La poeta y ensayista canadiense Anne Carson, de 76 años es la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2026 que se entregará el próximo 10 de diciembre. Anteriormente fue premio Princesa de Asturias de las Letras 2020.
Según la Academia, el premio le fue otorgado por su «obra audaz e inventiva que, en diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea».
La relación de la escritora con el ajedrez (juego que no practica) aparece de forma indirecta en su obra literaria, en particular en su corto texto híbrido Ardor (Aghast) de 1996 publicado en la revista literaria Granta, pero que no se encuentra traducido formalmente al español.
En dicha obra, un texto y problema antiguo se entrelaza con la memoria, el diálogo y la extrañeza del otro. En este sentido, utiliza el más que milenario juego como una vía insondable para tratar de comprender a una persona utilizando una metáfora donde cita un problema de ajedrez no resuelto ″establecido por un sufí” del siglo X.
La alusión concreto del texto, con una traducción personal, es la siguiente:
″Estoy perdido. /Nombra el problema del ajedrez establecido por un sufí del siglo X. Sin resolver. Hasta 1980./ Genial. O estúpido. No lo sé. Así que juegas al ajedrez./ Sí. Sí./ Y viste una manera de entenderlo./ No en lo más mínimo./ Sin embargo, él te entendió./ Di lo que quieras, solo escribe mi nombre bien. Yo cito./ Un poco de un estafador. (…)
Hay que explicar la licencia poética de la Nobel canadiense que comete dos inexactitudes formales: la primera es que el autor del problema al que se refiere, citado como ″establecido por un sufí”, era el poeta e historiador Abu Bakr Muhammad ibn Yahya (880-946) conocido como Al Suli, que no era sufí.
Tal vez la confusión proviene que al final de su vida se vio obligado a desplazarse de la corte califal y de Bagdad, como otros muchos, viviendo en la pobreza debido a su simpatía por el islam chií, no sufí. Hoy tiene un monumento en Asjabad, capital de Turkmenistán.

De este histórico ajedrecista árabe que convivió con tres califas abasíes: Al-Muqtafi (878-908), Al Muqtadir (895-932) y Al Radi (907-940), se cuenta que el último de los citados, que gobernó entre 930-940, mientras contemplaba un hermoso jardín con bonitas plantas y flores fue preguntado ″¿Has visto algo mejor?” a lo que respondió: ″¡Por Alá, el juego de Al Suli es mejor que todo esto y de lo que podáis describir!”
El problema (mansuba en su original) fue conocido como el ‘Diamante de Al-Suli’ (Jawharat al Suli) que no pudo ser resuelto hasta pasados más de mil años. Se resolvió por el gran maestro e historiador del ajedrez, el ruso Yuri Averbach (1922-2022) en 1986 (no en 1980, segunda inexactitud de Carson) con ayuda de análisis informáticos, demostrando ser una obra maestra de maniobras geométricas con los reyes.
Averbach escribió que el problema ″fue sin duda la obra de un genio”. Así, llevó a cabo un estudio de tres antiguos manuscritos conservados que contenían pistas dejadas por Al-Suli.
El historiador y ajedrecista ruso descifró el concepto, reconstruyó la lógica subyacente al movimiento de los reyes entre las esquinas del tablero y publicó la primera solución completa y matemáticamente precisa a este problema milenario; una solución que, más tarde, fue confirmada mediante análisis informático.
El juego se desarrollaba entonces conforme a unas reglas diferentes del ajedrez moderno. En lugar de damas o reinas, el tablero (entonces no era en blanco y negro) contaba con piezas llamadas alferza (o visir), que solo podían desplazarse una casilla en diagonal.
Entonces solo quedaban en el tablero los reyes y un visir por cada bando. Las blancas debían ganar capturando al visir del oponente, asegurándose al mismo tiempo de que el suyo propio no fuera capturado en la siguiente jugada (en el entonces shatranj, eliminar todas las piezas del adversario conservando al menos una propia se consideraba una victoria). Debido a la movilidad extremadamente limitada de los visires, las maniobras de los reyes requerían una precisión absoluta.
Pero la historia de este problema surge en el siglo XIX. El considerado primer historiador del ajedrez, el holandés Antonius van der Linde (1833-1897), publicó en 1881 el libro ‘Fuentes para el estudio de la historia del ajedrez’.
Mientras trabajaba en un antiguo manuscrito árabe de ajedrez escrito en 1140 (procedente de la biblioteca del sultán turco Abdul Hamid II, 1842-1918), se topó con un diagrama que, involuntariamente, captó su atención, por el texto que lo acompañaba:
«Esta postura es antigua. Sin embargo, ni Al-Adli ni nadie más dijo que fuera un empate o que se pudiera ganar.
La postura es tan difícil que nadie la ha explicado, y mucho menos la ha representado.
No hay nadie en la Tierra que pueda resolverlo, excepto aquellos a quienes yo se lo enseñé.
Dudo que alguien lo hubiera hecho antes que yo; en ese caso, habría escrito la solución él mismo o se la habría mostrado a otra persona”.
“¡Esto es lo que dijo Al-Suli!”, añade el manuscrito.
A partir de entonces se propagó el problema del ‘Diamante de Al Suli’ que, originariamente en árabe y para ser exactos debería haberse traducido literalmente (joya, jawhara; diamante, almas) como ‘La joya de Al Suli’, pero al provenir de la traducción occidental se cambió joya por diamante por lo que fue propagado posteriormente a diferentes idiomas.
Otro poema y crítica
Pero volviendo a la premio Nobel hay que recordar la segunda cita del ajedrez en su obra, también indirecta. En el poema ‘Soneto aislamiento’, publicado en 2010, evoca al artista francés Marcel Duchamp (1887-1968) en su faceta de pensador y ajedrecista («setting in to your half hour of sex or chess«),
‘Soneto aislamiento’ (Sonnet isolate)
Un soneto es un rectángulo sobre la página.
Tu ojo lo disfruta con una proporción de ocho a cinco.
Digamos que eres un hombre urgente en un idioma urgente
interpretando las mil sombras que te mantienen vivo.
Si fuera solo agua o inocente o un halcón de una sierra,
si solo fueras Adonis o Marcel Duchamp
alistándote para tu media hora de ajedrez o de sexo, no este bloque
recortado de la niebla del lenguaje, húmedo aún. Pero no,
(…)
El crítico y autor estadounidense Mark Oppenheimer en un ensayo literario utilizó la metáfora ‘ajedrez cósmico’ para analizar y descifrar la compleja poesía de Carlson.

En su texto afirma que la autora inventa y transforma verbos señalando que, al «entrecerrar los ojos», el poema nos sitúa en un tablero donde las noches (nights) juegan con el sonido homófono de los caballeros (knights), o un tablero donde uno puede ser coronado (kinged) rey.
Anne Carson, natural de Toronto, se basa en temas e historias de la literatura griega y romana antigua para escribir obras que suelen combinan elementos de poesía, ensayo y ficción.
La escritora realizó un doctorado en los clásicos y ha enseñado en diversas universidades (Montreal y Michigan) a lo largo de su carrera de varias décadas. Reside en Michigan y también, desde 2022, posee la ciudadanía islandesa.
Carson es la tercera escritora nacida en Canadá en ganar el premio, después de Alice Munro (1931-2024) en 2013 y Saul Bellow (1915-2005) en 1976 (aunque nacionalizado estadounidense donde vivió desde los nueve años).



