Blancanieves: la verdadera historia

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Divertida puesta en escena del mito de Blancanieves remozado. Aunque lo primero que quiero destacar en La Verdadera Historia – Blanca Nieves es que, teatralmente hablando, es una escenografía de las apariencias, del valor que se les da a éstas por encima de la persona. Una escenografía muy plástica e iluminadora, brillante y con muchos guiños sonoros tendentes a pintar la realidad del color que queramos.

La verdadera historia Blancanieves, cartel
La verdadera historia Blancanieves, cartel

El cuento de Blancanieves con sus fabulosos personajes (la bella, la madrastra, el espejo) invita al espectador a reflexionar sobre las consecuencias de un mundo muy frágil y de sensibilidad cambiante basado en el culto a la imagen, la juventud y a la belleza, con todas las consecuencias físicas y psíquicas que conlleva este hecho. En La verdadera historia- Blancanieves, se expone de modo abrupto, en tono de tragicomedia, la presión de lo social, la búsqueda de la perfección y el uso del cuerpo como mercancía. escenografía muy plástica.

Ya desde el principio, cuando te colocan ante un montón de plásticos brillantes y negros (las ropas de fiesta con que nos cubrimos hoy en día) que ocupa por completo la escena simulando una pirámide de estiércol en medio de la campiña, queda claro que al lado habrá una ciénaga y que nos acabaremos ahogando… De risa, por suerte, que es una función. Porque la realidad es mucho peor y no siempre acaba en aplausos.

Es un trabajo de máscaras, cargado de humor e imágenes que dejan al descubierto los desechos de una sociedad basada en las apariencias y que se envenena la piel y el alma.

El personaje de la madrastra, que además es reina, es fiel reflejo de este culto absurdo y cruel. Un personaje maravillosamente desempeñado en escena y auxiliado por los otros que, bajo la forma de sombras, oscilan sobre ella aguantando sus humores, su tiranía desdichada. Esta madrastra es un personaje desgarrado, repulsivo a primera vista pero también digno de lástima, con momentos de sinceridad que le obligan a exclamar desesperada hacia todas las “blancanieves”:

“Os odio, blancanieves, por no dejarme envejecer tranquila”.

Una mujer que apostrofa así a las jóvenes bellezas cuyo paradigma por excelencia es su hijastra pero que son todas las jóvenes en las que ve lo que ella ya perdió. Una mujer patética a la que no sirve su poder ni su dinero y que lo único que desearía es descansar de una vez pero que no la dejan ni tiene derecho: por lo que representa, por lo que sostiene, espoleada por los alcahuetes y las nuevas bellezas que se suben a la palestra atizando su rencor. Ahoga sus penas en vino, que ese regusto aún le queda en el paladar llagado de retoques.

La Compañía 3 segundos presenta en La Verdadera Historia – Blanca Nieves un guiñol descarado y risueño con un trasfondo hostil. No sé si alerta también contra el hecho de seguir vistiéndonos con plásticos, pero bien podría, siendo nuestro órgano más íntimo la piel.

La historia de la manzana envenenada no deja de ser una pura metáfora de lo que son capaces de hacer algunas mujeres -y también muchos hombres- por resistir el paso del tiempo, por borrar las huellas de la edad y levantarse cada día sin rastro de la mala noche. Porque esto es una verdadera pesadilla. La madrastra reina es ejemplar, y el espejo, en su papel de amigo-consejero asexuado, da lugar a diálogos de tocador de sinceridad escacharrante que puede sacar chispas: el espejo no miente, cómplice y enemigo, sabe lo que pensamos. Entonces, la imagen que nos devuelve, ¿es la que llevamos a él, como el mal vino? Esto sería algo así como cuando nuestros antepasados nos miran desde una fotografía antigua en blanco y negro, al estilo de las de Isabel Muñoz y su mundo primate, dándonos la imagen de lo que en el fondo somos: “Así es como eres, no te hagas demasiadas ilusiones. Vive tranquila”.

  • Autor: Carolina Bermúdez
    Dirección: Laura Garmo
    Compañía: 3 Segundos
    Reparto: Carolina Bermúdez, Laura Garmo y Juan Manuel Alcarria
    Espacio: La Usina (C/ Palos de la frontera, Madrid)
    Fecha: sábado 26 de diciembre de 2015

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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