En América Central cada vez más medios priorizan sus plataformas digitales y reducen o abandonan sus ediciones impresas, impulsados por cambios tecnológicos y económicos, así como por hábitos de consumo de la información, informa Edgardo Ayala (IPS) desde San Salvador.

A esos factores, que por lo demás son parte intrínseca de la transición mediática a nivel mundial, se suman también presiones desde el poder político que claramente buscan, y en algunos casos logran, desmantelar periódicos y medios en general, vistos como opositores políticos.
La reconversión mediática no es nueva, y «los cambios dependen de innovaciones tecnológicas y de las necesidades sociales, así como de las presiones políticas y económicas», explicó a IPS la investigadora salvadoreña Ivón Rivera, retomando el concepto de «mediamorfosis», planteado en 1997 por el académico estadounidense Roger Fidler.
En El Salvador, Rivera ubicó ese proceso al menos desde 2014, cuando los medios tradicionales empezaron a reforzar su presencia en internet y redes sociales, al tiempo que surgían medios nativos digitales y cambiaban las formas de acceder a la información.
Tres cierres en El Salvador
Con el tiempo, tras un periodo de convivencia con una modalidad híbrida (impresa y digital), tres diarios salvadoreños de alcance nacional apagaron por completo sus rotativas y se quedaron únicamente navegando en el ciberespacio: CoLatino cerró en mayo de 2020, El Mundo, en marzo de 2024 y, más recientemente, El Diario de Hoy, el 28 de marzo de 2026.
En el aspecto económico, Rivera señaló que los medios salvadoreños, además de los ingresos de anunciantes privados, recibían un buen aporte de publicidad gubernamental, que ahora ha sido vetado por el gobierno del presidente Nayib Bukele, que los considera enemigos políticos.
En la mayoría de países centroamericanos el universo de diarios nacionales impresos siempre ha sido reducido, generalmente entre tres y seis cabeceras de alcance nacional. El cierre de uno o dos periódicos tiene un impacto proporcionalmente mayor que el de algunos de los grandes diarios en el resto de América Latina, con ecosistemas mediáticos más robustos.
La experta también comentó que las nuevas generaciones consumen noticias principalmente desde teléfonos móviles y plataformas digitales, mientras disminuye la compra de periódicos impresos.
Producir una edición en papel resulta cada vez más costoso y las empresas periodísticas deben invertir recursos adicionales para competir en un ecosistema digital que exige producción multimedia, presencia permanente en redes sociales y nuevos formatos de contenido.
Rivera sostuvo que ese proceso también ha tenido consecuencias dentro de las redacciones.
Con menos ingresos, muchos medios han reducido personal y concentrado más funciones en un mismo periodista, que hoy no solo reporta, sino que además produce contenido para distintas plataformas, monitorea redes sociales y adapta su trabajo a múltiples formatos.
Esa apreciación coincide con un estudio regional publicado en 2023 que concluye que la reconversión digital en Centroamérica ha incrementado la carga laboral de los periodistas, profundizado la precariedad del empleo y transformado de manera estructural las rutinas de producción informativa.
El reporte se centra sobre todo en Guatemala, Honduras, El Salvador, y Costa Rica.
Precarización laboral
En esos cuatro países, una proporción importante de periodistas considera que la acumulación de tareas se ha convertido en una característica habitual del trabajo cotidiano, destaca el informe.
La digitalización, añade, amplió el uso de fotografías, videos, infografías y otros recursos multimedia, pero también obligó a los reporteros a desempeñar múltiples funciones dentro de una misma jornada, modificando de forma significativa las rutinas de producción informativa.
Por lo demás, los datos del estudio muestran que la digitalización de las redacciones es un proceso consolidado en América Central.
Entre 76 y 80 por ciento de los periodistas de Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras afirman trabajar en medios digitalizados desde hace una década o más, lo que indica que la transformación comenzó mucho antes del reciente cierre de varias ediciones impresas en la región.
La investigación también identifica un patrón común en la formación de los periodistas.
Salvo en Costa Rica, donde predominan los cursos externos de capacitación junto con la experiencia profesional, en El Salvador, Guatemala y Honduras la adaptación al entorno digital ocurrió principalmente de forma autodidacta o mediante la práctica cotidiana en las redacciones.
Pese a los desafíos que ha traído la reconversión digital, la mayoría de periodistas de los cuatro países considera que el balance ha sido favorable para las empresas periodísticas.
Entre 83 y 95 por ciento de los encuestados en Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Honduras calificó como positivo o muy positivo el impacto de la digitalización, principalmente por las posibilidades de innovación, la incorporación de nuevos formatos informativos y los cambios en la organización de las redacciones.
En Honduras las rotativas siguen
En Honduras, el futuro de la prensa escrita no pasa necesariamente por abandonar el papel, sino por adaptarlo a un nuevo modelo de negocio.
Ese es el caso de El Heraldo, que aunque aceleró su transformación digital tras la pandemia, mantendrá su edición impresa como parte de una estrategia híbrida.
María Antonia Ortiz, jefa de Redacción del diario, explicó a IPS que el periódico ha reducido costos mediante una producción y distribución más eficientes, enfocándose en los mercados más rentables y optimizando procesos y el uso de materias primas, sin renunciar a sus estándares de calidad editorial y periodística.
Agregó que las plataformas digitales concentran hoy la mayor parte de la producción informativa, pero consideró que la edición impresa sigue teniendo espacio entre determinados públicos.
A su juicio, el periódico en papel ofrece una experiencia de lectura más profunda y constituye una alternativa frente a la información condicionada por los algoritmos de las plataformas digitales.
Nicaragua: los abusos del poder
En Nicaragua, aunque la transición hacia plataformas digitales ya estaba en marcha, la persecución por parte del régimen de Daniel Ortega desde 2017 aceleró el «apagón informativo» con el cierre de las ediciones impresas y obligó a varios medios a continuar su labor desde el exilio.
El caso más emblemático es el de La Prensa, fundado en 1926 y perteneciente a la familia Chamorro, de la que también formaba parte la ya fallecida expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, quien gobernó el país entre 1990 y 1997.
El diario suspendió su edición impresa en agosto de 2021, después de que el gobierno retuviera el papel destinado a su impresión y allanara posteriormente sus instalaciones, que fueron confiscadas por el Estado. Desde entonces continúa publicando únicamente en formato digital desde el exilio.
Dos años antes, El Nuevo Diario, el segundo periódico más importante del país, había cesado sus operaciones impresas y digitales, en septiembre de 2019, en medio de una prolongada crisis derivada, según organizaciones defensoras de la libertad de prensa, del bloqueo gubernamental a la importación de papel y otros insumos para la impresión.
Una periodista nicaragüense, que pidió mantener su identidad en reserva, explicó a IPS que el control gubernamental sobre los medios convencionales y la persecución contra periodistas han obligado a buena parte de la prensa independiente a trasladar sus operaciones fuera del país y a continuar informando mediante plataformas digitales.
Y añadió: «La situación es muy difícil en Nicaragua porque existe un dominio total de los medios tradicionales por parte del gobierno, que ha adquirido canales de televisión, radioemisoras y otros».
Otro cierre en Guatemala
Aunque con características distintas, Guatemala ofrece otro ejemplo de cómo los factores políticos pueden alterar la reconversión de la prensa escrita hacia el entorno digital. El caso de elPeriódico constituye uno de los más emblemáticos de la región.
Las acciones judiciales emprendidas contra su fundador, José Rubén Zamora, derivaron en el embargo de cuentas, allanamientos y una creciente asfixia financiera que obligó al cierre de la edición impresa, en noviembre de 2022, y posteriormente de la plataforma digital, en mayo de 2023.
Gerson Ortiz, periodista de ePInvestiga y exintegrante de elPeriódico, explicó a IPS que el diario ya había iniciado años antes su transformación digital y que el cierre no respondió al fracaso de ese proceso, sino al deterioro económico provocado por el caso judicial.
Tras la desaparición del medio, un grupo de antiguos reporteros de elPeriódico creó ePInvestiga, un medio nativo digital que busca dar continuidad al periodismo de investigación desarrollado por su predecesor.
El periodista recordó el momento en que el equipo editorial trabajó en la última edición impresa de elPeriódico: «Fuimos a las oficinas a hacer la última edición. José Rubén ya estaba detenido en ese momento y nos reunimos alrededor de la mesa editorial a decidir la portada del día siguiente», contó en entrevista con IPS, desde Ciudad de Guatemala.
Ortiz consideró que, más allá del caso guatemalteco, la migración hacia plataformas digitales forma parte de una transformación que tarde o temprano alcanzaría a los medios de comunicación.
Sin embargo, advirtió que los nuevos proyectos digitales enfrentan desafíos relacionados con la sostenibilidad financiera, la seguridad informática y la preservación del rigor periodístico.
Mientras tanto, en El Salvador, el cierre de medios impresos ha golpeado las finanzas de Juan Antonio Ramírez, un repartidor de periódicos que habló con IPS a fines de junio, mientras ofrecía las pocas ediciones impresas que quedan, en una esquina de la avenida Bernal, en el norte de San Salvador.
Ramírez ya solo ofrecía La Prensa Gráfica, Mi Chero y Diario El Salvador, este último publicado por el gobierno. Mi Chero es el periódico de corte popular publicado por el mismo grupo editorial de La Prensa Gráfica, Dutriz Hnos.
«En promedio me ganaba unos nueve dólares diarios, ahora eso ha bajado a unos cinco dólares», se lamentó Ramírez, de sesenta años.



