Alejandro Magallanes: el genio que juega con el diseño

En palabras de Pablo Rafael de la Madrid, director del Instituto de México en España, Alejandro Magallanes (Ciudad de México, 1971), es un artista integral que disfruta transgrediendo los límites, rompiendo y mezclando los géneros artísticos y literarios (la pintura, el dibujo, el collage, la performance) en sus diseños.

Alejandro Magallanes presenta en Madrid «Siempre di nunca»

Sólo así puede dar rienda suelta a su creatividad y lograr una obra integral que entra no sólo por los ojos sino que apela a nuestros recuerdos, se burla de nuestros miedos y desentierra toda nuestra capacidad de captación. Todo en un contexto de cultura popular y guiños relacionados con la artesanía.

Titulada ‘Siempre di nunca’ en honor a una historieta de atribución española que Alejandro Magallanes oyó de niño y que le llenó de temor religioso por una monja, la exposición que se mostró en el Instituto de México en España, en Madrid en febrero de 2016, producida por el Museo Carrillo Gil de Ciudad de México, desvelaba al público la verdadera personalidad creativa del artista, al mismo tiempo que provoca en el espectador sorpresa, risa y libre sentido de la invención. La historieta española que aterrorizó a Alejandro Magallanes de niño tiene que ver con el infierno y la eternidad y remite a aquella otra mucho más conocida de la pizarra (negra) llena de ceros (blancos) que, a pesar de ser infinitos, apenas daban una idea del castigo eterno que aguardaba al pecador.

Pero Alejandro Magallanes sabe que dos negaciones afirman y que no hay como repetir una palabra dos veces para anularla y hacer que su terribilita se reduzca a chiste. Y cuando más se repita, menos terrible y dañina es, porque la habremos desenmascarado.

Además, Alejandro Magallanes aprendió muy pronto a preguntarse: «¿Nunca di siempre es como Siempre di nunca?» Por eso ‘Siempre di nunca’ mezcla todos los géneros y como los antiguos, pone el dibujo al servicio del diseño («Todo es diseño. ¡Todo!», reza uno de sus carteles) y la pintura y la literatura, al de la performance.
Es impresionante la serie escatológica en la que se juega con las onomatopeyas de lo cotidiano y con las tautologías eufemísticas de lo íntimo. Y todo esto colocado en un sitio donde los chefs mexicanos se esmeran últimamente con sus creaciones y mixturas, lo cual tiene también su gracia y nos coloca en otra cultura igual de imaginativa pero que desacraliza verdades tan eternas como el culto a la muerte y su cercanía con la comida.

Como muestra de sus ansias de jugueteo con las palabras y con los diseños, el artista cuelga un cartel en la puerta de la calle que da acceso a la sala por la Carrera de San Jerónimo con la leyenda PERSONAS Y TODO LO QUE ESTÁ EN MADRID VAYAN A VER LA EXPOSICIÓN SIEMPRE di NUNCA, y en otro ya más adentro, NO LEAN ESTO (EN SERIO), y todavía un poco más allá, insiste: GRACIAS POR VENIR A VER LA EXPOSICIÓN.

Hay un PEZ DENTADO, así se titula, que da terror porque, muy parecido en su cuerpo al SABROSO cabracho, enseña sin embargo a las visitas unos incisivos de mesita de noche que dan miedo, con la leyenda al pie que dice (SIN RETOCAR), así entre paréntesis, asustando muy de cerca a Pablito, un osito de peluche que está castigado en un rincón del suelo y protegido sólo del DENTADO por cordón de seguridad.
Luego resulta que el ojo de ese pez tan amenazante es como un sol amarillo y sin pestañas que parece quemarle la cara entera, así que ya no nos podemos fiar de la leyenda.

Según Carlos E. Palacios, comisario de la muestra, para Alejandro Magallanes el diseño es, quizás, el último eslabón de una cadena que comienza con el dibujo, pues es, sobretodo, un dibujante compulsivo que sigue fielmente aquella frase latina: Nulla Dies sine Linea (ningún día sin una línea). El artista parte del dibujo para abordar otros medios como la instalación o la fotografía.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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