Roberto Cataldi[1]
Las disputas culturales y en otros ámbitos de la vida entre Occidente (Oeste) y Oriente (Este) son milenarias, asimismo los pronósticos fatalistas sobre el futuro de cada polo geográfico que de tanto en tanto resurgen.

Pero hoy, la geopolítica domina el panorama mundial y, los meta-mensajes están a la orden del día. En efecto, este «mensaje sobre el mensaje» detrás de las palabras, tiene una clara intencionalidad que el destinatario debe develar. Tengamos presente que del pronombre «meta», autorreferencial, nunca se abusó tanto.
«Para ser honestos» o «palabra de honor», entre otras expresiones a que las que nos tiene acostumbrada la clase política de nuestros días, son giros idiomáticos que nos hacen dudar de la sinceridad del que habla. Pues bien, si soy honesto y tengo honor, bastaría con mi palabra…
Donald Trump viajó a Pekín para entrevistarse con el presidente chino Xi Jinping, en medio del caos universal que irresponsablemente está ocasionando, y algunos analistas vieron en esta puesta en escena el reverdecer del enfrentamiento entre Occidente y Oriente, a través de la consabida «trampa de Tucídides», surgida de la Guerra del Peloponeso, que sostiene que cuando una potencia emerge y amenaza desplazar otra potencia que es dominante, la guerra resulta inevitable.
Como alguien dijo, quizás está regla puede funcionar como una advertencia más que como una profecía, ojalá así sea, pero el tiempo dirá, ya que es muy pronto para saberlo.
Trump y Jimping, al igual que otros autócratas, abusan de los metamensajes, además de las mentiras que profieren, pero lo cierto es que con este viaje Trump convalidó a China como la potencia emergente, en lugar de Rusia que lo fue en el siglo pasado.
Cómo será el orden global del futuro, tampoco lo sabemos, pero impresiona ser una situación dilemática y, constatamos que el líder chino se mueve con mucha cautela, no digo con prudencia porque ésta es una virtud y Xi no parece tener nada de virtuoso, mientras el taimado «bussisnesman» estadounidense nos satura recurriendo cotidianamente a su incontinencia verbal mediática, maltratos, cambios repentinos de humor, y amenazas extorsivas.
Está claro que un enfrentamiento armado entre ambos sería desastroso para sus naciones y toda la humanidad, de ahí que no pasen de soliviantar y ayudar materialmente a potencias menores en sus conflictos bélicos para establecer sus zonas de influencia.
Como otros analistas han señalado, la lógica occidental de «juego de suma cero», es decir, la ganancia de uno significa la pérdida de otro, que matemáticamente siempre da el resultado cero, se contrapone al pragmatismo confucioniano a través del He Er Bu Tong o «armonía sin uniformidad» (todos los países pueden tener sistemas diferentes y aún así vivir en armonía), y el «win win» (todas las partes ganan).
A las posiciones conceptuales de Tucídides y Confucio, yo uniría también a Sun Tzu(Siglo V a.C), quien en un opúsculo que denominó «El arte de la guerra», decía que, «Un líder lidera con el ejemplo, no con la fuerza», y añadía, «Todos los hombres pueden ver las tácticas con las que conquisto, pero lo que nadie puede ver es la estrategia de la que surge la victoria».
En efecto, mientras la estrategia responde al «que» y el «por qué», la táctica responde al «cómo», en otras palabras, la estrategia se esconde y la táctica se visibiliza. Cualquiera sabe que en geopolítica la secrecía es la Regla de Oro. Hoy las tácticas de guerra pretenden esconder la estrategia imperialista, que sin dudas representa un cruel retroceso para la Humanidad, pues, existe el peligro de que se establezca una nueva forma de esclavitud, mediada por un uso malicioso de la cultura digital.
El desafío de este siglo veintiuno, colmado de narrativas encontradas, exige que repensemos lo absurdo de esa «lógica binaria» y lo injusto de las «esferas de influencia». Necesitamos una gobernanza que considere fundamentalmente la complejidad de las relaciones, la necesidad de una ética de mínimos, las responsabilidades compartidas, y la cosmovisión de un mundo que sea para todos…
En fin, un mundo donde los problemas, dilemas y conflictos, así como la cooperación no sean excluyentes, sino coexistentes, y donde no haya cabida para individualismos trasnochados.
Ya sé que para muchos resultará utópico, en una época donde la utopía ha tenido que refugiarse en la poesía y en la literatura de ficción, y en mi caso el ensayo.
De todas maneras, vivimos rodeados de falsedades, cosas poco claras que surgen de nuestro lado oscuro, y convengamos que el ser humano siempre halla justificativos hasta para los actos más despiadados que afectan la dignidad de las personas.
- Roberto Miguel Cataldi Amatriain es médico de profesión y ensayista cultivador de humanidades, para cuyo desarrollo creó junto a su familia la Fundación Internacional Cataldi Amatriain (FICA)



