Durante muchos años se pensó que la fibromialgia era una enfermedad imaginaria y emocional, que afectaba a mujeres ociosas o insatisfechas.
Y contó con el rechazo de parte de la comunidad médica, que directamente no creía en su existencia.

Pero por fortuna para ellas y vergüenza para los médicos y maridos que eso sostenían, recientes estudios genéticos confirman que es una enfermedad de origen neurológico y no autoinmune como se decía.
«Nuestros hallazgos confirman que la afección tiene una base biológica clara», señaló Michael Wainberg, científico de la Universidad de Toronto y uno de los autores del estudio elaborado por 53 investigadores de siete países y basado en datos genéticos de más de 2,5 millones de adultos de Estados Unidos, Reino Unido, Finlandia, Estonia, Islandia y Dinamarca.
La investigación fue publicada este 28 de julio, por varios medios que tomaron los datos de la agencia EFE.
Y leo en Internet que la palabra fibromialgia, aceptada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta 1992, combina raíces del latín y del griego.
Fibro procede del latín fibra, que hace referencia al tejido fibroso que ataca, tendones y ligamentos y myo y algia del griego, μῦς músculo y ἄλγος dolor.
Hasta 1960 se llamaba fibrositis, pero se eliminó el sufijo itis que significa inflamación, al descubrirse que no la ocasiona.
Afecta aproximadamente, al dos por ciento de la población mundial; ocasionándoles intensos dolores, fatiga, problemas de sueño, memoria y bajas en el estado de ánimo.
Y aún enfrenta, diagnósticos tardíos.
En la investigación de referencia, que fue primero dada a conocer por la revista Nature Medicine, los médicos hallaron variantes en la secuencia de ADN en veintiséis regiones del genoma.
Y como muchos de los genes de estas regiones están relacionados con el funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso, aportan evidencia más sólida de que la fibromialgia no es una enfermedad autoinmune, como se había afirmado durante mucho tiempo.
«Durante décadas, se ha restado importancia a los pacientes o se les ha dicho que su dolor es simplemente psicológico», señaló Wainberg.
Agregó que una de las veintiséis variantes genéticas identificadas con mayor riesgo de desarrollar fibromialgia, se encuentra dentro del gen HTT; que tiene otras mutaciones que causan la enfermedad de Huntington, trastorno neurodegenerativo progresivo, grave y mortal.
Y Frances Williams, reumatóloga del King College de Londres y participante en la investigación, señaló que en el enorme conjunto de datos que recogieron de veinte millones de células procedentes de diversos tejidos, encontraron pruebas que revelan nexos entre la fibromialgia y afecciones como dolor lumbar, síndrome del intestino irritable y trastorno por estrés postraumático, lo que explicaría por qué suelen aparecer juntas.
Y precisó que a pesar de haber en el mundo tres veces más mujeres que hombres con fibromialgia, no encontraron diferencias genéticas entre el riesgo de ambos sexos.
Por lo que piensan, que la mayor prevalencia en las mujeres podría deberse a factores hormonales o ambientales o diferencias en la sensibilidad al dolor y en los patrones de diagnóstico.
Y el mapa genético de la fibromialgia apunta a que en la base de la enfermedad, hay un fallo en el procesamiento del dolor.
Otro estudio identificó alteraciones en el ADN, vinculadas con la fibromialgia; lo que establece que el sistema nervioso desempeña un rol clave en el desarrollo de la dolencia
Aunque los hallazgos no implican que la fibromialgia pueda diagnosticarse ya mediante una prueba genética, ni conduce de forma inmediata a tratamientos novedosos, sí proporciona puntos de partida para comprender la biología de la enfermedad, orientar mejor los diagnósticos y abre la puerta para encontrar nuevos fármacos y tratamientos.
Los investigadores especifican que la genética no es una bola de cristal que predice con exactitud quién enfermará; sino que actúa como un mapa molecular que ayuda a comprender las vías biológicas que causan la fibromialgia; algunas de las afecciones con las que se relaciona y cómo se podría diseñar análisis de sangre y fármacos específicos para diagnosticarla y tratarla.
Y Jordi Monfort, jefe de Reumatología del Hospital del Mar de Barcelona, no participó en el estudio referido, pero coincide en su importancia científica.
«Porque nos permite afirmar que hay una base genética. Esto no quiere decir que sea lo único ni que hayamos encontrado el gen de la fibromialgia, pero arroja luz sobre la etiología de la fibromialgia y refuerza la hipótesis de que está relacionada con un problema en el procesamiento del dolor».
Y no menos importante, es que da un espaldarazo a la gente que la padece; es decirles que lo que tienen es real, que están enfermos de verdad.



