Jakobabad en Pakistán y Ras Al Khaimah en el Golfo Pérsico: regiones de la Tierra en el umbral de «inhabitabilidad»

Los científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos en Evolución del Clima (GIEC), que anuncian la publicación de su próximo informe anual para el 9 de agosto de este 2021, advierten que «será alarmista» porque, como consecuencia del calentamiento global, ya hay dos regiones de la Tierra que han alcanzado el umbral de «inhabitabilidad»: Jakobabad en Pakistán y Ras Al Khaimah en el Golfo Pérsico.

Acnur Jacobabad Paquistán
Acnur: Jacobabad, en el sur de Paquistán

Una región inhabitable es una zona del planeta donde hay permanentemente más de 35 grados en el termómetro y 90 por ciento de humedad en el aire, y donde es imposible trabajar o hacer deporte, según la valoración del  GIEC, creado en 1988 en la localidad suiza de Ginebra, en la sede de la Organización Meteorológica Mundial, y al que pertenecen 195 países.

«El cóctel calor-humedad puede ser mortal para el organismo humano» recuerda el boletín diario de France Télévisións que recoge la información del GIEC. La periodista Valérie Heurtel lo explica con detalle: «Cuando el aire es seco somos capaces de resistir calores extremos, incluso hasta más de sesenta grados si no dura mucho tiempo».

El cuerpo humano dispone de un termostato natural que se encarga de mantener la temperatura en torno a los 37 grados: «En contacto con un aire seco, el sudor se evapora, y esa evaporación nos refresca. En un aire saturado de humedad, el sudor tiene dificultad para evaporarse y el cuerpo está sobrecalentado».

Los climatólogos habían previsto las «canículas húmedas» para dentro de treinta años pero, desgraciadamente, ya han llegado, y los datos meteorológicos de los últimos años son inquietantes: en Pakistán y en el Golfo Pérsico ya hay zonas que han alcanzado el punto de no retorno pero hay otras regiones del planeta –en China y en gran parte de India- que no están lejos de alcanzarlo. Las más amenazadas son las zonas costeras, donde «los fuertes calores se mezclan con la evaporación de los mares».

¿Qué puede suceder a los seres humanos que vivan en esas zonas? El doctor Laurent Uzan, cardiólogo deportivo explica que «la temperatura interior empieza a subir, aparecen alteraciones en la visión, vértigos, complicaciones neurológicas, convulsiones, incluso se puede llegar al coma por complicaciones cardiacas o renales gravísimas».

El  informe que prepara el GIEC, una referencia anual para el mundo de la climatología, parte de la constatación de que ya se aprecian signos del calentamiento global: «En el norte de Canadá, en el pasado mes de junio, una ola de calor histórica que llegó a alcanzar más de 49 grados de temperatura, causó 808 fallecimientos, según cifras del Instituto Médico Legal de la Columbia Británica; muchas de las víctimas fallecieron de ‘muerte súbita’. En la otra punta del globo, en India, los monzones devastadores han causado más de un centenar de muertos; En Madagascar, por primera vez la ONU atribuye una hambruna al desarreglo climático. En cincuenta años la temperatura del planeta ha aumentado 1,1 grados».

Cada vez asistimos a más acontecimientos inéditos, jamás conocidos en el pasado. En el peor de los escenarios, los científicos avanzan un calentamiento global de hasta cuatro grados, de aquí al final del siglo, lo que transformaría totalmente nuestro medio ambiente.

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Periodista, libertaria, atea y sentimental. Llevo más de medio siglo trabajando en prensa escrita, RNE y TVE; ahora en publicaciones digitales. He sido redactora, corresponsal, enviada especial, guionista, presentadora y hasta ahora, la única mujer que había dirigido un diario de ámbito nacional (Liberación). En lo que se está dando en llamar “los otros protagonistas de la transición” (que se materializará en un congreso en febrero de 2017), es un honor haber participado en el equipo de la revista B.I.C.I.C.L.E.T.A (Boletín informativo del colectivo internacionalista de comunicaciones libertarias y ecologistas de trabajadores anarcosindicalistas). Cenetista, Socia fundadora de la Unió de Periodistes del País Valencià, que presidí hasta 1984, y Socia Honoraria de Reporteros sin Fronteras.

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