Campaña contra los salarios de miseria en el textil

Seis meses después de que 1.133 trabajadoras textiles de Bangladesh muriesen tras el derrumbe del edificio Rana Plaza, la red estatal de Campaña Ropa Limpia liderada por SETEM, ponen en marcha la Campaña Salarios Dignos, que se desarrollará de forma simultánea en quince países europeos.

Activistas de la campaña Ropa Limpia, bajo la lluvia, en Vitoria-Gasteiz
Activistas de la campaña Ropa Limpia, bajo la lluvia, en Vitoria-Gasteiz

La Campaña Salarios Dignos comienza con una semana de acción global, durante la cual activistas de toda Europa difundirán la petición de un salario digno entre los consumidoras. La etiqueta que usará la campaña en redes sociales será #livingwage. En España, el inicio tuvo lugar el 22 de octubre de 2013 con una acción de calle en Vitoria-Gasteiz.

En Bangladesh, donde unas 4 millones de personas trabajan en la industria textil, el salario mínimo actual es de 28,60€ al mes (3.000 takas). Es decir, solo el 11% de los 259,58€ (25,687 takas) que Asia Floor Wage Alliance, socia de la Campaña Ropa Limpia, calcula que es el salario digno que corresponde a ese país.

“Tenemos que trabajar durante largas jornadas porque el salario no es suficiente para vivir, y en especial porque mis padres también dependen de mi salario” dice Horn Vy, una trabajadora camboyana del sector textil de 25 años. Para Horn Vy y otras trabajadoras del sector textil de Camboya el salario mínimo es de 60,95€ (336.000 rieles), solo el 21% de los 285,83 € (1.582.668 rieles) que Asia Floor Wage Alliance calcula que es el salario digno de Camboya.

Hoy por hoy la industria textil vinculada a las grandes marcas de ropa paga a menudo salarios de miseria y eso hace que muchas trabajadoras se vean obligadas a trabajar largas jornadas para conseguir ingresos extras. A esto hay que añadir las condiciones de inseguridad en la que desarrollan su trabajo, que dan lugar a los derrumbes e incendios en fábricas de Bangladesh, Camboya y otros países, como el que acabó con la vida de 1.133 trabajadoras en abril de este año. Sin olvidar otras vulneraciones de derechos laborales, que afectan de forma muy especial a las mujeres y a sus derechos sexuales y reproductivos.

“Más de 15 millones de personas trabajan en la industria textil en Asia y de esta región sale más del 60% de la producción textil del mundo. Pero en las fábricas y en los lugares de trabajo se siguen pagando salarios de miseria a las personas que sostienen esta industria”, indica Iratxe Arteagoitia, responsable de la Campaña Ropa Limpia en SETEM. A causa de los sueldos bajos que perciben, las trabajadoras tienen que recurrir a préstamos para poder llegar a subsistir, y no tienen ahorros para hacer frente a las épocas en las que no tienen empleo a causa de alguna enfermedad o si la fábrica cierra de forma inesperada. “Un salario digno debería ganarse sin contar las horas extra y debería ser suficiente para que una trabajadora del sector textil compre comida para sí misma y para su familia y para que pueda costearse la vivienda, la atención médica y la educación, quedando una pequeña cantidad de ahorros para poder hacer frente a posibles imprevistos” añade Arteagoitia.

La Campaña Salarios Dignos tiene como objetivo revertir esta situación con el apoyo de las miles de activistas de la Campaña Ropa Limpia y de los consumidores y consumidoras europeas. Durante la campaña, se ejercerá presión social en tres direcciones:

  • A las marcas de ropa y a las compañías, para que adopten las medidas necesarias para garantizar que las trabajadoras de toda su cadena de suministro reciben un salario digno, dando pasos concretos y que se puedan medir.
  • A los gobiernos de los países productores del sector textil, para que garanticen que los salarios mínimos que establezcan cumplen los estándares del salario digno.
  • A los gobiernos europeos, para que desarrollen regulaciones que garanticen que las compañías europeas asuman sus responsabilidades por el impacto que tienen sobre la vida de las trabajadoras de sus cadenas de suministro, incluyendo su derecho a un salario digno.

En definitiva, “las compañías deben dar pasos para garantizar que se están pagando salarios dignos en los países donde se proveen y los gobiernos deben asegurarse de que los salarios mínimos se establecen a niveles que permitan una vida digna”, explica Arteagoitia.

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