Minería de La Unión: Cuando sonaron los tiros

2016 conmemora el centenario de la carga contra mineros en huelga el 7 de marzo de 1916 con resultados trágicos

Durante el pasado Festival Internacional del Cante de las Minas de la Unión, tuvieron lugar en el salón de actos del Ayuntamiento, Casa del Piñón, una serie de presentaciones y homenajes ligados a la historia de esta ciudad, nacida en 1860 a la sombra del auge de la industria minera en la sierra de Cartagena – La Unión.

Antigua galería en una de las minas de La Unión.
Antigua galería en una de las minas de La Unión.

En esta historia hubo épocas de crisis y de crecimiento, de un lento y constante fortalecimiento de las asociaciones y sindicatos mineros que reivindicaban los derechos de los trabajadores y varias huelgas generales, al menos dos de ellas con resultados trágicos, por el fuerte enfrentamiento de intereses entre capital y fuerza de trabajo.

El 4 de mayo de 1898 los mineros de La Unión, a los que se unieron los de El Algar, Llano del Beal y Portmán decretaron una huelga general para reivindicar salarios semanales en lugar del sistema de pago por vales, solo válidos para comprar en las tiendas de las empresas mineras. En principio no hubo acuerdos pero si enfrentamientos populares con los carabineros que produjeron tres muertos, por lo que el gobernador civil decretó el ‘estado de guerra’. Solo la intervención del alcalde de La Unión, José Maestre, logró calmar los ánimos, con la promesa de los patronos de ‘escuchar’ las reivindicaciones de los trabajadores.

Pero la huelga más trágica fue la del 7 de marzo de 1916, de la que en este año 2016 se celebra el centenario en La Unión. Esta vez la huelga general llegó a poner en pie a cerca de veinte mil mineros de todo el Campo de Cartagena. Pero La Unión fue la protagonista de los sucesos dramáticos del 7 de marzo.

Hay que tener en cuenta la fecha y el entorno geopolítico responsable de una gran crisis extractiva, con consecuencias de paro, disminución de salarios y encarecimiento hasta de los productos más básicos como el pan. La Guerra Europea, con la batalla de Verdún como telón de fondo, había afectado profundamente a la producción minera. En España, el conde de Romanones, ministro de Alfonso XIII, partícipe en empresas mineras de la sierra de Cartagena – La Unión había compartido responsabilidades en el endurecimiento de las condiciones de vida de los obreros. que llegaron a ser insostenibles.

Las reivindicaciones de 1916 respaldadas por los sindicatos UGT y CNT pedían un aumento de salario de cinco reales semanales, erradicación de vales de una vez para siempre y algo que parece impensable hoy en día: que el carburo y piedra para iluminar las galerías de las minas durante las largas horas de trabajo, que hasta ese momento tenían que pagarse los mineros, pasara a cargo de los patronos. La respuesta de la patronal fue contundente: un real de subida, -estamos hablando de salarios de 2,50, 2,75 y 3,25 pesetas semanales, sin regulación de horario de trabajo, ni vacaciones, ni medidas de seguridad, ni seguros médicos. Pero la aún precaria conciencia de clase en 1916, solo contemplaba la subida salarial y no tener que pagarse la iluminación de la mina como reivindicaciones principales, porque en el fondo lo que realmente preocupaba y asustaba a los trabajadores era el fantasma del hambre. Siguieron las negociaciones, los sindicatos obreros rebajaron su reivindicación  a tres reales de subida salarial pero la respuesta de los patronos fue la misma. Un real o nada.

El 3 de marzo todas las organizaciones obreras convocan la huelga general en toda la cuenca minera de La Unión. El gobierno civil en previsión de ‘conflictos’ hace venir a la zona al Regimiento Sevilla del ejército y una fuerte dotación de la guardia civil, cuyo alojamiento y manutención corren  a cargo del ayuntamiento de La Unión.

El 7 de marzo es martes de Carnaval, el tiempo es desapacible, ventoso y lluvioso. A primera hora de la mañana hay una reunión en la Casa del Pueblo del Llano del Beal de la que sale un sí unánime a la huelga. A la una de la tarde los obreros regresan a sus casas siguiendo la vía del tren. Al pasar cerca de la Fundición de Pío Wandossel, en la zona conocida como El Descargador, una maravilla tecnológica de la época, ven humo, lo que les hace sospechar que hay gente trabajando en plena huelga general y una comisión de unos cincuenta trabajadores decide acercarse para comprobar si lo hacen forzados o se trata de esquiroles. Sale a recibirlos un oficial de la guardia civil  quien se niega a dejarlos entrar porque eso sería una ‘ofensa a su honor’.

Fundición Tío Pío. 7 marzo 1916, Situación de tropas. Cortesía de Francisco Ródenas Rozas, cronista oficial del Ayuntamiento de La Unión.

Los huelguistas van desarmados, aunque más tarde fueron falsamente acusados de llevar explosivos por las fuerzas de orden público y la prensa conservadora. La fundición es prácticamente rodeada por una fuerza de ochenta efectivos, en su mayoría de un destacamento de la Guardia Civil al mando del teniente Mancebo y veintidós soldados. También está presente una ambulancia de la Cruz Roja. Tensión enorme con la comisión retenida en la puerta y una multitud por los alrededores.

La Guardia Civil para ‘evitar un posible asalto a la fundición’, empezó a realizar cargas con el resultado de siete muertos y decenas de heridos, entre ellos una mujer, Ana María Céspedes Soler y un niño de quince años, Francisco Carrillo Paredes, por supuesto trabajador de mina, otro niño más pequeño que por las razones que sean nunca fue identificado. Gracias a los camilleros de la Cruz Roja que se interpusieron entre la fuerza pública y los trabajadores la masacre no fue mayor. A los heridos para los que no había camillas los llevaron a hombros al hospital de La Unión, donde las Hermanas de la Caridad se volcaron en la atención a los heridos. Solo uno falleció unos días después. A las tres de la tarde todo estaba consumado.

En la tarde de ese día 7 de marzo hubo una confrontación en la calle Mayor de La Unión entre el capitán de la Cruz Roja y el teniente Mancebo que había estado al mando del destacamento de la Guardia Civil en la fundición. Cuentan testigos que el guardia trató de defender  la actuación de la mañana, basándose en ‘la necesidad de defender el orden público’, pero no logró ser muy convincente, la discusión llegó a las manos, menos mal que los viandantes lograron llevarlos a un café para calmar los ánimos.

Esa noche de martes de Carnaval estaba anunciado un baile de máscaras para la población burguesa que se celebró, porque el ayuntamiento no suspendió el Carnaval. En la causa de fallecimiento de los siete muertos y el fallecido posteriormente en el hospital de la Caridad se ponía ‘por desgracia’. El entierro el 8 de marzo fue un acto imponente, con presencia de prensa de Madrid, como El Imparcial, La Vanguardia, El Radical, Época…Como siempre la visión de los hechos variaba según el signo del medio. El Radical títuló su portada del 8 de marzo, ‘Los fusilamientos en masa de los obreros de La Unión’, mientras que Época titulaba ‘Desórdenes en La Unión”, El Liberal de Murcia, «Fusilamiento por la fuerza pública de la muchedumbre hambrienta de La Unión», Heraldo de Madrid, «Los huelguistas llevaban cartuchos de dinamita dentro de las botellas» y así sucesivamente.

Portada de El Radical de Madrid. 8 de marzo de 1916. Cortesía de Francisco Ródenas Rozas.
Portada de El Radical de Madrid. 8 de marzo de 1916. Cortesía de Francisco Ródenas Rozas, cronista oficial del Ayuntamiento de La Unión.

El ayuntamiento permaneció cerrado tras los sucesos. Hubo un homenaje a los héroes de la Cruz Roja del 7 de marzo, que fueron reconocidos en 1919 por varios organismos oficiales. Se abrieron suscripciones a favor de las víctimas. Se abrió una investigación que terminó en nada. No hubo responsables.

La Comisión viajó a Madrid para pedir ayuda a la UGT. Al final hubo un laudo. No habría represalias a los obreros. La subida salarial quedó estipulada en un real, lo que los patronos habían ofrecido antes de la huelga.

Nunca hubo un real tan caro. A la postre los patronos de ‘minas pobres’ dijeron que no podían asumir esa subida, que no podían pagar esos salarios’. Todo acabó en crisis y emigración.

El sufrimiento estimula la creatividad y el arte. Ahora cobran pleno sentido los cantes mineros, nacidos en el corazón de las minas de la cuenca de Cartagena – La Unión. De ahí el protagonismo de la Minera y la Cartagenera.

Pero el 7 de marzo de 1916 ha quedado grabado en el imaginario colectivo de los mineros de la sierra y sus descendientes y en el de los habitantes de La Unión hasta el día de hoy. El 7 de marzo ha sido declarado ‘Día del minero herido en su lucha por el trabajo’.

Únase a más de 1100 personas que apoyan nuestro periódico

Podrás comentar, enviar sugerencias y además podrás acceder de forma gratuita a eBooks, póster y contenidos exclusivos de nuestros colaboradores.

Algunas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida. Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, master en Psicología del Deporte por la UAM, diplomada en Empresas y Actividades Turísticas, conocedora de la Filosofía Védica. Responsable de Comunicación y Medios en Madrid de la ONG Internacional con base en India, Abrazando al Mundo. Miembro de la British Association of Freelance Writers. Certificada en Diseño de Permacultura. Trainer de Dragon Dreaming, metodología holística para el crecimiento personal, grupal y comunitario en el amor a la Tierra. Colaboradora en Periodistas-es y en las revistas Natural, Verdemente, The Ecologist para España y América Latina. Profesora de inglés avanzado.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.