Jack: claridad deslumbrante en un niño

Del director germano Edward Berger, llega la película Jack, un drama realista totalmente actual, ambientado en la joven Alemania del desarrollo, que tiene como protagonista a un niño. Un niño que, en una sociedad avanzada que prohíbe el trabajo infantil, se mata a trabajar “por principios”, es decir, no hay elección posible para él. Si él no sostiene su mundo, su mundo se hunde.

Jack-posterPorque Jack es un niño con principios en un mundo de adultos que carecen de ellos o que al menos parecen haberlos perdido. Podríamos decir que él los posee de manera innata puesto que nadie se los ha inculcado, y ahí están, dentro de él como una pequeña brújula guiando su vida, dándole una energía casi sobrehumana para que no se desvíe ni un ápice de sus objetivos. Objetivos que deberían ser los de un adulto, como la sinceridad, el honor, la protección y el cuidado de la prole… Pero también los de un niño, como la necesidad absoluta de pertenencia a una familia, a un calor. Y a todo ello se aplicará Jack en medio de una actividad frenética que le llevará de la mañana a la noche sin rendirse hasta caer dormido. Como “el niño yuntero” pero en alemán siglo XXI.

Y te duele en el alma este niño con tantas responsabilidades y tanta actividad, pero duele aún más la falta de responsabilidad por parte de quienes deberían asumirla: la escuela y la familia. Todo falla a su alrededor y ni la familia ni la escuela cumplen su cometido, puesto que ni cuidan ni educan a los niños y sólo importa la diversión en la primera y que pase pronto el tiempo en la segunda, de manera que el niño está peor y correrá más peligro en un internado que en la calle. Sin embargo, en esta sociedad tan avanzada los niños son un gran valor y están protegidísimos, de manera que si alguien ajeno a la familia les quisiera dar cobijo, rápidamente sería acusado de rapto. De ahí que cuando los dos niños vagan en busca de su madre por la ciudad, sean perseguidos como perros callejeros.

He aquí el argumento: Aunque sólo tiene 10 años, Jack (Ivo Pietzcker) cuida de sí mismo y de su hermano pequeño Manuel (Georg Arms). Su madre Sanna (Luise Heyer) trabaja todo el día y por las noches quiere divertirse, incapaz de hacer frente al hecho de ser madre soltera con dos hijos. Un accidente doméstico hace que Jack acabe en un centro de menores y separado de su madre. Pero llegan las vacaciones y nadie va a recogerle, por lo que él decide escaparse para descubrir que su madre está nuevamente ausente. Recorre la ciudad en su busca, junto con su hermano, durmiendo en parques o garajes y huyendo de la policía y de los adultos que se cruzan en su camino, unos para ayudarles y otros para lo contrario.

El final de la película, tan drástico como sorprendente, nos deja llenos de interrogantes sobre lo que será de Jack en el futuro, si será un pasota harto de todos o un héroe, tanto nos hemos creído el personaje. Jack tiene cierto parecido, por la situación familiar que plantea (madre soltera jovencísima con dos hijos de distintas parejas), con Cabeza alta, la estupenda película francesa sobre menores ahora también en los cines, pero Jack no está como Cabeza alta esperando a que le den otra oportunidad y otra y otra. Jack las oportunidades se las busca él solo para él y para su hermano.

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Premios: Jack obtuvo tres nominaciones a los premios del Cine Alemán en las categorías de Mejor Dirección, Mejor Guión y Mejor Película. En el palmarés final resultó ganadora del Lola de Plata a la Mejor Película alemana de 2014. También fue premio el joven Ivo Pietzcker al Mejor Actor en los German Film Critics Awards, con apenas 10 años. Tuvo su première internacional en la Sección Oficial de la Berlinale y estuvo en el Festival de Cine de Gijón.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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