El estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal punto de fricción de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán. Donald Trump ha rechazado una propuesta iraní que vinculaba su reapertura y la vuelta a las conversaciones nucleares con el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, la retirada de sanciones petroleras y el restablecimiento del alto el fuego regional.
La negativa no supone, sin embargo, la ruptura del diálogo. Un día después de descartar las condiciones de Teherán, Trump anunció que esperaba nuevos contactos entre representantes de ambos países durante esta semana.
Las partes intentan negociar sobre prioridades diferentes. Irán sitúa en primer plano el bloqueo de sus puertos, las exportaciones de petróleo y la circulación por Ormuz. Washington pretende obtener además concesiones sobre el programa nuclear antes de reducir la presión económica y militar.
El resultado afecta a una ruta esencial para el mercado energético internacional. El tránsito por el estrecho ha caído desde los 21,6 millones de barriles diarios registrados en el último trimestre de 2025 hasta unos 4,9 millones durante el segundo trimestre de 2026, según las estimaciones de la EIA.
La prolongación de la crisis también puede repercutir en los precios del combustible y en el debate electoral estadounidense. No existe todavía una encuesta específica sobre esta propuesta, aunque Reuters/Ipsos sitúa la aprobación general de Trump en el 32 por ciento y confirma que la economía continúa siendo la principal preocupación ciudadana antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
La crónica completa del Observatorio Trump analiza por qué el rechazo de la propuesta iraní no ha cerrado todavía la negociación sobre Ormuz.



