Arte de las putas. Una historia de amor

Arte de las putas. Una historia de amor es la última obra de teatro que ha traído a Madrid la compañía Teatro del Temple (Zaragoza). La obra es todo un tratado ilustrado (fue escrito en el siglo de las luces) sobre los modos y maneras de hacer y de decir este arte, pero sobre todo es un elogio de la condición femenina partiendo del libre ejercicio del mismo; arte que, al decir de su autor y según los historiadores, es el más antiguo del mundo.

Cartel_arte_de_las_putas¿Sabían ustedes el significado genuino y prístino de la palabra puñetera? Sólo en presencia de José L. Esteban, adaptador y único actor de la pieza, gracias a sus modos y maneras al exponerla, pude yo captar y sutilmente vislumbrar su significado, a pesar de que anduve toda la vida en diccionarios. Pero o bien no tuve curiosidad o lo daba por sabido, no sé lo que es peor.

No es, sin embargo, este Arte de las putas un tratado de lingüística aplicada al oficio más antiguo del mundo sino una historia de amor vívidamente narrada por quien la vivió en primera persona, un tal Elías Cañabate, «uno» que no aparece en el libro de don Nicolás Fernández de Moratín y que como villano y anónimo, puede permitirse hablar con libertad, única ventaja de ser un don nadie. Ésa y la inestimable de haberla vivido, pues vivió intensamente un amor por una meretriz (puta, ramera, daifa, buscona, iza, rabiza) a la que servía con amor eterno allá en el siglo XVIII.

Un amor nunca consumado (durmió a su lado y será enterrado a su lado, nunca encima como hubiera sido su mayor deseo) viéndola siempre con unos y con otros (militares, ministros, clérigos y hasta obispos y el mismísimo rey), pues todas las clases sociales han girado en torno a esta figura que llegó incluso a la Corte, haciéndole únicamente de criado, mayordomo, palanganero, administrador, enfermero, chulo putas, en fin, en el más acendrado y prístino sentido de la palabra hasta que el gálico (la sífilis) se la llevó igual que a todas las demás. Era el mal del siglo ya desde muchos siglos antes.

Pero hasta en esto ve él (el fiel, el chulo, el amante abnegado, oculto y silencioso) que el hombre es injusto con lo que ama. La culpa del gálico se echó siempre sobre los sufridos hombros (es un decir) de las trabajadoras del sexo («¿No las quieres? No las pagues.») Cuando lo cierto es que ellas son sólo el sagrado receptáculo de transmisión. Por cierto que el mal gálico se describe en la obra con las mismas tres fases de la pasión amorosa, los mismos efectos en cuerpo y cerebro tiene. No es de extrañar que a veces se confundan sus fiebres intermitentes, puesto que las mismas palabras sirven para ambos. Otra maestría de la obra y de sus autores.

Don Nicolás (Moratín padre, el que triunfó más tarde y más a lo grande fue Leandro, su hijo) murió prematuramente y se avergonzó de este texto. Jamás consintió en que se publicara. A su muerte, con 40 años, quiso que fuera destruido. Aunque no deja de ser una traición a lo que amaba, no eran tiempos para que un escritor de buena familia, padre de familia él mismo, alardeara de sus amores secretos de burdel. Hoy, sin embargo, este libro, este Arte de las putas, gana en preferencias lectoras a las más grandes cumbres de la literatura.

José L. Esteban es un magnífico actor, como lo prueba el que insinúe y sugiera mucho más de lo que dice y hace. Porque hacer no hace nada, ni siquiera se despeina, pero yo nunca he visto reírse tanto a tantas mujeres sin escandalizarse de ser tildadas -y señaladas- con todos esos apelativos de encaje y filtiré doméstico, recogidos desde siempre con todo derecho por el diccionario de la RAE, y que tan generosamente señalan al oficio más antiguo del mundo, el arte de las putas.

  • Título: Arte de las putas (adaptación libre del ensayo de Don Nicolás Fernández de Moratín)
    Reparto: José L. Esteban es Elías Cañabate
    Dramaturgia; José L. Esteban
    Dirección: Carlos Martín
    Espacio escénico: Carlos Maturen
    Fotografía: Marcos Cebrián
    Composición musical: José J. Gracia
    Iluminación: Bucho Cariñena
    Dirección técnica: Alfonso Plou
    Espacio: Centro Cultural de la Villa
    Fecha: 31 de enero de 2015 (hasta el 8 de febrero)

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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