Patricia Guerrero: utopías, distopías y realidades

Patricia Guerrero es la bailaora prototipo de artista integral del siglo XXI, nacida en el Albaicín de Granada en 1990. Una fecha liberadora de tabúes sobre la mujer artista, más si hablamos de artista flamenca.

Hija única de una maestra de baile flamenco y de un futbolista que se volcaron en que fuera una bailaora de categoría superior a la media, con una abuela costurera de trajes flamencos que crea alta costura exclusiva para ella, cuando Patricia habla de su vida, siempre dice que todo ha sucedido de forma natural.

La palabra conflicto no está en su vocabulario. Patricia es uno de los talentos más positivos que conozco, de ahí que desde su adolescencia no haya hecho otra cosa que cosechar éxitos, incluido crear sus propias coreografías y espectáculos desde antes de cumplir los veinte años.

Patricia y yo nos reunimos en Nîmes a mediados de enero, donde ella presentaba su obra Distopía, estrenada en 2018 en la Bienal de Sevilla. Una obra con tanta belleza como complejidad, de la que hablamos largamente, desde su inspiración y génesis hasta su puesta en escena definitiva. Y de más cosas.

Teresa Fernández: Tengo que decirte que me alegró muchísimo saber que tu fuente de inspiración para el espectáculo Distopía había sido la exposición Utopías Modernas del Centro Pompidou de Málaga, porque yo estuve en esa exposición a finales de 2018 y me marcó, y parece que a tí aún más. ¿Cómo fue?

Patricia Guerrero: Ya nos habían dado el libro de la exposición, sabíamos de qué iba. Cierto que es una exposición que marca. Pues de ahí, mi director, Juan Dolores Caballero, y yo, decidimos hacer lo contrario, una distopía en lugar de una utopía. Me habían propuesto hablar sobre la utopía social, y nos pareció maravilloso hablar de la distopía desde la utopía, algo un poco más profundo y más duro. En los primeros diez minutos del espectáculo se muestra un tipo de sociedad que va de la utopía a la distopía y después, mi personaje se empieza a cuestionar por qué tiene que hacer lo que hace esa sociedad.

El proceso fue muy interesante, porque políticamente era  muy actual y vino naturalmente, cosa que me gusta mucho. No es hablar por hablar de los temas, es que de repente caminan solos. Así que nos metimos en ese mundo y uff

Patricia Guerrero en Distopía. ©Sandy Korzekwa
Patricia Guerrero en Distopía. ©Sandy Korzekwa

Teresa: Voy a poner aquí tu definición de lo que trata tu espectáculo. Luego me dices: “La protagonista de esta historia está en una sociedad aparentemente ideal, pero inexistente y rota que anula la personalidad individual. Ella se cuestiona la vida que ha tenido y que sigue viviendo, por lo que la juzgan y maltratan en todos los sentidos. Es un contenido duro y profundo pero lleno de luz y belleza.”

Patricia: En el espectáculo, el personaje habla así de la sociedad en general. Es cierto que nosotros nos juzgamos y la sociedad nos juzga, estamos metidos sin darnos cuenta en esa burbuja con muchos problemas que realmente existen, y hay gente que los saca a la luz y gente que nunca los saca.  Estamos maltratados psicológicamente, porque, desde el principio, ya hay una imposición de lo que está bien y lo que está mal. Y si haces algo que no está estipulado, está mal. Ya eso para mí es un ataque psicológico.

Yo siempre he intentado buscar lo positivo de lo que no me interesaba escuchar, y también he nacido en una época en la que la mujer está en un momento muy bueno y sí, en alguna ocasión he sufrido machismo, el flamenco es muy machista, pero estamos en la cola que han dejado las generaciones anteriores y es normal, incluso en mí hay algo de esa cola de machismo que tenemos que ir soltando. Pero aquí hablamos del personaje.

Patricia Guerrero en Distopía. ©Sandy Korzekwa
Patricia Guerrero en Distopía. ©Sandy Korzekwa

Teresa: Tanto con Distopía como antes con Catedral, estás haciendo crítica de la sociedad en la que vives. ¿Sientes que vivimos en una sociedad distópica?

Patricia: Sí, se hace una crítica social. En Catedral, en base a la religión, y en Distopía, en base a una sociedad politizada con la mujer como chivo expiatorio. La veo como una sociedad distópica, porque los políticos pocas veces hacen lo que prometen y todo el mundo lucha, incluso familias enteras compiten por ver quién es de un partido o de otro. Para mí la política es como la carne para el pueblo, para que nos entretengamos.

Teresa: Cierto que todo, además de tu baile y el de tus bailarines, las músicas, la iluminación, el sonido, son elementos de expresión de lo que sucede en escena. Pero en este caso, encuentro que el vestuario es determinante. En Distopía, ¿qué nos estás contando con el rojo, el negro, la bata de cola, el blanco y ese abrigo que me fascina con el que empiezas y acabas?

Patricia: El abrigo lo compré en Londres, en el mercado de segunda mano de Camden Town. Me gustan las prendas que han tenido un pasado. Me lo pongo y tiene un peso, una caída.

El rojo representa a la mujer, su belleza, su sensualidad, sexualidad, la totalidad de la mujer. El negro es el luto por ese maltrato hacia ella, el abuso por parte del hombre, del maltrato que da paso a la bata de cola, que simboliza la deformación de la mujer. La bata de cola me la ha hecho mi abuela, que sigue siendo mi costurera. Es muy interesante el número de la bata. En principio Juan no lo quería, porque decía que no estaba en la línea del personaje, pero yo sabía que esa bata tenía que estar, por lo que significaba para mí. Y dándole vueltas, para encontrarle sitio dentro del personaje, la deformación de la mujer, tenía que estar también en la bata de cola, era la única forma de encajarla. Entendí que tenía que estar ahí porque estaba deformada, igual que ella. Así hasta la semana anterior al estreno,que  es cuando vimos lo que realmente significaba y dijimos ¡adelante.!  La bata habla de una situación dramática, del poder de los hombres y de ese hombre sobre ella. Y cuando sale para la soleá es un bicho, ya está deformada.

El rojo mini representa a la mujer destruida, que para sobrevivir tiene que refugiarse en la locura. Por eso el blanco del final habla de esa divinidad en la que se encuentra dentro de su locura. Es una situación que recuerda a Orwell 1984. Para poder sobrevivir se rinde a la locura. Y dentro de la locura encuentra la felicidad y la alegría, dentro de un mundo propio, aislado de lo que la rodea, una especie de mundo autista.

Patricia Guerrero en Distopía. ©Sandy Korzekwa
Patricia Guerrero en Distopía. ©Sandy Korzekwa

Teresa: Distopía ¿es la continuación del discurso que empezaste con Catedral? ¿Cómo encaja en ese discurso Juan Dolores Caballero? ¿Cómo ves a futuro la continuación de ese discurso?

Patricia: Juan ha marcado un cambio de ciclo en mi trayectoria, un discurso en el que sin proponérmelo, me he puesto en el papel de reivindicadora de la mujer. Juan fue el que me llevó a ese cambio de dejar el flamenco en segundo plano y estar al servicio de algo que nos da miedo. Lo aprendí y gané libertad. Me ayudó mucho mi experiencia de niña en el teatro y trabajar con un director de teatro que me marcaba la pauta de cómo iba a interpretar ese personaje, me encantó. Y ahí me encontré cómoda, que sumaba en mí interpretar un personaje dentro de un baile. Y todo vino rodado en un musical riquísimo en el que se hablaba de la religión y de la opresión de la mujer, de una realidad histórica. En Catedral recordé en muchos momentos a mi abuela y a muchas otras mujeres. Hay un momento, cuando me cantan el Padre Nuestro en arameo, en el que estoy invocando a las mujeres ajusticiadas por la Inquisición.

No ha sido algo que yo haya vivido, pero que sí han vivido mujeres que conozco. Mi abuela, por ejemplo, todavía no se quiere quitar el chal. Es muy fuerte, pero es así.

Teresa: ¿Cómo ves a futuro la continuación de este discurso? ¿Va a haber una trilogía?

Patricia: (ríe) ¡Esto me lo han preguntado varias veces! Y se me ha pasado por la cabeza y lo hemos hablado, que podría haber una tercera parte, aunque no tenga que ver con Catedral ni con Distopía, pero sí en el mismo hilo. Ahora mismo no tengo una inspiración en mente, pero si viene, vendrá de forma natural, como vino Distopía. Sería interesante, porque yo creo que nunca se ha hecho una trilogía, bueno, no sé…

Teresa: Podrías decir que la Compañía de Patricia Guerrero puede considerarse como compañía estable, incluyendo proyectos futuros?

Patricia: Sí. En realidad llamo compañía a mis compañeros. Dani de Morón no estuvo en Catedral, estuvo Juan Requena. Agustín Diassera ha estado siempre. La compañía, digamos, es Juan Dolores Caballero, la producción y yo. Luego en cada espectáculo puede haber artistas que varíen. Dani es mi amor artístico y la verdad es que el feeling que tenemos en escena es enorme.

Patricia Guerrero Distopía ©Sandy Korzekwa
Patricia Guerrero en Distopía ©Sandy Korzekwa

Teresa: Muchas cosas han cambiado, pero en general y en particular en el flamenco, ser hombre ¿sigue siendo un privilegio?

Patricia: Es que ser hombre en general y en el flamenco, en particular, es un privilegio, esa es la realidad. Pero por suerte, yo he nacido en un momento en el que la mujer está teniendo un apoyo extra, en el que hay muchas cosas para ella, hay muchos productores que quieren hacer cosas con mujeres y, en este caso, en estos espectáculos, yo no he buscado ni la temática ni nada, vino a mí de forma natural, era un tema que me tocaba y fue así. Si el hombre se siente igual o se siente ahora un poco discriminado, pues no pasa nada. 

Teresa: Bueno, estamos en una buena época para la mujer. Volvamos a tu infancia, a Granada, al Albaicín, a tu madre bailaora y a tu abuela que te hacía los trajes de baile, a tu entorno y a tus inicios.

Patricia: A mi madre le gustaba bailar, pero mi abuelo no quiso que bailara de chica. Luego se echó novio, mi padre, se casó y empezó a bailar, empezó a ir a clases y luego se dedicó a la enseñanza del baile. Yo nací cuando ella empezaba con su academia de baile, así que me he criado bailando, ella y también mi padre, que era futbolista, se volcaron en mi formación. Los dos me han apoyado y mi madre siempre ha sabido enfocarme bien y ha tenido gusto, ha sabido distinguir quién era maestro, los dos han empleado toda su energía en mí, en su hija única. Luego está el entorno del Albaicín, flamenco, gitano, soy paya pero estamos muy enraizados. Desde siempre ese ha sido mi ambiente. De pequeña empecé a bailar en un tablao con un guitarrista y cantaor, fue como algo muy natural. Mi madre siempre lo cuenta, ella tenía una academia con niñas, y vio enseguida un talento en mí que era natural. Fue ella quien me lanzó y yo lo acepté como lo más natural. Jamás tuve un conflicto, para mí ensayar era algo natural y dar clase era lo que más me gustaba.

Patricia Guerrero en Distopía ©Sandy Korzekwa

Patricia Guerrero en Distopía ©Sandy Korzekwa

Patricia Guerrero en Distopía ©Sandy Korzekwa
Patricia Guerrero en Distopía ©Sandy Korzekwa

Teresa: Granada es un punto fundamental en la historia del flamenco y cantera de enormes artistas. ¿A qué achacas que no se haya consolidado como referente flamenco como Sevilla? O como Madrid, que es caso aparte, no por historia, por capitalidad. ¿Porqué, como en tu caso y muchos otros hay que emigrar para crecer profesionalmente? Granada podría haber sido la referencia del sureste, ¿no se ha gestionado bien?

Patricia: Ha influido la idiosincrasia del pueblo, creo. Sevilla, Jerez, no sé cómo decirte, tienen más amor a lo que hacen, se quieren de una manera diferente. Cuando yo fui a Sevilla todos los maestros de la edad de oro estaban allí, Rubén Olmo, etc … Es cierto que en Granada, por su personalidad, la gente, los artistas son muy introvertidos, no sé cómo explicarte la personalidad de aquí, de la tierra. Con la cantera impresionante que ha tenido y sigue teniendo. Estamos allí como en un micromundo. Me pasa a mí cuando voy, se siente ese micromundo y hay gente que está muy a gusto allí y gente que se va. No te lo puedo explicar, pero es así, es una personalidad diferente. Es un mundo introvertido y los sevillanos y gaditanos son un mundo hacia afuera. Muchas veces la gente me habla de su tierra y yo podría hacer lo mismo de Granada, y no lo hago. Pero es que no nos hace falta, ¡no sé cómo decirte!

Teresa: Algunos lo llaman complejo de Boabdil.

Patricia: Pues es muy posible. Eso lo explicaría muy bien.

Teresa: Llegar hasta aquí es una historia de muchas horas de trabajo, muchos sacrificios y también muchas gratificaciones y lo uno es consecuencia de lo otro. ¿Qué porcentaje pondrías a trabajo/sacrificios y cuál a gratificaciones?

Patricia: No es fácil la pregunta (riéndose) Te diría que más trabajo y sacrificios que gratificaciones.

Teresa: ¿Un sesenta/cuarenta?

Patricia: Podría ser. Un cuarenta ya me parece mucho. Hay que ensayar a diario, se necesita mucha autodisciplina, y cuanto más creces, mayor es la responsabilidad, tienes un trabajo detrás de mucha calidad y tienes que seguir esa línea o más. No digamos tener una compañía. Yo ahora mismo llevo a quince personas conmigo, de las que soy responsable. Ya no es solo bailar, hay un nivel de presión duro. Luego está el amor al trabajo, sin él no lo haríamos. Pero si te gusta, la satisfacción es maravillosa.

Teresa: En tu caso lo que asombra es lo jovencísima que eres, tu nivel de madurez personal y artística, tu sentido de la responsabilidad, tu enorme espíritu positivo. ¿A qué lo achacas?

Patricia: Lo achaco sobre todo al camino que mi madre me abrió y a mis decisiones en mi carrera. A eso lo achaco. La intuición siempre me ha acompañado bien y he sabido verla. Y he sabido decir no y he dicho muchas veces no. Eso ha definido mi carrera.

Teresa: Cuéntame tu llegada a Sevilla con dieciocho años.

Patricia: Cuando llegué a Sevilla decidí tomar clases en la escuela de Rubén Olmo¹. Esa noche fui a pedir trabajo al tablao Los Gallos, estaba Rubén bailando y salí para el fin de fiesta. Al día siguiente, fui a la clase de Rubén, ni siquiera sabía que él era el profesor y a los tres días Rubén me dice que quería contar conmigo para un proyecto suyo. Y a los cuatro días me llamaron del tablao para darme trabajo. Fíjate que decisión la de ir a Sevilla, por eso te digo que mis decisiones también me han marcado. De Granada me fui en cuanto acabé los estudios obligatorios, luego en Sevilla estudié Magisterio Musical. Tenía clarísimo que tenía que irme, no había más para aprender.

Teresa: Describe tu crecimiento profesional desde tu trabajo Desde el Albaicín hasta Distopía. Más de diez años…

Patricia: Desde el Albaicín fue como en 2009, había ganado el Desplante en La Unión y otro premio en Ubrique, ya hacía mis recitales. Desde el Albaicín fue un recital con una pequeña temática que era Granada y Matisse, me inspiré en los cuadros de Matisse. De allí pasé a Los latidos del agua donde también estaba Granada, el barrio; ya había relación con Falla, con Lorca, con el mundo mágico. Ya introduje otros recursos, varias piezas de Albéniz con piano, ahí me fui metiendo en ese mundo teatral en el que contaba una historia, la de los latidos del agua, y ahí es cuando conocí a Juan Dolores, quien me revisó un poco ese espectáculo cuando ya estaba estrenado.

Teresa: ¿Cómo bailabas cuando empezaste a crear tus proyectos en solitario y cómo bailas ahora?

Patricia: No sé cómo decírtelo, bailaba bastante bien técnicamente, pero más inmadura. Eso sí, siempre me ha acompañado la misma fuerza en el momento de pisar el escenario. Ahora tengo más madurez. Entonces tenía el atrevimiento natural de cuando eres joven, pero ahora tengo más conocimiento, he trabajado con muchos tipos de artistas y ese conocimiento lo integras para ser más inteligente dentro de la escena. Vas desarrollando capacidades. La respuesta a todo ese conocimiento y madurez fue Catedral y luego Distopía. Mi madre tiene miedo de lo que pueda hacer… Pero a mí no me interesa hacer lo que ya se ha hecho.

Teresa: Mario Maya, Rubén Olmo como maestros y Juan Dolores Caballero como director, ¿tus tres mayores referentes?

Patricia: Totalmente, lo has clavado.

Teresa: ¿Quién es y dónde está Patricia Guerrero en el momento actual?

Patricia: Pues soy una bailaora contemporánea, que me encuentro en un momento alto de creación, bastante libre y abierta a hacer cosas o, simplemente, a navegar en el mundo de la danza, del teatro, de la música; estoy en un momento muy nutritivo, como cuando la tierra está para sembrar. Estoy en ese momento de madurez para poder plantar y crear. Me encuentro en ese momento y con fuerza. Y feliz. Por ejemplo ayer, cuando fue llegando toda mi gente, me sentí feliz de reunir ese equipo.

Quizá un poco nerviosa, no por mí, estoy muy segura en el escenario, sino porque todo salga bien entre todos. Me gusta que haya un cierto nivel de improvisación dentro del guión. Hay gente que le gusta no dejar ningún cable suelto. A mí, me gusta. Es lo que hace cada función diferente. Un pequeño porcentaje de improvisación es muy importante para todo, para que la energía esté ahí, estar pendiente de ese momento que no se conoce, para que se sorprenda la gente dentro del escenario y para bailar como me sienta ese día.

Teresa: Algo que no te he preguntado y que quieras añadir.

Patricia: Algo que añadiría, que es muy importante lo que yo he aprendido de todos mis maestros, lo que siempre he admirado de todos los que para mí han sido maestros ha sido el amor que tienen a lo que hacen, el respeto que tienen a lo que hacen, la profesionalidad, por supuesto, pero sobre todo el amor que tienen a lo que hacen. Eso es de lo que siempre he intentado llenarme de ellos, antes que de toda la técnica.

Teresa: Proyectos a futuro.

Patricia: Tengo un proyecto que se llama Tientos al tiempo, con un artista visual madrileño, Pablo Valbuena, una performance que nos ha producido el espacio artístico 104 de París.

Otro regalo de este año es que voy con Mayte Martín en el espectáculo «Veinte años de Querencia», un regalo que me ha dado la vida. Y también estoy en un proyecto de Faqmi Alqhai con su viola de gamba y música de Bach que presentamos ya en Madrid para la Bienal de Sevilla 2020. Otra vez voy a sumergirme en Bach, que es uno de mis referentes clásicos.

Hay una cosa más, muy importante que te diré más adelante. Y eso es todo, que no es poco.

  1. Actual director del Ballet Nacional de España

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Algunas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida. Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, master en Psicología del Deporte por la UAM, diplomada en Empresas y Actividades Turísticas, conocedora de la Filosofía Védica. Responsable de Comunicación y Medios en Madrid de la ONG Internacional con base en India, Abrazando al Mundo. Miembro de la British Association of Freelance Writers. Certificada en Diseño de Permacultura. Trainer de Dragon Dreaming, metodología holística para el crecimiento personal, grupal y comunitario en el amor a la Tierra. Colaboradora en Periodistas-es y en las revistas Natural, Verdemente, The Ecologist para España y América Latina. Profesora de inglés avanzado.

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