Errores que se repiten 2

Siempre he mantenido que los comunicadores sociales, sea cual sea su ámbito laboral; los educadores y demás profesionales, están obligados moralmente a ser ejemplos del buen decir.

Y que para lograr ese nivel, solo basta con recordar y poner en práctica las nociones elementales que se reciben en la educación primaria y en la secundaria, que a la vez son repasadas en el nivel universitario, aunque en este último, por lo menos en Derecho, en universidades públicas y es posible que en algunas privadas de este país, por disposición de no se sabe quién, la asignatura Lenguaje y Comunicación fue excluida del pensum de estudios, como si se tratase de algo que no importara o fuese «un complejo tercermundista», como sostienen algunos que son enemigos de la gramática.

Si antes de haber sido eliminada la mencionada materia existían impropiedades lingüísticas, no es difícil imaginar la enorme cantidad de situaciones viciadas que han aumentado y aumentarán los casos de errores. Por eso, aunque sea nadar contra la corriente, siempre será necesario tomar en cuenta la frase acuñada por el periodista venezolano Francisco José Delgado (Kotepa), quien dijo: «Escribe que algo queda».

En una ocasión el educador, periodista, abogado y catedrático Alexis Márquez Rodríguez [+] dijo que «el ser humano posee una propensión, al parecer natural, a perseverar en ciertos errores y vicios, aun a sabiendas no solo de que lo son, sino también del daño que pueden causar a la salud y del riesgo en que son capaces de poner a la vida misma». Aseguró que es curioso que esa tendencia también se dé en el lenguaje, porque, en su opinión, los vicios en que los humanos reinciden, por lo general son los que producen placer. Ante eso, muy sabiamente se preguntó: ¿Qué placer puede haber en emplear mal el idioma?

Existen muchas razones, de las que conozco varias; pero para efectos de este artículo, son irrelevantes. Solo me limito a decir que, aun cuando haya vicios casi indesarraigables, existe un marcado interés por minimizarlos, lo cual es un hecho satisfactorio, plausible y encomiable, que además estimula la preocupación y el esfuerzo de aquellos que se ocupan de aportar sus conocimientos para un mejor uso del idioma español.

Extraigo de la amplia gama de errores algunas palabras que se repiten casi a diario, como: aperturar, experticia, descosechar, habemos (como si fuese sinónimo de existencia) y hubieron, por ahora. Sobre estos casos he escrito muchas veces, y en cada una he procurado ser lo más claro posible, en función de que las dudas puedan ser disipadas.

Desconozco el origen de la palabreja aperturar; pero si sé que está arraigada en el lenguaje del ámbito bancario de Venezuela, en el que se insiste en «aperturar cuentas», en vez de abrirlas, que es lo correcto. Se ha enraizado de tal modo, que cuando alguien expresa que va a abrir una cuenta, es frecuente que la persona encargada de facilitarle la acción, con regocijados aires de sabiduría, le diga: ¡Será aperturar!

Eso es una muestra de ignorancia, imprudencia, insolencia y una gran falta de respeto que no se debe tolerar. Existe el sustantivo apertura, del que deriva el verbo abrir. ¡Con «aperturar» no se dice nada diferente de lo que pudiera decirse con abrir, que es el verbo legítimo para referirse a algo que comienza o va a comenzar, por lo que eso de aperturar es una necedad, que todo aquel que se precie de periodista o de educador deberá evitar.

Con relación a experticia, el detalle está en que se le da un significado que no tiene. Es un mal que ha hecho metástasis en muchas áreas, sobre todo en los medios de comunicación (televisión, mayormente). En horas de la tarde del día jueves 3 de los corrientes, en Venezolana de Televisión, durante la emisión de un programa de opinión, tanto el entrevistador como el entrevistado incurrieron cuatro veces en el desacierto de hablar de experticia como si fuese sinónimo de experiencia: una el moderador y tres el invitado. Minutos más tarde ocurrió algo similar en edición vespertina del noticiero del canal estatal, en la sección deportiva.

No es un problema exclusivo de los periodistas de esa planta, sino de un incontable número de periodistas que, para mostrar su «florido léxico», apelan a un término que ellos creen que es sinónimo de experiencia.

Experticia, no se les olvide, es una prueba pericial con fines investigativos o de otra índole, hecha por alguien que deberá tener experiencia; pero no por eso podrá asumirse como tal.

Sinónimos de experiencia, de acuerdo con el contexto, podrán ser «desempeño», «trayectoria», «dedicación», «hoja de servicios», veteranía u otra denominación; pero experticia es solo eso: una prueba pericial.

Descosechar y en muchos casos descosechadora, son palabras muy frecuentes en el área agrícola, para aludir al hecho de recoger el fruto de la siembra y a la máquina empleada en esa labor. Lo correcto es cosechar, dado que si se le agrega el prefijo de negación «des», sería algo así como no cosechar y no cosechadora, respectivamente.

La palabra habemos, sin complicaciones gramaticales, no tiene nada que ver con existencia o permanencia, como algunos creen. Por lo tanto, la frase «En casa habemos varias personas adultas», será defectuosa. Para evitar el error, se debe acudir al uso de una forma que sustituya a habemos: «En casa somos (estamos o hay) varias personas adultas».

Algo parecido ocurre con hubieron. No es correcto decir que «durante la manifestación hubieron disparos» o que «hubieron personas que se retiraron antes de que comenzara el conflicto». Lo adecuado es: «Durante la manifestación hubo disparos»; «Hubo personas que se retiraron antes de que comenzara el conflicto», sin importar la cantidad.

Les reitero que esta explicación no tiene el rigor gramatical, pues estimo que así será más fácil de digerir; pero si usted quiere ir más allá, entonces le recomiendo que lea a Alexis Márquez Rodríguez, Sandro Cohen, Vivaldi o Manuel Seco.

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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