¡Las guayas no se rompen!

Hay palabras, frases y expresiones que son propias de cierto y determinado país, lo cual no implica que no puedan usarse en otros, dado que estas no son propiedad privada de nadie.

En Colombia y en otros países de Hispanoamérica se habla de gripa, en tanto que en Venezuela se dice gripe; reversa denominan a lo que en este país se conoce como retroceso. Los colombianos dicen fríjol (entonación grave); mientras que los venezolanos lo llaman frijól; pero no se le coloca tilde porque no termina en vocal ni en consonante «n» o «s». Se la coloqué para graficar la diferencia entre una y otra forma; pero usted no lo haga. ¡Ojo con eso!

Nada de lo anterior es criticable, pues son muestras de la dinámica y de la riqueza del idioma español. Lo malo y aun absurdo es que a alguien se le ocurra decir que lo correcto es gripa y reversa, porque así lo dicen allá; lo ridículo sería que un venezolano, por imitación servil u otra razón, se empeñe en decir fríjol y reversa, en lugar de «frijól» y retroceso, porque supuestamente son las formas correctas. En este caso no se aplica criterio de corrección, dado que es solo cuestión de gusto. Mientras los colombianos usen medicamentos contra la gripa, los de Venezuela podrán hacer lo propio para quitarse la gripe.

En el estado Zulia, Venezuela, un incontable número de palabras, frases y expresiones tienen un nombre diferente del que se usa en el resto del país, y no por eso se debe adoptar la forma zuliana como la única. Lampazo le dicen al coleto (mopa de limpiar), un ventilador es un «abanico»; las ricas rebanadas de plátano, que en casi toda la nación se les conoce como tajadas, allá son «friticas», y lo que en muchas partes de Venezuela es un bambi, bambino o chupi chupi, allá simplemente es un «duro frío». ¡Pa’ vos viais!

En el periodismo venezolano, específicamente en el de sucesos y en el de comunidad, existen términos y expresiones que por lo general se usan de manera inadecuada, de las que he escrito en infinidad de veces; pero hoy solo les hablaré de guaya, con la finalidad y el deseo de que se le dé el uso correcto.

La mayoría de los redactores, para referirse al tendido eléctrico de alta o baja tensión, hablan de guayas, lo cual es incorrecto. Ellos dirán que no son electricistas, y por tal motivo no están obligados a conocer y manejar la terminología técnica, lo cual de buenas a primeras podría ser cierto; pero si un periodista se ocupara de enriquecer su léxico con términos de otras profesiones, tendría una gran ventaja, dado que podría evitar repeticiones monótonas y utilizar las palabras que corresponden a cada contexto. ¿Les gusta así?

Hace pocos días, exactamente el 21 de setiembre del año en curso, apareció en un portal digital una nota cuyo título era: «Tres guayas reventadas dejan sin electricidad a vecinos de Acarigua Centro». Por vía de mensaje de voz le hice una observación a la persona que redactó el aludido contenido informativo, con la finalidad de recalcarle que la palabra guaya, en ese contexto, está mal utilizada. No me respondió e intuyo que no le gustó o sintió vergüenza, aunque mi intención no era causar molestias. Ahora, ¿qué hay de malo en ese título? ¡Se lo explico!

En Venezuela, guaya es un cable de acero que se utiliza para retenidas de postes (no postas, como se escucha y se lee corrientemente). Se dice que el nombre surgió de la tropicalización o adaptación de la palabra «wire», que en inglés significa cable. Su función no es la conducir energía, sino la de contrarrestar y equilibrar las fuerzas que los conductores ejercen sobre lo postes, para evitar que se inclinen, se fracturen o colapsen debido al peso y la tensión mecánica.

Lo que se utiliza para distribuir energía eléctrica, téngalo presente, señores redactores, no es guaya; es línea, conductor o cable, generalmente de arvidal, que es una aleación de aluminio. Entonces, cuando tengan que referirse a casos similares a los del aludido texto, puedan utilizar cualquiera de los términos nombrados, menos guaya, pues esta, como habrán podido notarlo, tiene otro uso.

En cuanto a la palabra cable existe una confusión y muchas dudas, pues el común de las personas cree que cable solo es aquel que está recubierto, como el que se utiliza en las acometidas de viviendas y comercios para la distribución interna. ¡No!

Debe tenerse presente que un cable no necesariamente es eléctrico; es, por definición, un hilo que va de un punto a otro, como los que se utilizan para el desplazamiento de los vagones de teleféricos o soportes de grandes puentes, como el General Rafael Urdaneta sobre el lago de Maracaibo o el Angostura, ambos en Venezuela. De modo pues que, el título que dio pie a este escrito, hubiera quedado mejor si, en vez de guayas, se hubieran usado las palabras «líneas», «conductores» o «cables», sin el riesgo de incurrir en impropiedad. ¡No Le den guaya!

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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