Los toreros muertos presentan su nuevo disco En vivo

Los toreros muertos han presentado en Madrid su último disco titulado “En vivo”, con el que celebran sus 30 años como grupo, que fue grabado el 28 de febrero, “inmediatamente después de 15 días de carnavales”, en el Gran Teatro Falla de Cádiz.

toreros-muertos-cartel-20150512La presentación en Madrid se produjo el 12 de mayo de 2015 en el Mercado de San Antón, de Madrid, y viene a cuento porque la banda actuará durante las próximas fiestas de San Isidro en la Plaza Mayor, al mismo tiempo que anuncian la continuación de su gira nacional e internacional, una gira titulada “Nadie dará más por su dinero”, que empezó en Granada, que siguió en Cádiz y ahora recala en Madrid.

Durante el acto, el líder de la banda, Pablo Carbonell, afirmó que su propuesta musical y estética es más “vigente ahora que entonces” y “hasta más necesaria”. Cuando empezaron en el año 86, su primer disco supuso -siempre según Pablo Carbonell- el principio del fin de la movida madrileña. ¿Grupo de los 80? De eso nada. Somos un grupo de los 90 que baila sobre la tumba de los 80. “Y yo soy el primer sorprendido, pero “Los toreros muertos” nos adelantamos a nuestro tiempo veintiséis años, y ahora es el momento. Durante mucho tiempo no nos hemos enterado de lo que estábamos haciendo y ahora lo sabemos”.

Un reflexión que es capaz de hacer en estos momentos, ya que en el pasado los miembros del grupo madrileño estaban más “preocupados” en definirse entre “ser una banda de rock” o, “quizás reírse” de las bandas de rock. “Aunque no sé por qué, si de hecho nos encantaban”.

Acto seguido, Pablo carbonell se puso a regalar discos por los puestos del mercado: al pescadero, a la panadera, al hamburguesero, a la especiera… Y todos ponían cara de extrañamiento brechtiano, como desconfiando del regalo.

El resto de los componentes de “Los toreros muertos”, más parcos en palabras aunque muy payasos, son Many Moure y Guillermo Piccolini, este último desde 1985. Somos un grupo de payasos, fue la consigna que los tres reconocieron al unísono, si bien Guillermo reconoció que “no le encuentro pelo al huevo ni a la sopa”.

Pablo Carbonell vuelve y se explaya y sigue hablando, ahora sobre el nombre, curiosidades que la gente pide: por qué llamarse “Los toreros muertos”. Somos un homenaje a la fiesta nacional, sí, una fiesta de muerte pero en la que no siempre muere el toro, por eso somos un país que tiene toreros muertos (Paquirri, El Yiyo, Manolete, Sánchez Mejías) como otros países tienen panaderos o leñadores muertos. Pero aquí lo importante es el “Los” del artículo. Si simplemente nos hubiéramos llamado Toreros muertos, el nombre parecería un apóstrofe, una invocación o un deseo de matar toreros. Y nada de eso, nosotros somos “Los toreros muertos”. Y en nuestro tiempo los que estaban de cuerpo presente (y caliente) eran El Yiyo y Paquirri, pues iba por ellos.

Con cuatro álbumes editados, Treinta años de éxitos (1986), Por Biafra (1987), Mundo caracol (1989) y Toreros muertos: cantan en español (1992), y otras tantas recopilaciones entre 1999 y 2007, Carbonell aseguró que los conciertos que están llevando en la gira producen un “efecto ‘lifting'”, ya que las canciones importantes de la década de los ochenta, con títulos como “Manolito” ó “Yo no me llamo Javier”, ahora están “de plena actualidad”.

Pero sobre todo lo que quieren ahora, después de tocar en bares toda su vida, lo que quieren en estos momentos es beber en los bares pero “recuperar las plazas de toros, los campos de fútbol, los grandes teatros, volver a lo grande”.

Su característica es el humor pero sin que se note. Porque estos toreros de la música consideran, sin humor ni ironía aparente, que lo que están haciendo es “lo más serio que se está haciendo en el panorama”.

Por eso, “el próximo disco será un tributo a Los toreros muertos, de momento tributamos a Montoro”.

Y será en estos conciertos por España donde únicamente se podrá adquirir ‘En vivo’, Un disco “autoproducido” por la banda, ya que, como concluyó Carbonell, las discográficas les “permiten” quedarse con el veinticinco por ciento de los beneficios. O sea, que se quedan con el setenta y cinco.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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