Rarísimo me parece que un día seamos jóvenes y casi de repente viejos, con achaques que aparecen como de la nada.

«Un día te despiertas por la mañana y te sientes viejo», aseveró el doctor Steve Hoffmann, profesor de biología computacional en el Instituto Leibniz sobre el Envejecimiento en Jena, Alemania, en un artículo titulado Envejecemos a diario o en rachas, que publicó New York Times, este abril.
Y añadió, que se está empezando a entender que el envejecimiento no es un proceso lineal «sino que se acelera drásticamente en ciertos momentos».
Los científicos sospechaban que el envejecimiento podía producirse en oleadas, pero solo en la última década comenzaron a utilizar señales moleculares para medir su ritmo.
Y un estudio de la Universidad de Stanford difundido el año pasado, reveló que el envejecimiento se aceleraba alrededor de los 44 años y de los 60.
Los cambios de los 44, parecían estar relacionados con el metabolismo de las grasas, el alcohol y la función muscular.
Mientras que los de 60, con la disfunción inmunitaria y la función muscular.
Lo que puede explicar por qué las personas tienen mayores dificultades para metabolizar el alcohol luego de los 40 y son más propensas a enfermar a partir de los 60, afirmó Michael Snyder, profesor de genética de esa universidad y coautor del estudio.
Y Steve Horvath, considerado pionero en el estudio de los relojes epigenéticos, que son herramientas biológicas para investigar el envejecimiento, reveló que este fenómeno sigue una curva desde la primera infancia hasta la pubertad, pero se vuelve lineal después de los 20 años; y que embarazos, traumas y adversidad o incluso infecciones como el Covid, pueden acelerarlo.
El mapa de la corteza prefrontal que muestra cómo cambia y envejece a lo largo de la vida y su implicación en la posibilidad de sufrir enfermedades, es tema del artículo de Jessica Ramos publicado este 23 de septiembre El País.
Empieza explicando que la barra de hierro que durante un accidente de ferrocarril ocurrido en 1848 salió disparada y destrozó la capa prefrontal del cerebro del joven Phineas Gage, modificó la comprensión del cerebro humano.
«Aquel chaval responsable y serio se convirtió en impaciente cruel y violento y ese extraño cambio de comportamiento, cimentó la idea de que la corteza prefrontal podría ser pieza fundamental de la cognición humana».
Y hoy, casi 180 años después, hay certeza de que es el centro de control de las funciones ejecutivas del ser humano.
«Es una especie de director de orquesta que ayuda a planificar, tomar decisiones, centrar la atención y adaptar el comportamiento», precisó el psiquiatra Panos Roussos, director del Centro de Neurogenómica de las Enfermedades de la Facultad de Medicina Icahn de Mount Sinai, EEUU.
Roussos y otros investigadores del Consorcio PsychAD, acaban de dar otro salto en la comprensión de esta zona del cerebro al construir un atlas, que describe el desarrollo de la corteza prefrontal a lo largo de la vida.
La investigación, publicada en la revista Nature este 21 de octubre y retomada por El País el 23, abre camino para entender cómo envejece el cerebro y su susceptibilidad a enfermedades neuropsiquiátricas.
«Desde el caso de Gage hemos aprendido mucho, pero seguíamos sin tener una imagen detallada de cómo cambian las células cerebrales a lo largo de la vida y cuales experimentan mayores cambios en la infancia y la vejez», dijo Roussos.
Y encontraron que los 24 años, son punto de inflexión; a partir del cual, la composición celular de la corteza prefrontal se mantiene casi estable.
En su libro El cerebro, el teatro del mundo, el neurocientífico Rafael Yuste aclara que la corteza prefrontal es «como un crítico interno» que nos corrige y censura, inhibiendo comportamientos inadecuados y fomentando los adecuados.
En fin, es tanta la preocupación por vivir más, que las búsquedas en internet sobre longevidad fueron cuatro veces mayores en 2025, que en 2024.
Pero muchas afirmaciones son inexactas, como estos seis mitos que desmiente un artículo de Melinda Wenner Moyer publicado por NYT el 17 de octubre.
- La mayoría de las investigaciones sobre el envejecimiento, buscan aumentar la esperanza de vida.
No, no quieren alargar la vida sino prolongar el tiempo que las personas permanecen sanas, porque a medida que han encontrado tratamientos eficaces para cardiopatías y cáncer, afecciones como las enfermedades crónicas y la demencia han aumentado. - Medicamentos y suplementos pueden prolongar la vida.
No, no se ha demostrado que lo consigan. - Las mujeres se mantienen sanas durante más tiempo que los hombres.
No, las mujeres viven en promedio unos cinco años más que los hombres, pero pasan mayor proporción de su vejez enfermas y discapacitadas y tienen mayor riesgo de padecer enfermedades autoinmunes, artritis y Alzheimer. - Siempre es bueno bajar de peso cuando hay sobrepeso.
No, algunos estudios han relacionado la pérdida de peso con menor riesgo de muerte, pero otros advierten que en la vejez se pierde más masa muscular y ósea, que grasa. - Si te cuidas bien, puedes llegar a los cien años.
No, datos recientes indican que la genética determina la mitad de la esperanza de vida y el estilo de vida y los factores ambientales, la otra mitad; y que en quienes viven 95 años, es más determinante.



