Carmen de la Jara, María Terremoto y Anabel Valencia han compartido concierto este viernes 23 de febrero de 2018 en el Auditorio Nacional de Madrid. Vienen de Cádiz, Jerez y Lebrija respectivamente, ciudades que ya han dicho mucho y que tienen aún más por decir en la historia del flamenco; ellas también representan la veteranía en el oficio, la rabiosa juventud y la garra que exige el flamenco para conectar con el público.

María Terremoto
María Terremoto

María Terremoto y Anabel Valencia estuvieron acompañadas por la guitarra del jerezano de estirpe flamenca Nono Jero; Carmen de la Jara por el virtuoso Antonio Carrión y las tres tuvieron palmeros de lujo, nada menos que al versátil cantautor Daniel Bonilla y al guitarrista Manuel Valencia.

Carmen de la Jara actuó en último lugar, como corresponde a su consolidada trayectoria[1], a su importante obra discográfica de éste y del otro lado del Atlántico, de la que no se puede dejar de mencionar la joya antológica Tesoros del arte antiguo gaditano, un estudio de la diversidad  de los cantes de Cádiz, Premio Nacional al mejor disco flamenco por la Cátedra de Flamencología de Jerez en 2010. Carmen tiene una voz de seda, cuando canta y cuando habla y una diversidad de registros vocales que maneja magistralmente. Ella es hoy por hoy la voz más representativa del flamenco de su tierra.

María Terremoto dio inicio al concierto, privilegio de ser una cantaora de 18 años cumplidos el pasado diciembre. Nieta de Terremoto de Jerez, hija de Fernando Terremoto, ambos con monumento en Jerez de la Frontera, es algo que imprime carácter[2]. Su voz gitana y potente, con fuerza expresiva y notable manejo de los ritmos, ya se ha hecho un lugar en los grandes eventos flamencos nacionales e internacionales. A principios de 2017 estuvo tres meses en Tokio, actuando en el tablao El Flamenco y dando clases magistrales de cante. Lo único que le falta a María es cosa de edad. Descubrir y gestionar nuevos registros de su voz, conocer y dominar todas sus inmensas posibilidades.

Anabel Valencia, también joven figura, también descendiente  de una importante saga de artistas gitanos lebrijanos, además de una excelente voz tiene un don natural para meterse al público en el bolsillo. Ya ha actuado en el festival flamenco de su pueblo, la famosísima Caracolá de Lebrija  y en la Bienal de Sevilla.

Menos de media hora para cada una no da de sí más que para intentar marcar territorio con esencias de la tierra, así que la jerezana María se arrancó por bulerías y vaya si marcó con voz y presencia la escena. Quizá estuvo un poco nerviosa e insegura, esto se notaba quizá en la escasez de registros vocales exhibidos, hasta el punto de que su concierto acabó a los veinte minutos escasos de empezarle. Pero lo que sí demostró es que tiene un futuro impresionante a poco que se estudie a sí misma y ponga atención a la respiración diafragmática. Cuestión de tiempo, pero en su corta edad es una cantaora que llega al público sin esforzarse, con la naturalidad de su juventud casi adolescente.

Anabel Valencia se lució con su serie de tientos y tangos. Cantó y supo acompañarse sabiamente con pasos de baile al ritmo de su cante, llenando la escena con fuerte presencia. Esto siempre lo agradece el público, por la nota añadida de modernidad que representa. El cante sin moverse jamás de la silla queda antiguo. El flamenco como cualquier manifestación de arte es algo vivo y muy dinámico, en constante evolución en la que entra el movimiento. Muy bien en quiebros sostenidos.

Carmen de la Jara ensayando con Antonio Carrión antes del concierto. Cortesía de Carmen de la Jara
Carmen de la Jara ensayando con Antonio Carrión antes del concierto. Cortesía de Carmen de la Jara

Pero sin duda la estrella de la noche era Carmen de la Jara. Se la notó el oficio desde la manera de salir a escena, con ese empaque que denota la seguridad que dan las tablas. En la forma de vestirse y hacer ver que un traje es factor fundamental de presentación del artista ante su público. Y en la inmediata comunicación con el público. Todo eso antes de empezar a cantar.

Ella, gaditana viñera, maestra en los cantes de su tierra empezó anunciando unos cantecitos de Cádiz. Siguió por soleá  y después sorprendió con una jotica de Cái, que llenó de un popurrí  letras populares, como  Quisiera ser tan alta como la luna, o Ya no va la niña por agua a la fuente, o Y si no se le quitan bailando los dolores a la molinera…Y otras más a las que ella pone grandeza con su voz y sabiduría en el cante.

Hubo un fin de fiesta por fandangos de Cádiz, por supuesto, en el que cantaron y bailaron cantaoras y palmeros de lujo al son de las dos guitarras. Fandangos que enardecieron al respetable. Y es que Cái es mucho Cái.

1 Enlaces:

https://periodistas-es.com/carmen-la-jara-cantaora-gaditana-vinera-91434

2. Enlace:

https://periodistas-es.com/maria-terremoto-asombro-jerez-95843

Algunas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida. Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, master en Psicología del Deporte por la UAM, diplomada en Empresas y Actividades Turísticas, conocedora de la Filosofía Védica. Responsable de Comunicación y Medios en Madrid de la ONG Internacional con base en India, Abrazando al Mundo. Miembro de la British Association of Freelance Writers. Certificada en Diseño de Permacultura. Trainer de Dragon Dreaming, metodología holística para el crecimiento personal, grupal y comunitario en el amor a la Tierra. Colaboradora en Periodistas-es y en las revistas Natural, Verdemente, The Ecologist para España y América Latina. Profesora de inglés avanzado.

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