La cinemateca francesa consagra actualmente una interesante retrospectiva a las cineastas francesas de los años sesenta y setenta[1]. Actrices, artistas, ayudantes de dirección, fotógrafas y cineastas de gran talento que se impusieron en un mundo patriarcal y misógino en el que su trabajo era a menudo ignorado o menospreciado.
Algunas de ellas son celebres y conocidas, como Nelly Kaplan, Yannik Bellon, Christine Pascale, Jeanne Moreau, o Niki de Saint Phalle, otras injustamente olvidadas como Paula del Sol o Liliane de Kermadec.
La derive una perla ignorada, censurada y ocultada de la Nouvelle vague

El caso de Paula del Sol (1923-2015) escritora y cineasta, nacida en Montagnac (Herault), cerca de Montpellier, es muy significativo de esa triste tendencia general en un pasado reciente en el mundo del cine, del arte y la cultura de ningunear y ocultar el talento y la obra de las artistas femeninas.
Paula del Sol solo logró dirigir dos largometrajes: La derive 1964 y Ben y Benedict 1977, así como varios cortometrajes, pues su primer largometraje fue víctima de la censura en su distribución comercial que lo juzgaba poco recomendable para la juventud francesa.
La derive (La deriva) que Paula del Sol financió, produjo, escribió y dirigió enteramente, se estrenó en pleno auge de la Nouvelle vague con éxito de público (cien mil entradas en 1964) y con críticas muy favorables, pero la censura del CNC limitó su distribución al prohibir su visión a los menores de dieciocho años, «en razón del comportamiento inmoral de algunos de sus personajes».
La mirada transgresiva de una cineasta sobre la condición femenina y la sexualidad de una mujer francesa en aquellos años sesenta disgustó profundamente a los señores censores, que hicieron todo lo posible para limitar su difusión en pleno mes de agosto, haciendo que cayera en el olvido.
Rodada en 1961, La derive se estrenó tan solo en 1964 siendo saludada por François Truffaut, con quien Paula del Sol mantenía correspondencia desde su participación como script en el cortometraje Les Mistons 1957, rodado por cierto en Montpellier.
La derive es una genial sorpresa, una perla descubierta en esta retrospectiva y rehabilitada gracias al trabajo de Aurore Renaut, conferenciante de la universidad de Lorraine.
La película ha sido restaurada por la cinemateca francesa. El libro La derive de Aurore Renaut sobre esta película injustamente olvidada ha sido editado en 2026 y presentado en el marco de la retrospectiva en Paris[2]. El pasado mes de mayo La derive formó parte de la selección Cannes Classics 2026.
La derive tiene todas las cualidades del mejor cine de la Nouvelle vague, que vino con Truffaut, Godard, Varda, etc. Rodada enteramente en exteriores en Montpelier, con ese contenido casi documental que refleja rostros, personajes y comportamientos de su época, rodaje con sonido directo y gran economía de medios, en ruptura con el academicismo del cine francés de los años cincuenta.
Un magnífico retrato de mujer libre, feminista avant la lettre en esos años tristes en que no había ni aborto legal, ni píldoras anticonceptivas, lo que condicionaba el papel de la mujer al de esposa y madre reproductora sometida al sacrosanto patriarcado. Esa pretensión de liberación sexual era considerada «amoral» por la moralina en boga en esos tiempos.
El personaje de Jacquie (Jacqueline Vandal, actriz no profesional cuyo verdadero nombre era Linda Bastide) es el de una mujer joven en ruptura con su familia que descubre su liberación sexual al ser declarada su infertilidad.
Esa posibilidad de escapar a la obligación «moral» de la procreación le permite sin riesgos de embarazo vivir una emancipada vida sexual.
Escándalo y provocación gritaron los censores furiosos también por la referencia a la posibilidad de abortar en boca de una amiga de la protagonista.
Pero más allá del propio personaje protagónico, la misoginia de la hipócrita mirada masculina, los prejuicios machistas, el chismorreo mojigato de los vecinos y el contexto social en esa pequeña localidad sureña de Palavas-les-flots son mostrados con una hábil puesta en escena por Paula del Sol.
Cierto es que a tantos años luz del Mee Too actual, la cineasta ajusta cuentas con el más retrogrado tradicionalismo mediante ese personaje femenino que, en busca de una relación amorosa y sentimental intensa, va pasando por diversas pruebas y obstáculos.
Intentando escapar a su trazado destino de mujer sumisa, Jacquie busca vivir sus sueños de emancipación enfrentándose con su hermana y con su madre, aunque volviendo al hogar familiar cuando su amigo guitarrista la abandona. La hija prodiga es aquella por la que llega el escándalo.
El CNC quiso cortar algunas secuencias del film, pero Paula del Sol se opuso categóricamente, lo que le valió caer a continuación en una suerte de lista negra. Paula del Sol pagó muy cara su libertad.
Si los personajes masculinos salen evidentemente mal parados, es interesante destacar el personaje de Jean (el actor André Nader) pescador y exnovio de Jacquie, cuyo conformismo le parece a ella carente de ambición. Un personaje a través del cual es evocado también el contexto político de la época marcado por la recién acabada y traumática guerra de Argelia.

Las cenizas del celuloide de fácil combustión han sido remplazadas hoy por las cenizas digitales del cine actual. Pero las cenizas, cenizas son; y sigue siendo el paso del tiempo el mejor crítico de cine del mundo.
Sesenta y dos años después de su estreno es hora de incluir La deriva en la historia del cine, como un gran clásico del cine francés de aquellos años sesenta.
Mil gracias a Aurore Renaut[3] y a la Cinemateca francesa por esa necesaria rehabilitación cinematográfica.
El segundo y último largometraje de Paula del Sol[4] estrenado en 1977 fue el también olvidado Ben et Benedict, una película interpretada por Françoise Lebrun (célebre intérprete de La mama et la putain de Jean Eustache 1973) y André Dussollier, que no forma parte de esta retrospectiva y que fue proyectada en la cinemateca en 2024.
Otra olvidada, Liliane de Kermadec
Entre las cineastas francesas olvidadas de los años sesenta y setenta, cabe destacar también el caso de Liliane de Kermadec (Liliane Pisterman en su partida de nacimiento) 1928-2020, de origen polaco, actriz, guionista y cineasta contemporánea de la Nouvelle vague trabajaba con el grupo de la «Rive gauche» con Alain Resnais, Chris Marker, Jacques Demy o Agnes Varda. En Cleo de 5 a 7 de Varda y en Muriel de Resnais fue la fotógrafa de plató.
En 1963 pasa a la realización, pero su talento será reconocido por la profesión y por el público con su película Aloise en 1975, inspirada en la vida de la artista suiza Aloise Corbaz (1886-1964) quien pasó 46 años de su vida en un hospital psiquiátrico. Un personaje interpretado en dos edades diferentes de su vida por Delphine Seryg e Isabelle Huppert.
Su obra hoy prácticamente olvidada consta de siete largometrajes, numerosas ficciones y documentales para la televisión y tres obras teatrales. Pero como ella misma decía en 2007, había renunciado poco a poco a la producción cinematográfica de largometrajes para recuperar su libertad artística. «He sido bastante libre en mi carrera, y lo he pagado muy caro» afirmaba Liliane de Kermadec.
1 https://www.cinematheque.fr/cycle/cineastes-francaises-des-annees-60-et-70-1598.html
2 https://www.livres-cinema.info/livre/24775/derive
3 Enlace con entrevista de Aurore Renaut
4 https://www.nakawedoc.com/fr/portraits-de-femmes/cinema/liliane-de-kermadec



