En esta época nuestra, de tantos quehaceres y actividades, pareciera que no hay tiempo para descansar bien.
Pero por increíble que parezca, quienes vivían en la Edad Media y carecían de tantas cosas que ahora tenemos, también se sentían agotados y su sabiduría sobre cómo afrontarlo sigue siendo sorprendentemente válida hoy en día.

Un artículo de David Robson publicado por la BBC este 14 de julio, sobre la investigación del científico inglés Peter Jones, advierte que de ellos podemos aprender a prevenirlo.
Jones hizo su estudio tras una crisis personal siendo profesor de Historia en la Universidad de Tyumen, en Siberia; las temperaturas bajo cero provocaron que perdiera la sensibilidad en sus piernas y además tenía problemas con el idioma ruso y extrañaba a la familia que había dejado en Dublín.
Estaba diseñando un curso sobre los Siete Pecados Capitales, cuando empezó a encontrar ecos de su propia infelicidad en los relatos medievales que estudiaba.
«Vi que pasaron exactamente por lo mismo que nosotros, señala, los sentimientos siempre han sido los mismos y la gente ha sufrido las mismas crisis».
Agrega Jones, que los pecados capitales no aparecen en la Biblia; fueron formulados por pensadores cristianos primitivos como el monje Casiano quien, leo en Wikipedia, fue un sacerdote cristiano del siglo quinto, nacido en la actual Rumania alrededor del año 360 y famoso por fundar conventos para hombres y mujeres en Marsella y trasmitir lo que aprendió en Egipto de los grandes anacoretas, que escribe que los primeros cristianos se sentían exhaustos por sus esfuerzos para lograr tener vida espiritual.
Y sus síntomas eran los mismos que los actuales: cansancio y desesperanza, ganas de estar en cualquier lugar menos en el trabajo y confusión que hacía que se sintieran inútiles y anhelaran el consuelo del sueño.
¿Podrían estos relatos arrojar luz sobre nuestro malestar moderno e incluso sugerir una cura?
Pues al parecer sí.
Cuando menos, ese es el argumento del nuevo libro de Jones: Autoayuda desde la Edad Media, en el que explica la guía de los sacerdotes terapeutas para que sus feligreses pudieran superar la angustia.
Y algo que me parece terrible, es la deformación hecha por la Iglesia Católica con esos pecados mortales, amenazando a quienes los cometan con el castigo eterno; lo que ha sido y sigue siendo fuente de permanente angustia para miles de millones de seres humanos.
Siendo que esos pecados capitales, orgullo, envidia, ira, pereza, avaricia, gula y lujuria, fueron establecidos por el papa Gregorio Magno no para ser castigados, sino como herramienta para comprender los trastornos mentales que conllevan y ayudar a los feligreses a encontrar la mejor manera de superarlos.
Aparecieron para eso los monjes terapeutas y manuales de ayuda que Jones sostiene se asemejan mucho a las actuales terapias para curar lo que entonces se llamaba acedía; que es la ausencia de amor, el vacío del espíritu; lo que sucede «cuando todo aquello que antes alegraba tu día, te deja frío e indiferente».
Y lleva a la pereza.
Pero ya desde la Edad Media la acedía era curable.
Jones rescató un texto del siglo trece, conocido como MS 306 en el Trinity College de Dublín, en el que el autor medieval la describe como «estar de pie en medio de un río caudaloso, frente a una corriente que espuma y golpea mis piernas, pero sin la energía para avanzar».
También los poemas del Archipoeta, como se conoce a un autor anónimo de la Alemania del siglo doce, detallan la enorme frustración que le producía su trabajo como funcionario del gobierno; quejas, que podrían resonar en la mente de cualquier ejecutivo moderno.
Jones no es el único historiador que ha encontrado estos paralelismos entre las dolencias medievales y modernas; hay varios más.
En su libro Exhausted (agotada), la historiadora Anna Katharina Schaffner establece una conexión directa entre la acedía descrita por los cristianos medievales y el agotamiento laboral actual; cuyos síntomas incluían la tendencia a comer compulsivamente.
«Es un círculo vicioso clásico: los académicos medievales se vuelven cada vez menos capaces de meditar y contemplar asuntos de naturaleza espiritual; son como nosotros, personas agotadas y quemadas del siglo veintiuno que se involucran en una serie de actividades igualmente improductivas».
¿Cuáles eran entonces, las soluciones?
Se aconsejaba, aprender a convivir con esos sentimientos depresivos sin luchar contra ellos, pero buscando un propósito superior capaz de ayudar a remontar los momentos difíciles.
Jones sintetiza que estos consejos pueden sonar triviales, pero recuerdan los tratamientos de hoy para el agotamiento y otros problemas emocionales.
Y menciona la Terapia de Aceptación y Compromiso, que anima a reconocer nuestras emociones sin intentar cambiarlas y a identificar nuestros valores personales y vivir de acuerdo con ellos.
«Quizás, concluye, lo más importante es que estos pensadores medievales nos recuerdan que muchísimas otras personas en muchos siglos, han vivido lo mismo; y el poder del autoperdón, otro tema recurrente en la psicoterapia moderna».


