cuando los hijos llegan a los 18 años, y pasan por una crisis de adolescencia y de choque con el padre, saldrán finalmente de la clandestinidad, y el padre será detenido. Sin embargo los hijos defienden al padre y reclaman a la madre que retire la denuncia.

Cedric Khan plantea con buen equilibrio esa complicada cuestión de las separaciones conflictivas, en donde como en toda guerra, cada cual tiene sus razones. La madre que pasó doce años sin ver a sus hijos y que aparece como un personaje inestable, el padre, por el que sentimos cierta empatía, al rechazar una sentencia que consideraba injusta.

“Vida salvaje” es pues una buena  sorpresa en la recta final,  y forma parte  de las películas que más he apreciado de esta competición oficial 2014,  junto a “Corazón en silencio” del danés Bille August;  “The drop” del norteamericano Michael R. Roskam; y “Loreak” de los vascos Jon Garaño y José Mari Goenaga, que es la que prefiero en las películas  que representan al Estado español en esta competición. Las cuatro las vería bien en el Palmarés final, y si tuviera que votar por una concha de oro,  tendría que escoger con dificultad entre “Loreak” y “Vida salvaje”. Muy diferentes pero ambas de gran valor humano y cinematográfico.

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