Por más que se insista, por más explicaciones que las personas conocedoras de gramática y lingüística puedan dar, no dejarán de existir casos de vicios que se han enquistado en el vocabulario del común de los hablantes, por muchas razones, entre esas la escasa formación que en ese aspecto se imparte en los planteles educativos, en los que el método de la enseñanza es limitado, obsoleto y no permite que el alumno pueda demostrar lo aprendido. En materia de lenguaje no basta con leer y memorizar para luego presentar un examen.
Eso ha contribuido a que un incontable número de profesionales hoy día, aunque puedan ser muy brillantes en su desempeño, no manejen con facilidad el lenguaje que emplean, lo cual es un factor en su contra. Pero como no todo puede ni debe ser malo, hay un creciente interés por despejar dudas y adquirir soltura en eso de escribir y hablar bien, verificable en personas que escriben con regularidad y que han entendido que nunca se termina de aprender, aunque conozco varios profesionales de diversas ramas, que dicen «enelignecia» en lugar de negligencia; «tragiversar» en vez tergiversar. ¡Denme una justificación, por favor! ¡No me «tragiverse», compadre!
En Venezuela es común el vicio de la colocación de la «s» en verbos conjugados en segunda persona del singular del pretérito indefinido (pasado): ¿Comistes?; ¿Hablastes con tu instructor? Es muy frecuente la confusión entre querramos y queramos; se oye y se lee que «hubieron muchos problemas» y que además «habemos personas que nunca decimos nada». De eso he hablado infinidades de veces; pero es necesario volver sobre el tema de cuando en cuando, para procurar despejar las dudas que todavía quedan; solo que hoy me referiré a la expresión que sirve de título a este artículo, con el compromiso de abordar todos esos casos en entregas venideras, sin dejar de la lado, por supuesto, otros del mal uso que se le da al verbo aplicar. Eso será posible si al momento de transcribir, revisar y enviar no hay interrupciones en el fluido eléctrico! ¡Os lo prometo!
Es casi imposible no toparse en radio, televisión, medios impresos y redes sociales, con la advertencia de que «ciertas condiciones aplican», utilizada en el lenguaje publicitario para señalar que la promoción de cierto y determinado producto o servicio contiene una serie de condiciones que abarcan un área o segmento de la población y otras no, como el caso en que el costo sea, por ejemplo, uno para la zona central del país y otro para la occidental, con el que habrá una oferta que casi nunca existe, ante lo cual muchas personas ya no se sorprenden ni menos aun caen en la trampa, que se verifica en el hecho de que la intención es no revelar el costo real final. ¡Esas son las tales condiciones!
Pero, sea trampa o un mecanismo legal para atraer potenciales compradores, contiene una impropiedad gramatical a la que me he referido en otras ocasiones, relacionada con el mal uso del verbo aplicar, al que se la tienen aplicada (risas). La malahada expresión se ha convertido en una especie de comodín al que apelan las personas encargadas de elaborar los textos para promocionar productos, bienes y servicios, entre las que, con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente, hay muchos disparateros (as), a los que les gusta que los llamen creativos, y se disgustan cuando alguien les hace una observación, pues se creen «la tapa del frasco», como se le llama en Venezuela a ese tipo de seres, y que estuvo en boga hasta hace pocos días.
Lo correcto es «ciertas condiciones se aplican»; pero si a usted no le gusta, puede usar otras con las que podrá decir lo mismo, sin el riesgo de incurrir en error: «Se aplican ciertas condiciones»; «Ciertas condiciones son aplicadas (o aplicables).
Ahora, ¿por qué es incorrecta la mencionada expresión? Porque el verbo aplicar en ese contexto es transitivo, y por tal motivo necesita un complemento directo (objeto directo) para completar su significado y sobre el cual recae la acción del sujeto. «Ciertas condiciones aplican», sépanlo bien, es una copia y aun, una imitación servil del inglés: «certain conditions apply», y como muchos venezolanos se creen más estadounidenses que el Yankee Stadium; entonces, he ahí el meollo del asunto.
Con ese nombre se le conoce a una obra de teatro, escrita por el actor y periodista venezolano Javier Vidal. Nunca la he visto; pero sé que forma parte del género comedia negra, a la que su autor es muy dado. Me llama la atención el hecho de que siendo un título que a todas luces está viciado, haya sido utilizado por alguien como Javier, que es riguroso en el lenguaje que emplea. No puedo afirmar, ni siquiera intuir que lo hizo adrede, consciente del error, para llamar la atención o fue un desliz, de esos que son muy notorios en personas que son poseedoras de un alto nivel intelectual y de una expresión escrita y oral admirables. ¡Me quedo con la duda!


