¿Alondras o búhos?

Todo cambia y alimentos que cuando éramos niños se consideraban saludables, hoy tienen etiquetas que dicen lo contrario.

Alondras-o-buhos-©PES-ChatGPT-900x506 ¿Alondras o búhos?

Desayunar yogurt, cereales, granola y jugos de naranja en la década de 1940 y hasta fines de siglo, era empezar el día de manera óptima y lleno de vitaminas.

Y en algunas familias, por fortuna no en la mía, se echaba porras a la margarina «por ser buena para el corazón» y al pan de caja blanco «por fácil de digerir».

Cuando estábamos enfermos nos daban jamón y Sidral Mundet y al empezar octubre cucharadas diarias de emulsión de Scott que nos evitaría gripas todo el año.

No estoy enterada que se haya anatematizado a la emulsión, pero todo lo demás hoy se considera casi alimento basura por los colorantes y azúcar añadido, porque se pasan de calorías y porque al jugo se le quita lo mejor de la naranja, que es la fibra.   

Antes se daban consejos para todo, ahora también, y entre otras muchísimas cosas, se recomienda desayunar, comer y cenar en horarios acordes con nuestro reloj biológico para no crear «desalineación circadiana» y poder regular el azúcar en la sangre.

Eso al menos, es lo que dicen investigadores citados Melissa Hogenboom para un artículo de la BBC, que lo publicó este 10 de agosto.

Para ellos, la hora en que nos alimentamos afecta la cantidad de calorías que obtenemos.

«Desde un punto de vista biológico, no somos la misma persona por la mañana que por la noche», explica Frank Scheer, neurocientífico del Hospital Brigham and Women’s de Boston, Massachusetts, al referirse a una disciplina científica emergente: la crononutrición, de cronos palabra griega que significa tiempo, y establece que una alimentación saludable no solo depende de lo que comemos, sino también de la hora en que lo comemos.

Todo surgió cuando Marta Garaulet, de la universidad española de Murcia y jefa de la investigación en la que participó Scheer, se interesó en el impacto de los horarios en las comidas al observar que dos de sus pacientes en una clínica de pérdida de peso, obtuvieron resultados diferentes pese a seguir la misma dieta.

Pero, una almorzaba alrededor de la una de la tarde y la otra más tarde.

Intrigada, reunió un equipo de colegas que hicieron seguimiento a 420 adultos españoles que se pusieron a dieta veinte semanas.

Y descubrieron que los que almorzaban más temprano bajaban más de peso y más rápidamente que quienes almorzaban tarde.

Otro estudio a 32 mujeres sanas que consumieron las mismas comidas durante quince días mostró, que las que almorzaron más tarde tuvieron peor control de la glucemia y quemaron menos carbohidratos.

Y numerosos estudios posteriores han demostrado que nuestro reloj biológico interno regula casi todos los aspectos de nuestra fisiología.

«Si cenas cuando tus niveles de melatonina están elevados por la noche, tu control de la glucosa se verá afectado», afirma Scheer. 

Y el efecto fue mayor en personas portadoras de una variante común del gen MTNR1B, asociado con mayor riesgo de diabetes tipo 2. 

Las investigaciones indican que desayunar abundantemente redunda en mejor salud del corazón.

Y que cenar tarde, aumenta el hambre del día siguiente porque se alteran las hormonas del apetito y producen menos leptina que regula la saciedad; lo que puede provocar que en lugar que nuestras células descompongan la grasa, la almacenen y esto es más determinante en personas portadoras de variantes genéticas, que las predisponen a subir de peso. 

Se ha descubierto también, que el momento en que comemos no está bajo nuestro control; depende de nuestro cronotipo.

Según Giovanna Muscogiuri, profesora adjunta de la universidad italiana Federico II de Nápoles, las personas matutinas son más propensas a seguir una dieta mediterránea y las vespertinas, tienden a consumir alimentos con mayor densidad energética.

El cronotipo influye también, en la manera en que nuestro cuerpo responde a los alimentos; las personas matutinas tienen picos de sensibilidad a la insulina y liberación de melatonina, más temprano que las vespertinas.

Debiéramos por tanto ser más conscientes de nuestra predisposición a ser «alondras» o «búhos» y tener en cuenta que la duración y la calidad del sueño afectan hambre y antojos. 

Si no dormimos lo suficiente comeremos en exceso alimentos ricos en calorías.

Lo mejor, dicen todos los citados, es comer a horas regulares, dejando para el desayuno los carbohidratos ricos en fibra, como cereales integrales, frijoles y lentejas y toda la fruta, porque es en la mañana cuando el cuerpo los procesa mejor. 

Y optar en la noche, por una comida ligera rica en proteínas que sean fuente de triptófano, como pollo, salmón y atún; porque se ha demostrado que el triptófano mejora la calidad del sueño y en alimentos que ayuden a conciliar el sueño, como frutos secos y semillas. 

Lo ideal es que la comida principal sea alrededor de mediodía y cenar por lo menos tres horas antes de irnos a dormir.

Teresa Gurza
Periodista. Soy mexicana, estudié la carrera de Historia y soy Locutora, Cronista y Comentarista y Licenciada en Periodismo, pero ante todo reportera. Me inicié en televisión en 1970 y fui reportera, conductora y productora de programas noticiosos; reportera de asuntos especiales de los diarios El Día, UnomásUno y La Jornada, y corresponsal en la Unión Soviética, Checoslovaquia y Michoacán. Por razones familiares, mi marido era chileno, viví en Chile más una década. He recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Nacional de Periodismo en Reportaje y ahora radico en México y escribo artículos para Periodistas en Español y otros medios.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí
Captcha verification failed!
La puntuación de usuario de captcha falló. ¡por favor contáctenos!

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.