Destellos genuinos

Sales a la calle. Te das una vuelta, y observas en estado puro las mejores lecciones posibles. Muchas son repetidas, pero no por ello están aprendidas en tono y suficiencia. Una de las primeras cosas que advertimos es el ritmo con el que nos movemos. No todos constatamos con los mismos ojos: hay quien tiene prisa, hay quien no ve al de al lado, pero, en paralelo, hallamos igualmente a quienes intentan darse un baño con las sensaciones del entorno y, obviamente, lo primero que perciben es al vecino de enfrente.

Esas gentes benévolas nos salvan. No importa su número, o sí, mas lo que nos debe proporcionar dicha es que todavía nos demuestran que el itinerario cotidiano vale la pena. Constituyen un antídoto enorme.

Por eso, pese a la generalizada ignorancia doliente respecto de quien duerme en un banco, que aún protagonizamos, disfrutamos también del que ofrece un bocadillo o incluso una taza de leche caliente. No importa para ellos y ellas la hora cuando hace falta algo en el estómago.

No desdeñemos los afectos, los fines subjetivos y esa ternura que nos quita malos aromas y nos llena de coraje. Los sentimientos curan, como se indica en los viejos manuales médicos de hace varios miles de años. En el fondo y en la forma no ha cambiado lo esencial. Si el corazón marcha, lo físico funciona.

Así es. Te das un paseo y registras la tipología que caracteriza al ser humano. Ciertamente, el que miremos a unos u otros, el que tomemos como ejemplos o modelos a los buenos o los malos nos brinda serenidad o bien todo lo contrario.

Fundamentalmente, la postura dicta que estemos en un lado u otro de una fuerza global, pero con dimensiones diversas y hasta dispersas. El compromiso, como dijo Shakespeare, nos remedia más de lo que pensamos.

Salgamos a la calle con ojos de infancia, por favor; y seguro que degustaremos los genuinos destellos.

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Soy Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid, donde también me licencié en esta especialidad. Tengo el Doctorado en Pedagogía por la Universidad de Murcia. Poseo seis másteres sobre comunicación, Producción, Literatura, Pedagogía, Antropología y Publicidad. He sido Decano del Colegio de Periodistas de Murcia y Presidente de la Asociación de la Prensa de Murcia. Pertenezco a la Academia de Televisión. Imparto clases en la Universidad de Murcia, y colaboro con varias universidades hispanoamericanas. Dirijo el Grupo de Investigación, de calado universitario, "La Víctima en los Medios" (Presido su Foro Internacional). He escrito o colaborado en numerosos libros y pertenezco a la Asociación de Escritores Murcianos, AERMU, donde he sido Vicepresidente. Actualmente soy el Delegado Territorial de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC) en Murcia.

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