Todos sabemos que este gobierno de Morena es inepto, abundante en criminales y poco efectivo contra narcotraficantes.
Y por las respuestas que la presidenta Claudia Sheinbaum dio esta semana a las dos principales preocupaciones de los mexicanos: seguridad y salud; es, además, lento.

«Morelos está en llamas» fueron los títulos a notas sobre la violencia en este estado, que incluyó el asesinato de una humilde vendedora de dulces, por no pagar la extorsión exigida por los narcos; porque Morelos, en uno de cuyos 36 municipios vivo, es uno de los cuatro estados más violentos del país.
Tiene el primer lugar en extorsión y robo, diario hay asesinatos y secuestros, su gobernadora ocupa el último lugar en aceptación ciudadana, alcaldes, policías y ochenta funcionarios públicos han sido recientemente destituidos y encarcelados por sus vínculos con la delincuencia organizada; cuando menos seis cárteles pelean la plaza; con las consiguientes repercusiones en economía, falta de empleos y pobreza.
O sea, se requieren acciones gubernamentales YA.
Pero la presidenta Sheinbaum pidió, «un mes para consultar y ver cómo va Morelos»; entonces, «empezará» a tomar medidas para frenar la delincuencia.
Hace poco, en la principal avenida de Cuautla, la segunda ciudad morelense en importancia, se me echó encima una combi de servicio público tan chocada, que hasta las placas de circulación tenía abolladas.
Su chofer corrió a gritarme que debía pagarle doce mil pesos «por daños»; repliqué que no le pagaría porque fue suya la culpa y me rompió una salpicadera y una puerta; llamé a mi seguro y él a la policía.
Llegó un carro con dos policías que ordenaron quitáramos los vehículos porque estorbaban el tráfico; me negué aduciendo que el perito debía verlos.
Corrió el tiempo, los policías querían mordida y amenazaron con arrastrar mi coche con grúa al corralón ubicado en otro municipio a hora y media, si no me declaraba culpable.
Empezaba a obscurecer y a llover, me dio miedo quedarme ahí de noche con ellos, y contra la opinión de mi agente de seguros, me declaré culpable y me entregaron boletas con las infracciones.
Al día siguiente fui en taxi al municipio Plan de Ayala a pagarlas y el taxista me contó decenas de abusos policíacos contra adultos mayores.
Había nueve personas pagando multas, cuando llegó mi turno el policía que cobraba, las «calificó» en 21.000 pesos; cuando dije que ni llevaba esa cantidad ni pagaría, me pidió pagar con una pulserita que nunca me quito y se ofreció a acompañarme a un cajero a sacar dinero.
A todo me negué y fue rebajando el monto; quedó en 1300 pesos.
Esto que es mínimo frente a asesinatos y secuestros, se lo cuento como muestra de que en Morelos todo lo relacionado con la policía, está podrido.
Todos los mexicanos conocemos el desastre que en salud, seguridad y educación, han causado el pasado gobierno de López Obrador y el actual de Sheinbaum.
Entre mil cosas más, hay niños con cáncer y sin medicamentos, mientras que en el Hospital Infantil caducan medicinas y se dejaron de vacunar millones de niños.
Hijos, amigos y funcionarios de AMLO, le entraron al negocio de implementos médicos y medicinas y se robaron cientos de miles de millones.
Y él pagó más de ocho mil millones de pesos para comprar una bodega que la tienda Liverpool tenía arrumbada, donde dijo haría una mega farmacia que todo tendría; dineral tirado a la basura y a los que recibieron comisión, porque solo llegó a surtir seis pedidos diarios y ahora está vacía.
Con Sheinbaum las cosas andan por el estilo y responsabiliza a «deficiencias burocráticas»; cuando es precisamente ella, la jefa mayor de la burocracia.
Los bajos salarios de médicos y enfermeras, a quienes se paga menos que lo que se manda al gobierno de Cuba por cada médico cubano contratado, la falta de hospitales, personal, aparatos, tijeras, pinzas, material de curación y hasta guantes y paracetamol, obligaron a los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a manifestar esta semana su descontento en las calles de la ciudad de México y varias entidades de la República.
El IMSS se mantiene de las cuotas que patrones y trabajadores pagamos durante nuestra vida laboral para tener buena atención y una pensión digna.
Pero ha fallado en todo.
Las fechas de las consultas se dan a seis o siete meses aun en casos graves, nueve bebés murieron por bacterias atribuidas a falta de higiene en sus clínicas, las recetas no pueden surtirse porque no hay medicinas, muchos elevadores no funcionan y ha habido víctimas mortales.
Y las pensiones miserables que recibimos tras décadas de trabajo, contrastan con las prebendas de legisladores y funcionarios.
Todo puede empeorar y tal vez se empiece a operar sin anestesia, porque este primero de octubre el IMSS frenó la compra de 772 máquinas para anestesiar, argumentando que como «se necesitan muchas más, no conviene hacer la compra en partes».
Pero el gobierno presume que la atención es muy buena y Zoe Robledo, el inepto director del instituto durante los últimos siete años y medio, anunció que ahora sí revisará «piso por piso para conocer las carencias».
Indigna que en siete años y medio que lleva cobrando por dirigirlo, ni siquiera de lo que falta esté enterado; se le han ido en grillar para no ser despedido.



