Gloriana, la obra maestra maldita

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Gloriana, la ópera más brillante de Benjamin Britten se representará por primera vez en el Teatro Real de Madrid, 65 años después de su estreno en la Royal Opera House londinense con un fausto motivo: la celebración de la coronación de la Reina Isabel II, el 8 de junio de 1953.

Gloriana: maqueta
Gloriana: maqueta

Esta celebración requería una pieza musical basada en el reinado de Isabel I de Inglaterra. La llegada al trono de una segunda Isabel, era para los poderes fácticos británicos una ocasión de rememorar las glorias pasadas de la reina homónima. Algo laudatorio, necesario para una Inglaterra que aún se lamía las heridas de la devastación de la II Guerra Mundial y lo que era peor, la pérdida del Imperio. Pero esto, ¿era posible con Britten?

Gloriana, uno de los nombres con que se conoció a Isabel I, narra un breve espacio de la vida de la reina. Una Isabel envejecida de 53 años, se apasiona del jovencísimo conde de Essex, Robert Devereux. Partitura y libreto narran la complejidad del personaje. La mujer que gobierna con mano de hierro, la culta dama renacentista, la amante del lujo y placeres de la corte y la mujer íntima, el ser humano con todas sus contradicciones y vulnerabilidades.

Nada de esto era lo que esperaban los invitados al estreno, políticos, aristócratas, cuerpo diplomático, jefes de estado  de no pocos países…Gente a quien no interesaba la calidad de la ópera, ni un acercamiento humano al personaje, la consideraron como un insulto, tanto al personaje histórico como a la joven Isabel II.

Como dice Joan Matabosch, director artístico del Real, Isabel es un leit motif en las obras de Britten, una outsider, como lo es el personaje de Peter Grimes y dos personajes de su obra precedente Billy Budd, el capitán Vere y el maestro de armas John Claggart. ‘Con ambos, Britten construye el personaje de Isabel’. Para Anna Caterina Antonacci, una de las dos sopranos que encarnan a la reina, ‘es un personaje fascinante, intensa y oscura, atrapada por el deseo de un joven casi al final de su vida, sometida a la mirada de todos. Para Alexandra Deshorties, la otra intérprete de Gloriana, que ha cantado todo el repertorio de las Elizabeth musicales, aquí hay dos personajes enfrentados, el público y el privado. Es brillante, sabe lo que debe hacer y tiene que ocultar que tiene corazón, tiene que responder a lo que se espera de ella y al mismo tiempo ser mujer. Es decir, es un arquetipo, por eso se han ocupado de ella tantos autores.

Gloriana: vestuario
Gloriana: vestuario

Si mezclamos en este cocktail la personalidad de Benjamin Britten, un personaje que no ocultaba su homosexualidad en una Inglaterra en que esto era un delito; que a sus 39 años gozaba de popularidad y relaciones de alto nivel. Que había pasado los años de la guerra en Estados Unidos. Encargar a Britten una ópera sobre Isabel I, iba sin duda a ser una ‘ópera de Britten’, ¿por qué y quién le hizo este encargo que resultó tan desafortunado el día de su estreno y que le condenó al ostracismo hasta 2013?

El año anterior, 1952, Britten y su pareja Peter Pears esquiaban en Austria con dos amigos aristócratas, el conde y la condesa de Harewood, él primo de Isabel II y descendiente lejano de Essex. Hablaban sobre los rasgos que definen la nacionalidad de las óperas y no encontraron ningún prototipo de ópera inglesa, incluidas las anteriores de Britten. El conde de Harewood le propuso que compusiera esa ópera inglesa por antonomasia. Esa fue la semilla de Gloriana, patrocinada desde el principio por el conde. Es más, se conoce que la propia reina Isabel II estuvo informada en todo momento de lo que trataba la obra y siempre estuvo de acuerdo. Una vez terminada, hubo una reunión con la reina y su marido, en la que estuvieron los condes de Harewood, Benjamin Britten y su libretista William Plomer. Parece que la reina no sugirió que se cambiara ni una coma, todo un ejemplo de tolerancia y aggiornamento. Pero como dice el refrán, los poderes fácticos fueron más papistas que la propia reina que iba a tomar el testigo de su predecesora de mismo nombre.

En realidad lo que esperaba el Londres oficial era algún tipo de glorificación elemental, no el drama apasionado con final trágico de Britten. Y estos invitados, que no habían pagado entrada, criticaron hasta una música que no entendían, bien servidos por los medios de entonces. La reacción fue muy distinta en representaciones posteriores, con asistentes entendidos en ópera. Pero el mal estaba tan hecho que Gloriana no volvió a la Royal Opera House hasta 2013.

Gloriana: vestuario
Gloriana: vestuario

Esta es la brillante ópera, considerada la obra maestra de Britten, de la que se verán nueve funciones entre los días 12 y 24 de abril de 2018, coincidiendo con la presentación y debates del World Opera Forum, que este año se celebra en Madrid. Bajo la magistral dirección musical de Ivor Bolton, gran especialista en Britten, la dirección de escena de David McVicar, la depurada escenografía de Robert Jones y el suntuoso vestuario isabelino de Brigitte Reiffenstuel.

De la música y la representación hablaremos tras el estreno, quizá el más importante de esta temporada del Real.

Algunas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida. Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, master en Psicología del Deporte por la UAM, diplomada en Empresas y Actividades Turísticas, conocedora de la Filosofía Védica. Responsable de Comunicación y Medios en Madrid de la ONG Internacional con base en India, Abrazando al Mundo. Miembro de la British Association of Freelance Writers. Certificada en Diseño de Permacultura. Trainer de Dragon Dreaming, metodología holística para el crecimiento personal, grupal y comunitario en el amor a la Tierra. Colaboradora en Periodistas-es y en las revistas Natural, Verdemente, The Ecologist para España y América Latina. Profesora de inglés avanzado.

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