Hayan leído o no ese clásico de la literatura francesa que es «El extranjero» de Albert Camus escrito en 1942, les recomiendo encarecidamente que vean la que es sin lugar a dudas una de las mejores películas francesas del año y también de la prolífica filmografía del director francés François Ozon, estrenada en París a fines de octubre pasado, que por razones de salud he visto tardíamente.

La brillante adaptación cinematográfica de «El extranjero» por François Ozon figura como favorita con seis nominaciones en los Premios Lumières de la prensa extranjera en París[1], y a fines de enero la encontraremos sin duda entre las nominadas a los premios César del cine francés que se celebran en febrero 2026.
A razón casi de una al año, François Ozon ha dirigido un total de veinticuatro películas desde que se dio a conocer en 1998 con su ópera prima «Sitcom», siendo autor anteriormente de numerosos cortometrajes. Citaré aquí de su filmografía algunas de las que más he apreciado: «Gotas de agua sobre piedras calientes», «8 mujeres», «En la casa», «Frantz», «Gracias a Dios», «El amante doble», «Peter Von Kant», «Cuando cae el otoño», «Jeune & Jolie» «Una nueva amiga» y ahora «El extranjero», varias de ellas reseñadas en este periódico junto a otros momentos relevantes del actor en festivales cinematográficos.
Ozon es uno de esos directores franceses que nos sorprende siempre con películas de tratamientos y géneros muy diferentes, pero que vehiculan temas y obsesiones recurrentes: las relaciones humanas, la intriga, la identidad sexual, el amor o la muerte, desde ángulos diversos y con una sabia mezcla de un cine lúdico y que invita al mismo tiempo a la reflexión.
Ozon es un cineasta que ama a sus actores y actrices, a ellas les rindió un claro homenaje en «8 mujeres» (desde Ludivine Sagnier, a Charlotte Rampling, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert…), y ellos como Bernard Giraudeau, Fabrice Luchini, Pierre Niney, Denis Menochet, Khalil Gharbia o Benjamin Voisin. Actores nobeles o veteranos son para él también fuente de inspiración.
En «El extranjero» su protagonista es Benjamín Voisin, joven intérprete de «Verano del 85» de François Ozon (2020), y de «Las ilusiones perdidas» de Xavier Gianoli (2021).
Pero en esta ocasión, en su libre y fiel adaptación de «El extranjero», Ozon le ha ofrecido a Benjamin Voisin un papel que exigía una mayor introversión, para reflejar a ese solitario, taciturno y enigmático Mersault en la Argelia colonial. Un joven que tras haber enterrado a su madre matará a un joven árabe sin saber muy bien porqué, siendo condenado a muerte.
Como sugiere Camus: un crimen producto del azar, pero reflejo de la relación entre el colono y el colonizado y una condena resultado del absurdo sistema judicial que dicta las normas y reglas de nuestra sociedad en general y de esa sociedad colonial en concreto.
La interpretación del personaje de Meursault por Benjamin Voisin, como ha analizado nuestra colega y amiga Nuria Vidal en su excelente blog, parece inspirado del cine de Rober Bresson (ver por ejemplo «Pickpocket»), por su aparente indiferencia o ausencia de emoción, de ese personaje que se siente extranjero a todo lo que le rodea, y a las normas de una sociedad que le acabará juzgando más por ser considerado un hijo indigno que por haber matado a un árabe.
Y sin embargo, el resto del casting bien cuidado muestra que Ozon en sus opciones cinematográficas y en su gusto por la dirección de actores está lejos del dogma de Bresson sobre el modelo y el actor.
Los cuatro personajes secundarios que rodean a Meursault están sostenidos por rostros de cine de esos que no se olvidan, como Denis Lavant (el viejo Salamano), Pierre Lottin (Raymond el amigo proxeneta), Rebecca Marder (María Cardona esa musa erótica que acompaña a Meursault en su desgracia), Christophe Malavoy (el juez que no entiende el ateísmo del acusado) o Swan Arlaud (el cura frente al que Meursault recusa toda confesión y proclama convencido que él no cree en Dios).

En su cuidada reconstitución de la Argelia colonial francesa de los años treinta, con sus localizaciones naturales y decorados Ozon ha optado con mucha inteligencia por un blanco y negro brillante y poético que en nuestra imaginación de espectadores nos sitúa inmediatamente en ese color o atmósfera visual de las actualidades Pathé de la época.
Como lo dice en su excelente y muy bien documentada critica en «Aquí Madrid» mi colega y amiga Mercedes Arancibia: la película de Ozon «es muy personal y suficientemente fiel a la novela de Camus». En su libre interpretación de la obra es al mismo tiempo fiel al espíritu del autor, a sus diálogos y a lo esencial de su metafórico mensaje, pero modificando la estructura literaria lineal de ese relato en dos partes, mediante una narración cinematográfica con varios flashes back entre lo sucedido y la reflexión e imaginación del preso, lo que aporta fluidez y dramaticidad a la historia.
El libro de Camus empieza con esta frase: «Hoy mamá ha muerto», y el relato se cierra con la esperanza del condenado a muerte de «que haya mucho público en mi ejecución que me acojan con gritos de odio».
La película de Ozon en cambio empieza por otra frase no menos significativa de la novela, cuando detenido llega a la cárcel y a Meursault le preguntan: ¿Por qué estás aquí? responde: «He matado a un árabe». Y la última imagen es la de la hermana de la víctima frente a la tumba de ese árabe, «que a nadie importa», como lo dice ella misma poco antes, en uno de los pocos diálogos que no figuran en esa forma en la obra original.
Me gusta la adaptación sobria, sensual y poética que Ozon hace de «El extranjero» porque es fiel al espíritu de Camus y tiene un eco evidente en la Francia y en el mundo actual en el que el colonialismo y el racismo regresan al galope. En el personaje de Meursault sabe captar Ozon su introvertida sensualidad y su dificultad o aparente incapacidad para amar a esa mujer que aparece en su vida al día siguiente de haber enterrado a su madre, fallecida en un asilo para ancianos.
En aquella Francia colonial, saturada de xenofobia y desprecio por el colonizado, el mensaje de Camus era mucho más hermético y filosófico, pero evidentemente anticolonial. Francois Ozon lo restituye con su propia sensibilidad y la mirada de un gran cineasta en este siglo veintiuno.
Francois Ozon ha logrado ese desafío que consiste en adaptar una gran obra literaria. Desafío en el que fracasó Luchino Visconti en 1967 cuando filmó «Lo straniero» una superproducción Dino De Laurentis, en tecnicolor con casting de lujo (Marcelo Mastroiani, Ana Karina, Georges Wilson, Bernard Blier, etc ), adaptación también de la obre homónima de Camus.
Visconti echaba las culpas del fracaso a la viuda de Camus que controló la adaptación fiel del relato. He tenido ocasión de ver la película recientemente y el desastre se entiende perfectamente, no tanto por la adaptación «fiel» sino por el tratamiento cinematográfico y por la interpretación «psicológica» de los personajes, así como por la fallida manera de llevar la imaginación del espectador a esos años treinta.
Queriendo ser fiel a la letra, la película de Visconti no reflejaba para nada el espíritu de Albert Camus. De hecho, «Lo straniero» es una obra que ha sido olvidada en la historia del cine, pese a estar firmada por el gran Luchino Visconti, del que hemos admirado tantas otras y maravillosas películas.
Para los que se interesan en la historia del cine, la comparación entre la película de Visconti y la de Ozon, a tantos años de distancia, muestra dos maneras de hacer cine, y como a mi entender el buen cine que perdura es el que sabe conferir autenticidad al relato, esté basado no en hechos reales, sea o no una adaptación literaria.
- La 31 ceremonia de Les Lumieres entrega de los premios de la prensa extranjera al mejor cine francés se celebra este domingo 18 de enero en Paris.



