Han transcurrido varios días (menos de un mes) de haber culminado la máxima competición del balompié mundial y aún sigue ocupando espacios en portales digitales y en redes sociales, por muchas razones.
Tuvo varias particularidades, entre esas la cantidad de selecciones participantes y los países anfitriones. Se dice que la edición de 2030 (centenaria) se jugará en seis países de tres continentes.
Algunos sostienen que la recién finalizada copa generó menor entusiasmo por falta de difusión, en comparación con la de Rusia 2018 y la de Catar 2022, lo cual, en mi opinión, no es del todo cierto. Directv, que es la propietaria de los derechos desde 1998, procuró que las más importantes cadenas de televisión del planeta pudieran transmitir la mayoría de los partidos.
Telemundo habilitó varias señales; Caracol y RCN de Colombia, que son los canales más importantes de ese país, aunque no transmitieron los 104 encuentros, difundieron los más importantes. En Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay Uruguay y Venezuela ocurrió algo parecido. ¡Ah, que por aspectos relacionados con mercadeo, muchas televisoras y radiodifusoras no pudieron transmitir, eso es otra cosa. En Venezuela, solo Televen trasmitió.
No es fácil dejar de hablar del mundial que terminó hace poco, y por eso lo usé como introducción a este tema que, como su título sugiere, está relacionado con el lenguaje deportivo, del que, por supuesto, no escapa el fútbol. Y como en las entregas más recientes he usado la palabra detalles en los títulos, esta será una continuación no seriada.
La narración y el comentario deportivos están, con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente, plagadas de impropiedades.
Ello se debe principalmente a que muchos narradores y comentaristas no tienen la preparación y el debido conocimiento para desempeñarse como tales. Se centran en emplear extranjerismos innecesarios, en «dictar cátedra» de reglamento y en mostrar conocimientos gramaticales y lingüísticos que no poseen, para exhibir su «erudición» y competir con sus compañeros de labores.
Al final de cuentas, uno no termina de saber si son narradores, comentaristas, catedráticos del idioma español o simplemente fanáticos enfermizos, que por cierto, de estos últimos hay una enorme cantidad.
El ámbito en el que eso ocurre con más frecuencia, es el fútbol. Se habla de «tiempo de descuento», «terna arbitral», «por la mínima» «gol con pelota detenida», «banda lateral», además de algunas frases hechas, que denotan poco gusto y cero creatividad.
No han podido entender que en el fútbol no se descuenta tiempo, sino se añade para compensar el que se pierde por sustituciones u otras situaciones que interrumpan el partido. Es por eso que todavía muchos narradores y comentaristas están empecinados en hablar de «tiempo de descuento».
Además, es muy frecuente oír a algunos: «Estamos a la espera del tiempo que añadirá el cuarto árbitro», lo cual demuestra desconocimiento, ya que el tiempo que habrá de reponerse, no lo decide él, sino el árbitro principal, aunque ahora con lo del VAR, a veces el principal dice una cosa y desde esa instancia le imponen otra, so pretexto de rectificación.
De manera sorprendente muchos narradores y comentaristas siguen usando la frase «terna arbitral», porque a lo mejor no saben lo que es una terna. Hace muchos años, no sé cuántos, surgió el cuarto árbitro, por lo que resulta insólito que continúe hablándose de terna. Lo correcto es cuarteta, es decir, un grupo de cuatro, aunque en este mundial vi que, aparte del cuarto asistente, había otras personas con uniformes de árbitro, ¡sabrá Infantino por qué!
La frase «la mínima» se ha convertido en un mal que ha hecho metástasis en muchos lugares, pues desde los más encumbrados hasta los más modestos conocedores de fútbol de habla hispana la usan para indicar que «Pelotillehues le ganó por la mínima a Buenas Peras». ¿Por la mínima qué? Es cierto que entre 1 y 0 hay una mínima cantidad; pero también la hay entre 2 y 3, 5 y 4, 10 y 11, etc., por lo que la forma adecuada es por «la mínima anotación».
Es imposible que alguien marque un gol con la pelota detenida, como lo anuncian narradores y comentaristas en cualquier lugar de habla hispana. Algunos opinadores podrán decir que lo dicen en sentido figurado, y yo les digo que no es sentido figurado, sino equivocado, dado que el sentido figurado es otra cosa.
Allí hay un uso inadecuado de la preposición «con». Lo apropiado es «de pelota detenida», toda vez que con la preposición «de» se alude al modo en que ocurre, que no es posible con la otra partícula. Y si no desean complicarse y exponerse a las críticas, digan «de tiro libre (directo o indirecto) y no le busque tres patas a gato.
Arley Londoño, connotado comentarista y narrador colombiano, en el mundial de Rusia 2018 estuvo trabajando para una de las señales de Directv, y en todo ese tiempo incurrió en una impropiedad que, me imagino, nadie se atrevió a corregirle. En cada partido y cuando el balón salía por una de las bandas, decía en clara e inteligible voz: «La pelota salió por la banda lateral». ¿Cuál es el problema? ¡Bueno, según el reglamento, el rectángulo de juego, entre otros trazados, tiene líneas laterales (bandas) y de fondo. ¡Entonces, si alguien dice banda lateral, incurre en redundancia, imperdonable en Arley, quien desde hace muchos años está en ese oficio! En el mundial que acaba de terminar, un narrador de Telemundo, también colombiano, incurrió varias veces en la misma falta. Eso, desde luego no les resta méritos; pero deberían tener cuidado con el lenguaje que emplean.
En cuanto al «gol en la propia meta», muchos evitan hablar de autogol, pues creen que es incorrecto, además de que sería un pecado y un delito de «lesa gramática». Quienes opinan de esa manera, no tienen claro el significado del prefijo auto. No hay error al hablar de autogol; pero si usted prefiere gol en la propia meta, está en todo su derecho; pero no busque errores en donde no los hay. Y si lo duda, lea la versión actualizada del DLE (Diccionario de la Lengua Española) y después me da su opinión.


