Energía solar aporta seguridad a pobladores amazónicos en Brasil

La electricidad es indispensable para el bienestar y la prosperidad de las comunidades ribereñas tradicionales de la Amazonia, comprueba la experiencia de la comunidad Santa Helena del Inglés, en la orilla derecha del río Negro, en el norte de Brasil, informa Mario Osava (IPS) desde Manaus

La seguridad energética es igualmente necesaria. Las treinta familias locales recibieron en 2012 la «Luz para todos», un programa gubernamental que tiende cables y postes para llevar electricidad a poblados pobres y aislados del país.

Pero cruzar centenares de kilómetros de los bosques amazónicos es un riesgo permanente. La caída de árboles, las intemperies y los rayos privaron los pobladores ribereños de energía muchas veces.

Tres, cuatro o cinco días sin luz es fatal, adiós alimentos frescos o congelados, internet y otras necesidades, lamenta Lucilene Ferreira de Oliveira, de 39 años y ocho hijos, cocinera de la posada Vista Río Negro y de bocaditos y comidas ya listas que elabora en su casa.

La solución fue reforzar la energía de la red integrada con una planta de 132 paneles fotovoltaicos y 54 baterías de litio, en un proyecto impulsado por la no gubernamental Fundación Amazonia Sostenible (FAS), que eligió Santa Helena como un modelo para otras comunidades ribereñas aisladas.

Turismo ecológico

La electricidad segura permitió promover el turismo ecológico favorecido por la exuberancia de la naturaleza local y la proximidad del archipiélago de Anavilhanas, un parque nacional con vistas muy atractivas, y de Manaus, la capital del estado de Amazonas, con 2,2 millones de habitantes, un polo de gran flujo empresarial y turístico.

La posada Vista Rio Negro, con ocho habitaciones, es una empresa comunitaria que emplea a seis trabajadoras locales en la cocina y otras tareas, en dos equipos de tres que se turnan a cada cuatro días, además del gerente Keith-Ivan Oliveira y la asistente de comunicación Elizabeth Ferreira da Silva, de dieciséis años y alumna de la enseñanza básica a distancia.

La electricidad viabilizó el acceso a internet y por tanto las clases virtuales. Los estudiantes ya no tienen que trasladarse a Manaus, solo accesible por vía fluvial. Una embarcación rápida lleva una hora y media para cruzar los 64 kilómetros de distancia. «Ahora solo tienen que ir a Manaus para hacer las pruebas», celebró Oliveira.

Pero antes del ecoturismo vino la pesca en escala comercial como principal fuente de ingresos. Para eso el gobierno demarcó en 2008 el territorio que comprende Santa Helena y otras dieciocho comunidades ribereñas como la Reserva de Desarrollo Sostenible (RDS) del Río Negro, de 103.086 hectáreas.

RDS es un área de preservación en que se permite el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales por sus pobladores tradicionales, como en general son los ribereños amazónicos.

Recursos naturales

El reconocimiento de la reserva concedió la exclusividad pesquera en el tramo aledaño del río Negro, antes sometido a una explotación a veces depredadora de empresas del sector. Ahora casi todas las familias locales poseen barcos con un potencial de carga de cinco toneladas, con una excepción de dieciocho toneladas.

Pero solo pescan en los meses permitidos a cada especie, para no afectar la reproducción y la disponibilidad piscícola.

La RDS nació de un movimiento de los ribereños por sus derechos como pueblos tradicionales, después que once de ellos fueron encarcelados por la extracción ilegal de madera. Un largo proceso de negociación con las autoridades del estado de Amazonas culminó en la creación del área de conservación con la actividad extractiva controlada.

Las comunidades pueden extraer madera pero con manejo forestal y límites aprobados.

Una fábrica de hielo, en fase final de construcción, deberá incrementar la productividad y los ingresos de la actividad pesquera de Santa Helena. Tendrá capacidad para producir tres toneladas diarias y representará la independencia de la comunidad en relación a los proveedores de hielo de Manaus.

Una nueva planta de 84 paneles fotovoltaicos, ya instalada, proveerá la electricidad necesaria a la producción de hielo.

Además del costo, muchas veces los ribereños perdieron el pescado debido a la demora en la obtención del hielo o la falta del producto. Con la fábrica, el hielo deja de constituir un limitador de la pesca y pasa a rendir ingresos para toda la comunidad, además de generar cinco empleos fijos y la posibilidad de ayudar a las comunidades vecinas.

«El rio es vida, pero sin energía no funciona», sostiene el presidente de la comunidad Santa Helena, Nelson Brito de Mendonça.

Pero el rio, más bien sus aguas, también gobierna la vida de los ribereños. Una fuerte sequía en dos años seguidos golpeó la pesca y obligó a la posada a suspender sus actividades entre agosto y diciembre de 2024.

El río, que suele arribar a las puertas de la posada, se alejó centenares de metros, hasta que las aguas comenzaron a volver paulatinamente a su nivel desde finales del año pasado, gracias a la llegada de las lluvias. Lo que todavía no han regresado son los turistas, pero los pobladores esperan que lo hagan pronto.

Las dos plantas de energía solar forman parte de un programa de la Fundación Amazonia Sostenible (FAS), que busca consolidar y difundir modelos de desarrollo sostenible para comunidades ribereñas amazónicas.

Otro ejemplo es una comunidad en el municipio de Carauari, a siete días de Manaus por barco, una planta fotovoltaica de 80 paneles se destina a fomentar la producción de aceites de frutas nativas da la Amazonia, como la andiroba (Carapa guianensis) y el murumuru (Astrocaryum murumuru).

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