Por lo general, The New York Times dedica sus obituarios a las personas destacadas fallecidas en la semana, pero este viernes me sorprendió porque lo hizo en honor a Happy, una elefanta que vivió en el zoológico del Bronx desde 1977 y murió a los 55 años.

Se hizo famosa porque fue protagonista de un caso de derechos de los animales, cuando activistas interpusieron una demanda para garantizarle el derecho fundamental a la libertad corporal.
En artículo de ese diario escrito por Ed Shanahan y publicado este 28 de mayo, se informó de que esa elefanta asiática de inteligencia excepcional, motivó una inusual disputa legal sobre si tenía derecho a ser trasladada a un santuario de animales.
Pero, hace casi cuatro años, el tribunal supremo de Nueva York, rechazó con una votación de cinco a dos la petición de la organización Proyecto de Derechos de los No Humanos, que argumentaba que el principio jurídico fundamental del hábeas corpus, que las personas invocan para impugnar el confinamiento ilegal, debería extenderse a animales autónomos y cognitivamente complejos como los elefantes.
Esta organización adoptó a Happy como su causa en 2018, después de que se distinguiera por su excepcional inteligencia, al superar en 2005 una prueba de autoconocimiento consistente en tocarse con la trompa una X que le pintaron en la cabeza mientras se miraba en un espejo.
Convirtiéndose en la primera elefanta en demostrar ese grado de autoconciencia, que solo habían pasado bebés humanos, simios y delfines.
Pero la Sociedad de la Vida Silvestre, que administra ese zoológico, calificó la demanda de frívola y sin motivo; argumentando que Happy estaba bien atendida por profesionales con décadas de experiencia, con quienes mantenía fuerte vínculo y buscaban lo mejor para su salud y bienestar psicológico.
Lo que, explicó el periodista, puso fin a lo que parecía ser el primer caso de este tipo en el mundo angloparlante, que llegaba a un tribunal de tan alto nivel.
Finalmente, el martes 26 (mayo 2026), tras un período de cuidados paliativos por deterioro de su salud, que incluyó disminución de las funciones renal y hepática, tumores uterinos inoperables y artritis, fue sacrificada.
Craig Piper, director interino del zoológico, precisó en un comunicado difundido la noche del miércoles 27, que tomaron esa difícil decisión al quedar claro que sus problemas de salud se habían agudizado por su edad.
Añadió que murió en paz, rodeada de los cuidadores y veterinarios que la atendieron durante más de treinta años, con acceso al establo de elefantes y a los patios exteriores donde se sentía más cómoda, pudiendo elegir dónde quería estar.
Y que tenía un apetito tan voraz, que «incluso se guardaba bocadillos en la oreja para consumirlos más tarde».
Happy nació a principios de la década de 1970, probablemente en Tailandia; fue capturada a una edad temprana y llevada a los Estados Unidos, donde terminó en un zoológico interactivo de Florida con otros seis elefantes, cada uno con el nombre de alguno de los personajes de Blancanieves y los siete enanitos.
Ella y Grumpy, también hembra, fueron adquiridas por el Zoológico del Bronx y trasladadas a la Casa de los Elefantes de la sección Asia Salvaje donde se unieron a Patty, Maxine y a una hembra mayor Tus.
Y fueron entrenadas para hacer trucos, dar paseos a los niños y actuar en los Fines de Semana de los Elefantes.
Tus murió en 2002 y como poco después, Patty y Maxine atacaron a Grumpy hiriéndola de muerte, los encargados pensaron que era peligroso para Happy permanecer con ellas; le consiguieron como compañera una elefanta más joven, que murió poco después y colocaron una valla para separarla de Patty y Maxine.
Lo que los activistas consideraron impedimento para que pudiera vivir adecuadamente, porque los elefantes son criaturas muy sociales que vagan en manadas, se comunican entre sí mediante gruñidos de baja frecuencia y movimientos de sus cuerpos y muestran comportamientos de duelo cuando muere uno de ellos.
Los responsables del zoológico insistieron en que Happy no estaba aislada y que ella y Patty se tocaban los troncos, se olían y se comunicaban.
Al morir Happy, Patty que es un año mayor pero tiene buena salud, es la única elefanta que permanece en exhibición en ese zoológico.
En los zoológicos de Norteamérica la esperanza de vida media de las elefantas asiáticas es de aproximadamente 45 años, que Happy superó en diez.



