«¡Háblame de tu experticia!»

Siempre he valorado el hecho de que, aun cuando las redes sociales y otros espacios para la comunicación están plagados de impropiedades, existe un marcado interés por deshacerse de ellas, que se manifiesta casi a diario.

En Facebook, Equis e Instagram, que son las que conozco y manejo con relativa facilidad, aparecen interesantes contenidos con la finalidad de aclarar dudas y evitar situaciones equivocadas. ¡Eso está muy bien!

Por lo general esas publicaciones cumplen el cometido; pero hay unas que están concebidas bajo un purismo excesivo, que no es del todo malo; no obstante, puede convertirse en el acelerante para que se avive la llama de las dudas y, por ende, de situaciones viciadas, toda vez que, simple y llanamente están equivocadas. Se debe tener mucho cuidado para no multiplicar los despropósitos.

Es digno de elogio el esfuerzo que muchas personas hacen por mejorar su escritura y su expresión oral, lo cual les permitiría desenvolverse con éxito en cada labor que emprendan; pero cuando ese esfuerzo se cimenta en un mero prurito exhibicionista, es bastante lamentable. Se convierten en cazadores de gazapos y andan siempre encontrando errores en donde no los hay. Les gusta hablar de lo que no saben, además de que no tienen un argumento sólido con el que pueden convencer con sus «teorías». Yo no cometo ese feo pecado, pues cuando no manejo con facilidad un tema, prefiero no tocarlo hasta que pueda digerirlo.

El día martes 3 de los corrientes, mientras me preparaba para salir de casa, oí que un periodista, coordinador de la sección deportiva de la emisión matutina de un noticiero (o noticiario) de un importante canal televisivo de Venezuela, tuvo como invitado a un ciudadano que, por lo que pude intuir, es parte de la organización de la décima edición del Maratón CAF Caracas 2026, que tendrá lugar mañana en la capital de Venezuela.

El comunicador le dijo al entrevistado, palabras más, palabras menos: «Háblame a nivel de tu experticia», lo cual evidencia que no conoce el significado de ese último vocablo.

Debo acotar que ese desliz no es un caso aislado, dado que es un vicio que se ha arraigado, y se ha hecho tan repetitivo, que incluso muchos profesionales, sobre todo gente ligada con la comunicación social, se ha convertido en multiplicadora del mal, sin darse cuenta.

¿Pero, cuál es el problema? El problema está en que la palabra experticia no es sinónimo de experiencia, que es como de forma equivocada la han usado desde tiempos inmemoriales.

Una experticia, desde el punto de vista legal, no debe ser elaborada por un perito, sino por un experto, y para ser tal, debe poseer un título profesional. De ahí que exista la experticia y el peritaje como formas diferentes. La primera es facultad de un experto, y la segunda, de un perito. La experticia, en opinión del jurista Raimond Gutiérrez, le da al juez mayor confianza, pues convence más. Eso, desde luego, no implica que el peritaje no sea importante; pero supongo que en casos en los que una investigación deba aplicarse profundamente, este no podría suplir a la experticia.

Ahora, ¿por qué muchos creen que experticia y experiencia son sinónimos? Creo que ahí priva el hecho de la raíz de ambos términos, lo que hace que tengan un parecido gráfico y fonético; pero de allí en adelante no hay nada más.

No es cuestionable que una persona use sinónimos para evitar repeticiones monótonas, pues esa es la razón de su existencia; pero cuando los utiliza para exhibir la prosa, como acostumbran algunos con ínfulas de eruditos, entonces las cosas pueden complicarse.

No veo la necesidad de utilizar una palabra para sustituir a experiencia, que es un vocablo que no deja lugar a dudas, de gran tradición y elegancia; pero si algún entrevistador, por la razón que sea prefiere cambiarlo, entonces podría hablar de vivencia, práctica, trayectoria, pericia, maestría, destreza y veteranía, entre otras.

Por cierto, en Venezuela, muy pocos serán los que pudieran afirmar que son veteranos, como es lo correcto para referirse a quienes se destacan o se destacaron en cierta y determinada labor, dado que el término veterano ha tomado un matiz peyorativo que podría suscitar graves problemas, incluso confrontaciones escandalosas.

Quede claro que experticia y experiencia, aunque se parezcan, no son sinónimos. Eso no es un capricho mío; eso está plasmado hasta en el más elemental de los diccionarios.

Entonces, si yo hubiese sido el entrevistador en el aludido espacio informativo, le habría dicho al entrevistado: «Háblame de tu experiencia», así, sin más ni más.

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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