El caso de quienes se creen expertos pero muestran ignorancia

Hay gente poseedora de talento para la investigación histórica, la geográfica, el derecho, la economía; para el análisis político, la filosofía y otras ciencias; pero no tienen facilidad para redactar y producir un contenido medianamente aceptable. Y es que, aunque son profesionales universitarios, desafortunadamente y aunque parezca mentira, no saben escribir ni leer, además de que tienen un vocabulario muy reducido.

De modo que, a veces mis artículos van dirigidos especialmente a quienes se desempeñan en las distintas facetas de la comunicación social, y a educadores, no para zaherirlos, sino con el deseo de que sopesen la importancia y el alcance de su oficio, se ocupen de disipar sus dudas y de adquirir soltura en su forma de expresarse por vía escrita u oral. ¡Para escribir bien, lo digo una vez más, no es necesario ser miembro de la RAE.

En el ámbito comunicacional y educativo existen los «espontáneos»: personas que, luego de haber obtenido un título de pregrado, sin talento y sin haber acumulado experiencia en lo laboral, se creen con la capacidad suficiente como para dictar cátedra en su oficio.

Un primer caso actual es el de un ciudadano pedagogo social que, según él, los conocimientos que adquirió le permiten orientar al resto de los profesionales, pues considera que así lo contempla el perfil de su grado. Se hace llamar licenciado y a veces profesor; pero no cumple ninguno de los dos perfiles, pues hasta donde sé, solo podrá desempeñarse como orientador de estudiantes con comportamientos fuera de lo normal, en cualquier institución educativa, lo cual no tiene nada de malo; pero su formación no es la de un educador como tal, aunque haya cursado materias que también deben ser estudiadas por los aspirantes a profesor o a licenciado en educación, de acuerdo con la universidad. Él es, académicamente, pedagogo social y. en lo práctico, orientador, nada más.

Pero también es locutor avalado por la UCV (Universidad Central de Venezuela), y suele decir que tiene título de locutor. Ignora que un certificado no es un título, aunque lo haya conferido una universidad de gran prestigio. Es solo eso: un certificado, documento que da fe de la participación de alguien en algo, y no es conducente a grado académico.

Tiene varios años en el quehacer del micrófono; pero su limitado léxico, defectos de pronunciación y pésima lectura, lo hacen ver como si estuviera iniciándose en el oficio; sin embargo, se ha atrevido a ofrecer asesorías. Pero la realidad es que, si tuviera diez años en la locución, por ejemplo, podría decirse que tiene el mismo primer año repetido diez veces: no ha avanzado. ¡Menos mal que no escribe!

Un segundo caso es el de un ciudadano de nacionalidad colombiana, que llegó a Acarigua-Araure estado Portuguesa, Venezuela, en 1975. No sé si fue en plan estelar; pero lo cierto es que al cabo de poco tiempo apareció como narrador en una de las emisoras que transmitían los partidos del «primer pentacampeón» del balompié rentado de este país, y lo hacía muy bien, para mi gusto. Su nombre: José Yesid Soto Díaz; pero para «sobresalir», cosa que le gusta mucho, se arrogó el apellido Sotomayor.

Tiene por costumbre utilizar palabras, frases y expresiones, especialmente de cadenas radiofónicas y televisivas de su país y de Carlos Arturo Rueda C., ciudadano costarricense que se estableció en Colombia, en donde adquirió gran fama y prestigio, por su elocuencia, por su creatividad, autenticidad, honestidad y don de gente.

Se ha tomado para sí, expresiones como «Nos oyen y nos creen» y «Un mundo de noticias para un mundo de oyentes», ambas de la Cadena Todelar; mientras que el sustantivo «campeón» es uno de los nombres cariñosos con los que se distinguía el laureado narrador deportivo, que usaba mucho las expresiones «Buena esa, campeón» y «La pelota rodando y Carlos Arturo narrando», de las que Soto Díaz se apoderó y las defiende como suyas, cuando se sabe que eso no es verdad.

El hecho de que use expresiones de otras personas no tendría nada de malo, siempre y cuando reconozca la autoría; pero él ni se sonroja al decir que le pertenecen. Hace pocos días publicó en un grupo de WhatsApp de medios del Portuguesa FC, un breve mensaje en el que puede leerse: «RELIEVANTE Punto de ORO por el rumbo del ensueño mi PENTA. Buena Esa PORTUGUESA». ¡Ni Cantinflas se atrevió a tanto!

Sin dudas, el mensaje es una clara alusión al más reciente partido entre el Penta y Monagas, que terminó sin goles. El texto, aunque breve, está minado de errores, una auténtica antología, cuestionable en alguien que se precie de no cometerlos al escribir y al hablar y que, dicho sea de paso, se dedique a buscar errores en donde no los hay. ¡Y es que a Yesid le encanta buscarle tres patas a gato! Solo voy a referirme a la primera palabra.

Presume de lingüista, lo cual se deduce del hecho de que hace más de treinta años se ha dedicado, sin éxito, a tratar de imponer la palabreja «relievante» y sus variantes, en sustitución de relevante, pues según él, ese término es frecuente en Colombia, lo cual no es cierto, y cualquiera que lo desee podrá verificarlo. Es solo capricho y necedad de un ciudadano que, aunque ha vivido más tiempo en este país que en el suyo, siempre deja entrever, con salpicaduras de arrogancia y prepotencia, que todo lo de su patria es mejor que lo de Venezuela, lo cual es relativo, dado que no hay parámetros de medición. ¡Mis respetos para los hermanos colombianos, ellos no tienen la culpa!

Según la Real Academia Española, «la palabra relievante no es un colombianismo, sino un error lingüístico derivado de una asociación fonética incorrecta. No está registrada en ningún diccionario; ahora, que se use de forma errónea en los estratos bajos de Colombia, es posible. Es como decir «añual» por anual.

El único vocablo formalmente válido para expresar la idea de que algo es significativo o sobresaliente, es relevante. Lo demás es necedad de José Yesid Soto Díaz, derivada de una actitud dirigida a menospreciar las bondades del país que lo adoptó como uno más. ¡No se te olvide, Yesid!

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí
Captcha verification failed!
La puntuación de usuario de captcha falló. ¡por favor contáctenos!

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.